RetrocesoA&ONº 255/12-IV-2001SumarioEspañaContinuar
Entrevista al arzobispo de Valencia, monseñor Agustín García-Gasco
La conciencia, antes que nada
Tras la reciente aprobación de una Ley de Parejas de Hecho en Valencia, Alfa y Omega
se ha puesto al habla con el arzobispo de la diócesis. He aquí sus declaraciones:
Se busca hoy, y por quién, una relativización salvaje del matrimonio y la familia?

Hoy asistimos a un intento de vaciar de contenido al matrimonio. Quiénes, hace unas décadas, anunciaron la muerte de la familia y se equivocaron, hoy buscan el mismo resultado mediante este rodeo: dejar a la familia desasistida de su fundamento matrimonial, libre y personalista, para presentarla como un mero hecho social, en el que no cuenta la responsabilidad moral de las personas. Ideologías neolibertarias extremas y visiones materialistas del ser humano coinciden en este objetivo.

¿Una Autonomía es quién para dictar una Ley sobre el matrimonio y la familia?

Sin pretender hablar como un especialista en la materia, parece que se puede establecer una distinción clara: una cosa es la definición del matrimonio, la familia, el estado civil, la filiación... que, salvo en algunos casos singulares de Derecho foral, es propia del Gobierno de la nación, y otra es la ayuda a la familia, que efectivamente ha de ser promovida por todas las Administraciones públicas. Lo que ocurre es que, a veces, se aprovecha lo segundo para afectar al propio concepto de familia. Y esto da lugar a una confusión nociva. Los legisladores deberían extremar el cuidado para no caer en este error, pues la familia es una realidad que no puede quedar expuesta al juego político, sino que debe ser protegida por todo el bien humano y social que contiene.

¿Por qué los políticos católicos no votan en conciencia? ¿Es eso democrático?

Si me permite, una precisión antes de contestarle: deberíamos hablar no de políticos católicos, sino de los católicos en la vida pública y, en este caso, en la política.

Cuando los católicos actúan así, dan muestras de no haber asimilado suficientemente su papel y su responsabilidad. Hay que denunciar la falsedad de la tesis de que la disciplina del propio partido esté por encima de la conciencia. Tal tesis es propia de los partidos políticos totalitarios. La democracia sólo tiene un fundamento sólido si reconoce la verdad sobre el ser humano. Y la conciencia del político debe buscar esa misma verdad como primer criterio de su actuación política. Si eso le resulta imposible, verdaderamente no será ni buen político, ni buen católico.

¿Qué hace que ni un solo católico en la política haya votado en contra de esa Ley de parejas de hecho, estando tan clara la doctrina y el magisterio de la Iglesia al respecto?

El católico en la política tiene que realizar todavía mucho camino para encontrar su propia identidad. El Magisterio de la Iglesia no es comparable a las directrices del propio partido, sino que busca la coherencia moral del creyente en todos los órdenes de su vida. La fidelidad al mismo requiere un estudio profundo y responsable y una sólida formación. El católico en la política debe hacer un esfuerzo en esta línea. En el caso concreto de la Ley de parejas de hecho, muchos católicos no se han informado suficientemente, ni sobre las características de ese proyecto de Ley, ni sobre el contenido de la doctrina de la Iglesia al respecto. No se han formado a tiempo un criterio adecuado, y otros políticos dentro de su mismo grupo han apostado abiertamente por ese proyecto. Los argumentos de tolerancia y mal menor, con los que a veces han querido justificar su gesto, no son aplicables a esta situación, pues se debería haber actuado con mucho más sentido de la responsabilidad y de la anticipación.

¿La verdad sobre la moral familiar y matrimonial puede ser cosa de votos, consensos, referenda...?

