|
|
I. A.El Papa recibió, el pasado 24 de marzo, a veinte obispos y Administradores Apostólicos de la Iglesia en Corea, concluyendo así la visita ad limina, que Juan Pablo II quiso enmarcar en el Sínodo para Asia de 1998, que según él fue la ocasión para una reflexión fructífera y enriquecedora sobre el desafío que plantea la evangelización en un continente donde los cristianos constituyen una minoría. Precisamente Corea, dividida en dos regímenes distintos desde 1953 (al norte, la dictadura comunista de Kim Jong Il, y al sur, la república presidencial de Kim Dae Jung), reúne en su territorio las diferentes realidades que caracterizan al vasto continente asiático: por un lado, la persecución de la libertad de culto; por otro, la situación de minoría en una sociedad de origen budista, en la que la secularización occidental, al tiempo que el desarrollo económico, avanza a pasos agigantados. A pesar de las dificultades, la Iglesia coreana tiene una gran vitalidad: sus misioneros llegan a los cinco continentes, aunque sus principales campos de acción son China, Corea del Norte y Mongolia. Según declaró monseñor Nicholas Cheong, arzobispo de Seúl, a la agencia vaticana Fides, en su diócesis hay 60 sacerdotes dispuestos a partir al norte apenas lo permita el Gobierno de Pyongyang. Hay también una decena de misioneros en China. En mi diócesis hay dos, pero, si hiciese una llamada pública, encontraría cientos. Monseñor Cheong cree que esta visita supondrá un espaldarazo a la misión en el norte, precisamente ahora que ambos Gobiernos coreanos han iniciado un tímido acercamiento. |
|
Juan Pablo II quiso expresar su alegría, cada vez que llegan noticias de los progresos en la reconciliación, la comprensión mutua y la cooperación entre el norte y el sur del país; y, aunque oficialmente no ha manifestado si viajará a Corea del Norte, monseñor Cheong sí confirmó a la agencia Fides que él personalmente había recibido una proposición del Gobierno de Kim Jong Il para preparar esta hipotética visita, aunque verbalmente, no por escrito.
El Papa animó a los obispos a salvaguardar la auténtica interpretación del magisterio de la Iglesia, garantizando de este modo que las Iglesias locales se mantengan en la única verdad que salva y libera. Elogió, asimismo, la reciente traducción de la Biblia al coreano moderno, que hace posible para todos los fieles tener acceso directo a la palabra salvífica de Dios. Por otro lado, recordó el importante papel de los laicos en la evangelización, y la necesaria formación de los sacerdotes. Precisamente, en la tarde del día anterior, Juan Pablo II había inaugurado el Colegio Pontificio Coreano, dedicado al Patrono de Corea, Kim Tae Gon, de cuyo martirio se celebra, en este año, el 200 aniversario. El nuevo Colegio afirmó el Pontífice es un signo de vuestra firmeza para garantizar que los sacerdotes reciban una formación sólida y continua. |