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LA LITURGIA Y LA CULTURA
El concepto de liturgia es tan fecundo que ha servido a cuantas artes o ciencias han necesitado manifestarse o dejar constancia de su historia como testimonio. Es, pues, el litúrgico un lenguaje que se deriva de una ceremonia original, o de un hecho histórico cuya significación puede ser simbólica. Así, la liturgia mueve el ánimo sensible a la comprensión de algo que nos es invisible. El Presidente de la Federación Internacional de Pueri cantores, José María Torrents, que acaba de estar en Madrid, ha afirmado rotundamente que la liturgia es cultura. Los Pueri cantores fueron creados precisamente para prestar servicio litúrgico, y la afirmación citada ha definido la liturgia no sólo como lo que es, un instrumento de santificación, sino un valor cultural. El románico ha sido utilizado para crear la alegoría del Antiguo Testamento, y el gótico para ilustrar los evangelios, y de este modo la liturgia ha sido como la revelación del genio del cristianismo. Al prestar servicio litúrgico se hace cultura. Así, al manejar el color sobre el lienzo o esculpir la piedra, o al escribir su idea sobre el pentagrama, el artista responde a su inspiración, a ese soplo poético que suscita una emoción y traslada esa emoción a los demás. El San Francisco de Zurbarán, extenuado, demacrado y lívido, o el Cristo de Velázquez, explican la mística de san Juan de la Cruz, así como el niño cantor que canta emocionado, y transmite su emoción a los que lo oyen, lo de si est dolor sicut dolor meus, pensando acaso en el dolor de una madre que ve camino de la muerte a su hijo, unos y otros están contribuyendo al ejercicio sensible de la liturgia. Los vidrieros del siglo XIII, o el Ave verum de Mozart, o el Ave María de Victoria, nos conducen a un mismo destino, al Dios que alegra la juventud con su infinita bondad y su infinita belleza. La música en la liturgia es una forma de intercomunicación humana, y tiene una función reveladora del misterio, latente en los textos sagrados, y religa al hombre con lo que le trasciende. Es una profesión de fe escrita con una estética, signo de cada tiempo. Instruye y edifica por la vía del arte, y porque en la tradición subterránea de la Liturgia, en su paleografía y su actualidad, palpita algo que está movido por la Gracia. La música sacra emite vibraciones a las que el niño cantor es especialmente sensible, porque la música es la banda sensible de la sociedad. Juan Carlos Villacorta. Madrid ¿PÍLDORA ANTICONCEPTIVA? La píldora del día después es un abortivo y no un anticonceptivo, como falsamente nos anuncian. Su peligrosidad es reconocida por todos. Requiere tratamiento de 3 o 4 pasos bajo supervisión médica (El País, 20-11-99). Tiene tantas contraindicaciones, que es obligado un seguimiento hospitalario, el cual no acaba de garantizar la ausencia de problemas. La venta bajo receta no excluye, naturalmente, su posible adquisición en el mercado paralelo. ¿Ha pensado alguien lo fácil que le va a resultar a un novio echar la pildorita en el refresco que tome su pareja? En todos estos inventos, quien sale mejor parado es el varón, que se va de rositas. Estamos jugando con algo tan peligroso que hay laboratorios que han renunciado a su fabricación, al no cumplir las expectativas de venta. Aquí lo excluiremos cuando haya causado unos cuantos males irreparables. Miguel Soto Pardo. Madrid |
¡CALUMNIA, QUE ALGO QUEDA!
El 21 de marzo, en portada, El País titulaba: El Vaticano reconoce que cientos de monjas han sido violadas por misioneros. Me asombro de la noticia, después de tantos años en África no sé nada de ello, ¿seré tonto? Veo que el artículo en cuestión, que se encuentra en las páginas interiores del periódico, no menciona ningún caso de violación de una monja por un misionero. Empiezo a mosquearme. Veo que todo se basa en un artículo aparecido en el National Catholic Reporter. Voy a ver qué dice este artículo y encuentro que habla de algunos abusos sobre religiosas cometidos por algún miembro del clero local (en ningún caso habla de centenares de violaciones), pero no menciona ni una sola vez a los misioneros, si no es para decir que colaboraron en la investigación sobre dichos abusos para que se tomasen las medidas necesarias, fuese reparado en alguna manera el daño cometido y se pusiesen los medios para que la cosa no se repitiera. Ante la evidente manipulación de la información cometida por el periódico, y que enciende una serie de desinformaciones en otros medios que siguen la onda iniciada por El País, la presidencia de la Unión de los Institutos Misioneros emite un comunicado protestando por este titular que trasmite un mensaje inexacto y malintencionado. Pocas horas después del comunicado, recibo una llamada de un redactor del periódico El País. En mi calidad de Vicepresidente de la Unión de los Institutos Misioneros pretende explicarme lo sucedido. Me dice que se trata de un error, que aquel título es fruto de esos duendes de prensa... Le contesto que no es posible lo que me cuenta, ya que las portadas de los periódicos no se publican sin haber pasado bajo el control de un redactor jefe. Se da cuenta de que, aunque misionero, algo sé del mundo del periodismo (no es mérito mío). Cambia de táctica. Me habla de nuestro mundo, del mercado de las informaciones que sólo quiere escándalos, que si el título de un artículo no es picante nadie lo lee, que el periodista tiene que vender, que si los jefes... Aquí le contesto que yo no sabía que El País era un periódico de tripas y corazón, de prensa amarilla. Exijo una corrección. Me dice que claro, que algo harán, que lo hablará con su jefe, que ya verán... Busco en el periódico El País una rectificación reconociendo, en algún modo, la falsedad del titular en cuestión. Encuentro sólo que la Unión de Institutos Misioneros criticó ayer que en titulares periodísticos se acuse a misioneros de violaciones. Pues, ¡vaya manera de rectificar! Añado una confidencia: cuando los periodistas de El País se desplazan a África para cubrir algún acontecimiento, suelen buscar cobijo en las casas de los misioneros. ¿Tendrán el valor estos periodistas de decir la verdad sobre lo que allí ven? ¿Sabrán reconocer la falsedad transmitida por su periódico? Si no lo hacen, ¿tendrán el coraje de volver a sentarse a nuestras mesas para compartir nuestras alubias? Salvador Romano Vidal En este mismo sentido, hemos recibido cartas de Gabriel Cortina de la Concha, Mónica Martín Romeu y Javier Gavilanes |