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Vivir la vida de cada día, todo aquello que constituye la actividad de un pueblo, que conforma el comportamiento social y político, como si Dios no existiera, es permanecer postrados, sin más futuro que la muerte. Vigilad y orad, para no car en tentación, les había dicho Jesús, en el huerto de los Olivos, a Pedro, Santiago y Juan; pero ellos se quedaron dormidos. Jesús, en cambio, permanece en vela, orando, es decir, en las manos del Padre, en medio del dolor mortal de Getsemaní, y de este modo marca el camino de la vida auténtica a toda la Humanidad.
Judas no se quedó dormido después de la Cena del Jueves, pero no rezaba. Todo lo contrario, ¡iba a traicionar a Jesús! No estaba dispuesto ya a seguirle. ¿Qué había sucedido? El Judas del musical Jesucristo Superstar obra que no se ajusta a toda la verdad del Evangelio, pero que en este detalle acierta de pleno explica su apartamiento de Jesús con estas palabras: Empezaba a ser más importante su persona que su doctrina... No cayó en la cuenta, primero, de que precisamente su Persona, su presencia cercana, cercanísima, con toda su verdadera humanidad, contenía en sí la totalidad de su doctrina; y no cayó en la cuenta, segundo, de que sin Él es imposible vivir una sola de sus enseñanzas. El cuerpo de Judas, efectivamente, no dormía, pero su alma estaba muerta. |
| Pocos días antes de la Pasión, cuenta el evangelista Juan que escuchaban a Jesús unos judíos que habían creído en él. Lo hacían encantados de sus hermosas palabras. Hasta que les sucedió lo mismo que a Judas, cuando el Maestro pretendía, ¡nada menos!, serlo todo en sus vidas: Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres; si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres. La reacción de estos judíos, que hoy se repite, lamentablemente, por doquier, no se hizo esperar: ¡Hasta ahí podíamos llegar! Están muy bien las cosas que enseñas, pero eso de depender totalmente de ti resulta ya demasiado... El evangelista lo dice así: Ellos le respondieron: Jesús les dice: sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham. Pero tratáis de matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham.
¡Pretender la libertad sin Cristo!: he ahí la explicación de ese sueño mortal, genialmente plasmado por Piero della Francesca en la pintura que ilustra este comentario, y que hoy invade a tantos que se dicen cristianos sin serlo en realidad. Como a los discípulos en el Huerto, hoy Cristo resucitado vuelve a insistirnos: ¡Levantaos y orad!, es decir: dejaos levantar por el único que tiene el poder y la gloria; y orad, manteneos en Su presencia. Ahí está el secreto de la vida. Olvidarlo es elegir la muerte. El Papa de los 33 días, Juan Pablo I, lo expresó admirablemente: La tragedia de muchos cristianos de hoy es que han cambiado el estupor ante la presencia de Cristo por normas y reglas. Éstas, sin Él, son incapaces de salvarnos, porque son incapaces de proporcionar un gramo siquiera de felicidad verdadera. ¿De qué sirve una vida que decae hasta morir, por mucho que se crea libre al estilo de aquellos judíos de ayer, o estos europeos de hoy, que escuchan a Jesús, pero que no están dispuestos a seguirle? El amor que ha hecho presente Jesús en el mundo no decae, ahí está, triunfante sobre los Judas y los soldados dormidos de ayer y de hoy. Sólo este amor es digno de fe, que crece hasta la plenitud, como simboliza la ilustración de nuestra portada. La Pascua es un Dios que, porque nos quiere con un amor que crece siempre, como el corazón grabado en la corteza de un árbol, resucita... Y, con Él, cuantos de verdad le seguimos. |