RetrocesoA&ONº 255/12-IV-2001SumarioDesde la feContinuar
No es verdad
En su bloc de notas, de tapas color rosa, con el logotipo profesional en tabaco y oro, el día 9 de abril, aparece rodeado con un círculo rojo: Desmentir la falsedad, desenmascarar la creciente falta de fiabilidad y credibilidad del diario , y pasar a Servicios jurídicos para eventual querella... Así podría comenzar cualquier indocumentado una pretendida información sobre el irresponsable scoop del citado periódico del pasado domingo, titulado en portada La Conferencia Episcopal prepara la excomunión de los miembros de ETA. Así de fácil es montar un globo sonda y una exclusiva carente de todo fundamento, como el tiempo se encargará de demostrar. En el número siguiente a la próxima Asamblea Plenaria del episcopado, le preguntaré a El Mundo en qué ha quedado su prodigiosa exclusiva. A eso le llaman por lo visto periodismo de investigación. Pues..., ¡válgame Dios!: si todo el periodismo de investigación que han hecho tiene el mismo fundamento que esta prodigiosa exclusiva..., ¡apaga y vámonos! Lo cierto es que ya no saben qué más inventar, y lo cierto es que, si no inventan cosas —¿cuál será la próxima?— sobre la Iglesia, se ve que se resienten los índices de lectura y de audiencia. En el fondo, todos estos ataques programados y sistemáticos contra la Iglesia, montados a base de rumores, medias verdades —que son la peor de las mentiras—, y falsedades mondas y lirondas, no son más que el reconocimiento apabullante del altísimo concepto que tienen sobre la Iglesia y la fe católica y sobre su indiscutible autoridad moral.
Lo que verdaderamente sorprende —¡y cuidado que uno ya está curado de espantos!— es el papanatismo nacional de la inmensa mayoría de los demás medios de comunicación, que, sin que se les caiga la cara de vergüenza profesional, dan por bueno y por hecho lo que diga El Mundo, tan desacreditado ya en cuestiones de religión, sin tomarse siquiera la más elemental y exigible medida de contrastar si hay siquiera una brizna de verdad en lo que El Mundo dice, o es una pura, interesada —y a lo que se ve, rentable— invención. La pregunta del millón sigue siendo ésta: ¿quién está manejando, a quién le interesa, y por qué, esta sistemática campaña de falsedades contra la Iglesia? ¿Qué sepulcro blanqueado, más listo que ellos, maneja tirando la piedra y escondiendo la mano, a unos pobres incautos que se dejan manipular? Si, una vez tras otra, los hechos desmienten las exclusivas prodigiosas, ¿cómo es posible que todavía, una vez tras otra, siga habiendo tontos útiles que les creen o que les ayudan?

Gonzalo de Berceo