RetrocesoA&ONº 254/5-IV-2001SumarioDesde la feContinuar
Conferencia en el Foro Católicos del Siglo XXI,
de Jesús María Lecea Sáinz, Presidente de la CONFER
Dar la vida por Otro
El foro Católicos del Siglo XXI invitó el pasado 27 de marzo a Jesús María Lecea Sáinz,
Presidente de la Conferencia Española de Religiosos (CONFER) y de la Unión
de Conferencias Europeas de Superiores Mayores (UCESM), a pronunciar
una conferencia que tituló: Los caminos de la misión "ad gentes":
Luces y sombras del presente. ¿En entredicho la imagen de los misioneros?
Benjamín R. Manzanares

Tras la serie de tergiversaciones y desinformaciones acerca de la noticia de abusos sexuales cometidos por miembros del clero nativo a religiosas, este ponente de excepción aclaró algunos de los titulares e informaciones aparecidas al respecto, que no responden a la verdad de los hechos denunciados. Como ya ocurrió —sin ir más lejos— con la polémica de la firma del pacto antiterrorista, la noticia adolece de múltiples imprecisiones, de primero de carrera, y suele llevar detrás una serie de cargas intencionadas. Un diario titulaba así: El Vaticano reconoce que cientos de monjas han sido violadas por misioneros. Lo curioso es que el artículo no menciona ningún caso de violación de una monja por un misionero. Como comenta el misionero javeriano y Vice-presidente de la Unión de los Institutos Misioneros, Salvador Romano, cualquiera que se moleste por leer el informe aparecido en la revista norteamericana "National Catholic Reporter", encontrará que se habla de algunos abusos sobre religiosas cometidos por algún miembro del clero local —en ningún caso habla de centenares de violaciones—, pero no menciona ni una sola vez a los misioneros, si no es para decir que colaboraron en la investigación sobre dichos abusos para que se tomasen las medidas necesarias, fuese reparado en alguna manera el daño cometido y se pusiesen los medios para que la cosa no se repitiera.

El responsable los religiosos españoles invitó a colocar estos hechos en sus justas dimensiones, no extrapolarlos ni magnificarlos, y menos cuando personas o grupos, que merecen todo reconocimiento, como son los misioneros, pueden ser afectados negativamente en la opinión pública, y su estima social —meritoriamente adquirida—, por la fuerza de una desinformación dada como información. El Presidente de la CONFER precisó cómo estos abusos han sido contados y sectoriales, y han llevado a la Iglesia a poner remedio para reparar la falta y garantizar que no se repitan.

José María Lecea indicó cómo no hay que quitar contundencia a los hechos narrados y reconocidos, además, por las mismas instancias eclesiásticas con autoridad. Lo incoherente, además si es injusto, hay que lamentarlo y condenarlo sin paliativos. Comportamientos como los revelados son injustos para quienes forzadamente los padecen; son irresponsables e incoherentes para los que los cometen. Lecea señaló cómo la dirección, ahora, es dar con la mejor de las soluciones, la reparación justa, y hasta generosa, de los daños cometidos; y colocar los hechos en sus debidas proporciones y en sus coordenadas reales. El Presidente de la CONFER añadió que, desorbitar las cosas, no ayuda ni a la información ni a la solución de los problemas.

El Secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, monseñor Silvano Nesti, comentaba cómo las eventuales debilidades debidas a la fragilidad humana no pueden ofuscar el esplendor de una institución como la vida consagrada. El ideal de la vida consagrada lo viven con generosidad y alegría, tanto hoy como en el pasado, miles de hombres y mujeres que viven en los monasterios de vida contemplativa y en los Institutos que trabajan diariamente en nuestra sociedad, promoviendo al hombre en su dimensión humana y espiritual.

Juan Pablo II puntualiza también cómo la llamada misionera es un impulso sentido sobre todo por los miembros de los Institutos, sean de vida contemplativa o activa. Las personas consagradas tienen la tarea de hacer presente también entre los no cristianos a Cristo casto, pobre, obediente, orante y misionero.

REALISMO Y LIBRE OPCIÓN

Entre los religiosos de nuestro país contamos con 5.020 misioneros y 7.379 misioneras, es decir, 12.399 religiosos misioneros ad gentes, que dan su vida por Otro, dan la vida por Cristo, y han dado su disponibilidad a estar en cualquier lugar del planeta, especialmente, entre los más pobres. Como subraya el padre Lecea, en los países donde tienen amplia raigambre religiones no cristianas, la presencia de la vida consagrada adquiere una gran importancia, tanto con actividades educativas, caritativas y culturales, como con el signo de la vida contemplativa.

El Presidente de la Unión de Conferencias Europeas de Superiores Mayores comentó cómo la fuerza de la vida consagrada, en concreto, está en el hecho que religiosos y religiosas, en la vida de cada día, viven fiel —y libremente—, su opción por la castidad, la obediencia, la pobreza y el servicio. El desafío de servir con un corazón íntegro es una opción verdadera y concreta. Su pasión por el Reino no es un slogan, sino una realidad de la vida de cada día, y están presentes en realidad donde ningún otro tiene el valor de ir.

Respecto al voto de castidad, Lecea señaló cómo éste es consustancial a la vida religiosa, nacido de una opción totalmente libre. Elegir la vida de celibato o virginidad, como religiosos, no es negar la realidad masculina o femenina de la persona humana, de la propia persona. La castidad de los religiosos es un intento de vivir desde la libertad el seguimiento e imitación de la persona de Cristo. Por ello hablamos sobre los votos religiosos, de su origen en el amor, de búsqueda de crecimiento y de plenitud personal, de disponibilidad más ágil para el servicio pastoral y social, de significabilidad de dimensiones no comúnmente vividas y que abren al hombre a la trascendencia, de profecía y gratuidad a la hora de situarse en la vida. Y todo es posible vivirlo —añadió Lecea— gracias a la fe, a la gracia del Señor, que es capaz de hacer "posible lo imposible".

El padre Lecea concluyó defendiendo la castidad del religioso y de la religiosa como una palabra de bendición de la sexualidad, que la libera de la agresión y de la violencia en quien humanamente la secunda en su vida con amor y respeto por el compañero de fraternidad. Asimismo, la castidad es una palabra que bendice nuestra propia identidad sexual, haciéndola gozosa.