RetrocesoA&ONº 255/12-IV-2001SumarioContraportadaContinuar
Porque todo con Él resucita
La mirada, hasta el corazón
Alleluya, alleluya, alleluya!
¡Que suene el grito de las palabras antiguas siempre jóvenes!
Que no sean nunca palabras de rutina.

Sería casi como sacrilegio hacerlas vanas.

Amigos: pongamos el corazón como esta tierra de Arcas.

Como ella, nuestro corazón es viejo:
viejo porque se cansa de querer lo alto
y no sabe aprender de esa tierra su paciencia.

Recordemos, llevemos la mirada hasta el corazón.

Como esta tierra, hoy, aunque abril, fría, se abre,
y la pequeña planta surge agarrada a las entrañas;
como esa flor de lavanda, con la que se lava el pájaro,
que viene del invierno duro y de la helada horrible,
y es como un milagro que su perfume sea hijo de la tierra pobre,
así la Pascua del Señor nos manda, nos grita,
que, del corazón aburrido por su pereza,
que, del corazón cansado de ser sólo carne,
que, del corazón envejecido por las rabias,
brote hoy, porque lo manda el ángel,
la tímida y suspendida esperanza,
porque el Señor ha resucitado
y todo con él resucita.

Sí, desde ahora, desde este domingo de pastos frescos,
el cordero grande, el pascual, maduro de este abril,
será alimento y lujo de las pobres gentes.

Ese cordero pascual, el del altar de Dios, el nuestro,
ese Cristo glorioso y que ya no sufre,
ha sido cordero y pastor, ha sido el dolor de las dos cosas:
pastor sacrificado, muerto por salvar a sus corderos,
pastor, el de las manos heridas, el de los pies desgarrados,
el del costado hundido, el del costado abierto
hasta enseñarnos el corazón cuajado en sangre.

Primavera vencedora, Cristo vencedor.

Esta tierra pobre, pobre como un cadáver,
esta tierra crucificada por el hielo y por la sed,
¡pobre y alta tierra entre la nieve y el llano!
ahora palpa, se palpa; grita, se grita, su milagro.

Resucitó Cristo, mi esperanza,
mi esperanza, mi esperanza.

Federico Sopeña