RetrocesoA&ONº 254/5-IV-2001SumarioTestimonioContinuar
Ayudar a vivir, no a morir
Caros lectores (pero barato me sale contaros esto, que creo que os ayudará):

Hace unos veinte años (casi) intenté suicidarme, por una causa sentimental; afortunadamente (o no, como pienso cuando en mi alma se hace de noche), estoy vivo. Pasé seis meses en un psiquiátrico (ni fue la primera vez, ni fue la última) y, al cabo de los años, me encontré, primero, con el infierno que había creado a mi alrededor (era drogadicto), y luego, con Jesús. Fue misericordioso conmigo. Ahora suelo ir a misa, rezo a diario y veo el espíritu desde una nueva perspectiva.

Quiero decir que se habla mucho de la eutanasia, de ayudar a morir, y otros más certeros hablan de ayudar a vivir. Cuando uno está en las últimas, se intenta suicidar, y se despierta, a la mañana siguiente, vacío; lo que quiere es llenarse de algo bueno. Yo encontré ayuda: la que Dios nos presta a diario, de la que no nos damos ni cuenta, pero que está siempre ahí, y la que me prestaron en el hospital psiquiátrico.

Ayudar a morir es cortar esa esperanza, abortar. Dar la vida, aunque sea con unas palabras (o con muchas y certeras) que cambien la vida, y que no suelen ser grandilocuentes, es ayudar a vivir. La vida siempre encuentra su cauce, gracias a Dios. No se puede culpar a un suicida, pero se debe apreciar a quien nos guía y nos salva del peligro.

Después de todo, es muy fácil pedir, y sólo hay que pedir lo que nos conviene (que Dios siempre nos ayudará), y caminar hacia la vida y no hacia la muerte. Roguemos a diario para cumplir su voluntad.

Alfonso Ruiz Úbeda