|
|
Inma ÁlvarezEl Comentario del Apocalipsis, más conocido como Beato de Liébana, fue un códice escrito hacia finales del siglo VIII en el monasterio de Santo Toribio, sito en el valle cántabro de Liébana, del que se hicieron innumerables copias en los scriptorium hispánicos; la edición facsímil corresponde a la de San Pedro de Cardeña (Burgos), conservada hoy incompleta en el Museo Arqueológico Nacional. El Beato ha llegado a nuestros días enormemente mutilado: durante la desamortización de Mendizábal, por la que se expoliaron gran parte de los bienes culturales y artísticos de la Iglesia, se arrancaron varias páginas y se destruyeron otras, y se perdieron muchos datos históricos que hubieran permitido una mejor recuperación del Beato. Para componer la edición fue necesario recuperar quince páginas que se conservan actualmente en el Metropolitan Museum of Art, de Nueva York, y un folio y medio custodiados por la Biblioteca Francisco de Zabálburu. Con todo, se ha perdido cerca del 41% del original, aunque algunas lagunas han podido subsanarse en cierta manera con otros Beatos conservados en diversos museos del mundo. |
| Poco se sabe del autor del original del siglo VIII, Beato de Liébana; según monseñor Eugenio Romero-Pose, la creación del Comentario debe inscribirse en la dura polémica sobre la herejía adopcionista que sacudió la Hispania visigótica del siglo VIII, y que enfrentó a Beato con el arzobispo de Toledo, el adopcionista Elipando. Para refutar su tesis, el escritor lebaniego acudió al Apocalipsis, libro canónico cuya autenticidad había sido puesta en duda en aquellos siglos, hasta que el IV Concilio de Toledo, en el canon 17, hizo su lectura obligatoria so pena de excomunión. Pero, según el obispo auxiliar de Madrid, la calidad de la exégesis de Beato hizo que su obra traspasara los límites del espacio y del tiempo: heredero de los primeros comentarios apocalípticos del siglo IV, el Beato de Liébana fue copiado en muchas ocasiones; la de San Pedro de Cardeña, objeto de la restauración, fue realizada entre 1175 y 1185, es decir, cuatro siglos después.
Esta edición facsímil del Beato de Cardeña supone una muestra de la enorme vitalidad de una época calificada como oscura por muchos desconocedores de la enorme vitalidad cultural y artística, junto con la gran profusión de grandes teólogos, que caracterizó nuestra particular alta Edad Media, durante la consumación del reino visigótico y el nacimiento de los reinos hispánicos. |