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Monseñor Angelo Scola, en la presentación de Nuntium en español Oh
supongo que porque soy un célibe simplón respondió el padre Brown. ¿No ha pensado nunca que cuando un hombre prácticamente no hace otra cosa que escuchar los pecados reales de otros hombres, es difícil que sea completamente ignorante del mal del mundo? Pero, a decir verdad, ha sido otra faceta de mi lo que me ha convencido de que usted no era sacerdote. ¿Qué?, preguntó el ladrón. Usted ha atacado a la razón contestó el padre Brown, y eso es de mala teología. Que la buena teología conlleve una exaltación de la razón es una de las principales características del genio del catolicismo. Escribe el cardenal Biffi: La fe en Cristo nos salva ante todo de la pérdida de la razón, que es el riesgo más insidioso y grave de nuestra época. La cultura contemporánea se extraña profundamente ante esta pretensión de la fe en Jesucristo de constituir la garantía de la razón para los descendientes directos del siglo de las luces. La singular época de transición en que vivimos es hija de la Ilustración, pero, a mi parecer, de una Ilustración insatisfecha, en dos sentidos: La Ilustración se caracterizó en sus albores por haber perdido demasiado la razón, erigiéndola en medida absoluta de la realidad. Y, sin embargo las esperanzas que se pusieron en un desarrollo de la razón, al margen de cualquier tipo de relación con el misterio (con lo sobrenatural que, a partir de entonces, es considerado como a-racional, e incluso irracional), han sido desmentidas trágicamente por los acontecimientos. Me refiero al ocaso de las ideologías (al menos como concepción del mundo, porque, desde el punto de vista de la praxis, es necesario ser más cauto cuando se habla del fin de las ideologías). Sin embargo, hoy asistimos a una Ilustración insatisfecha en un segundo sentido, en cierta manera, opuesto al primero: la Ilustración, que al inicio pretendió demasiado de la razón, hoy no es capaz de pedirle casi nada. El pensamiento débil, heredero del siglo de las luces, ha perdido la relación natural que une inteligencia y realidad, y afirma que la razón y la libertad son incapaces de acercarse a la realidad y gustar de ella. El clima social contemporáneo está caracterizado por una cierta acidia cultural. Tenemos poca propensión a preguntarnos por las razones de lo que somos, de nuestros encuentros y de nuestras acciones, nos da pereza ese trabajo cultural que la vida humana espontáneamente exige. Somos poco sensibles a lo que recordaba Juan Pablo II en su célebre discurso a la UNESCO: El hombre es el hecho primordial y fundamental de la cultura. EL SERVICIO DE NUMTIUM
Al servicio de esta dimensión cultural de la fe cristiana ha nacido Nuntium, la revista cultural de la Pontificia Universidad Lateranense y del Pontificio Instituto Juan Pablo II de Estudios sobre Matrimonio y Familia. Un documento de la Conferencia Episcopal Italiana, titulado Una propuesta de trabajo del Proyecto cultural cristianamente orientado, nos indica las líneas claves del trabajo cultural que proponemos. Dicho proyecto busca proponer con coraje la persona de Jesucristo como el acontecimiento resolutivo de la Historia, mostrando en profundidad la dimensión cultural de su presencia y de su mensaje, es decir, la capacidad de incidir en el modo en que los hombre y los pueblos consideran y expresan a sí mismos y a la realidad. En esta síntesis encontramos algunos elementos fundamentales: - Jesucristo, acontecimiento presente: la lógica sacramental propia del cristianismo, en virtud de la cual Jesucristo es contemporáneo a todos los hombres de todas las épocas e interpela su libertad, permite responder adecuadamente a la insidia de la objeción de los ilustrados que Lessing formulaba en estos términos: ¿cómo es posible que un hecho histórico constituya una verdad universal, válida para todos los tiempos? Esta objeción, más presente de lo que pensamos en los parámetros culturales de la mentalidad común, se encuentra en la raíz de muchas de las críticas que, por ejemplo, ha recibido la declaración Dominus Iesus de la Congregación de la Doctrina de la Fe. - Jesucristo, acontecimiento resolutivo: el cristianismo, al mismo tiempo, único y universal. Éste es el centro del debate al que asistiremos en los próximos años, del debate y del necesario diálogo interreligioso que, con palabras del cardenal Ratzinger, constituye una necesidad intrínseca de la misma fe: el cristianismo no es una utopía o una ideología. Es ante todo un acontecimiento histórico que, precisamente porque incide en el modo en el que los hombres y los pueblos se piensan a sí mismos y viven, es constitutivamente cultural, es decir, humano. Si se tienen en cuenta estas coordenadas, será posible hacer una propuesta cultural que evite dos peligros: por una parte, el riesgo de reducir la fe a un activismo ansioso, o a una serie de prácticas de piedad que, suscitando un estado de ánimo particular, esté privado de juicio y de razones; por la otra, el peligro, aún más grave, del intelectualismo de las vanguardias que condena al pueblo cristiano a alejarse del trabajo cultural cotidiano, que consiste en buscar cada día las razones de la fe, en última instancia, las razones de la vida. No lo olvidemos, la vida se desarrolla en torno a dos dimensiones constitutivas: el trabajo y los afectos. En ambas dimensiones debe estar presente el cristiano: no le está permitido desertar. ¡Ser cristiano no es un hobby! Nuntium se sitúa en el cauce de la tradición del realismo cristiano que, siguiendo las huellas de Tomás de Aquino, afirma: Antes está la vida que la doctrina, y la vida conduce al conocimiento de la verdad.
La fe, garantía de la razón
Monseñor Angelo Scola ha presentado en Madrid la edición española de Nuntium,
revista cultural de la Pontificia Universidad Lateranense, de la que es Rector,
y que patrocina la Universidad San Pablo-CEU. En su intervención, monseñor Scola dijo:
En La Cruz azul una de las más deliciosas narraciones de la perspicaz pluma de Chesterton el célebre padre Brown asombra a su amigo el comisario Valentin, haciendo posible la captura del famoso ladrón y gentleman Flambeau, el cual se había disfrazado de sacerdote para poder robar la preciosa cruz azul. Flambeau, que ve que está perdido, pregunta al padre Brown cómo es que conoce los trucos más sofisticados de la profesión del robo.
En este contexto, la irrupción de Jesucristo en la Historia la fe obliga, por una parte, a reconocer que la evidencia de la verdad no coincide con la evidencia incontrovertible de una razón considerada como algo absoluto, sino que es más amplia; por otra, la misma fe recuerda al pensamiento débil que renunciar a la capacidad natural de relacionarse con la realidad constituye un callejón sin salida. El encuentro entre la razón y la realidad, es decir, la cuestión de la verdad, es inevitablemente impuesta por la libertad. Cada acto cognoscitivo muestra que la libertad está implicada con la realidad. Ningún hombre puede huir de la cuestión de la verdad. Toda la aventura de la vida humana se desarrolla en el entramado indisoluble de estos factores: razón, fe, libertad, realidad, verdad.