Evidentemente que no. Se trata de un legado que se recibe como don precioso de nuestra tradición moral, y que hay que enriquecer con nuevos datos de la experiencia humana, incluidas las aportaciones de la teología, la filosofía y las distintas ciencias humanas. La creación en Valencia de la Sección española del Instituto Pontificio Juan Pablo II supone un medio especialmente cualificado para realizar esta tarea. Culturalmente es necesario recuperar el respeto por el matrimonio y la familia y su decisiva aportación hacia el bien de las personas, para que no se confunda con otras elecciones de la libertad sin ese peso y valor moral.

Más que una técnica de gestión

¿Es que el centro-derecha que se dice católico tiene complejo de inferioridad ante lo pseudo-progre, o es que está revelando su verdadera identidad?

Hay demasiados políticos que creen que se puede hacer política sin ideología, como si fuese una técnica de gestión al margen de los criterios de valor. Esto no es posible, y con frecuencia quien piensa así es utilizado por quienes desarrollan discursos ideológicos. Es el caso de muchos católicos en política, que creen que se puede servir mejor al bien común sin compromisos ideológicos fuertes, y lo que hacen es dejarse utilizar para otras causas. Espero que esta experiencia negativa de la Ley de parejas de hecho permita la reacción inteligente de muchos de ellos, y el fomento del sentido crítico frente a quienes desarrollan proyectos ideológicos contrarios al ideario católico.

Para regular casos concretos, ¿se necesita una Ley?

Es peligroso legislar para solucionar efectos comunes de realidades diversas, porque se puede estar dando un paso más y estar equiparando. El instrumento legislativo por sí mismo tiene un elemento educativo innegable, pues lo recogido con una Ley alcanza niveles de ejemplaridad. Con la excusa de remediar efectos jurídicos, en las leyes de parejas de hecho, en realidad, se busca esta equiparación simbólica entre familias y otras realidades que no lo son. La regulación nunca puede llegar a ser equiparación.

¿Cree que esta Ley de las Cortes Valencianas es un ensayo general para toda España?

Algunos medios de comunicación solventes han realizado esta lectura. Es difícil saber si esto responde a la realidad. En el caso de que lo fuera, los católicos deberían comenzar a estudiar sus estrategias para no incurrir en los mismos errores que antes he señalado. Es necesaria mucha creatividad, inteligencia y habilidad para responder con altura y justicia, suministrando alternativas a las leyes de parejas de hecho, que efectivamente las hay.

A este paso, una Autonomía, un Ayuntamiento, ¿van a poder legislar sobre todo lo habido y por haber?

Sólo si se pierde el respeto sobre la materia legislada. El problema es la falta de respeto al matrimonio y a la familia como instituciones, y el desconocimiento de lo que realmente significan. Que se permitan injerencias por parte de Administraciones menores es muestra de que se trivializa la cuestión. A veces es un ataque directo al tejido católico de nuestra sociedad. ¿Qué otra cosa son los intentos de hacer de la inscripción en el Registro Civil de los nacidos una ceremonia de bautismo civil?: una frivolización de la persona humana y sus creencias religiosas, especialmente sin son católicas.

¿En qué ha fallado la formación cristiana para que se dé esta dicotomía esquizofrénica entre fe y vida, entre lo privado y lo público?

Se pueden localizar distintas causas, pero por sintetizar y centrarme en la fundamental, la formación cristiana de los últimos años ha reducido el contenido del acto de fe, vaciándolo de las implicaciones humanas, que afectan a la moral y a toda la conducta personal, incluyendo la política. No se ha reflexionado lo suficiente sobre la afirmación conciliar, tan repetida por el Santo Padre, de que Cristo revela el hombre al propio hombre. Y se ha tendido a una separación casi absoluta entre fe y cultura. Sólo si la mirada de fe abarca en plenitud el misterio de Cristo, la autonomía de las realidades temporales implica respeto a los medios humanos, pero manteniendo la unidad de los fines. Y sólo así la fe y la razón responden a la auténtica unidad del ser humano, se complementan y mutuamente se enriquecen. La fe en Cristo ha de ser principio inspirador y verificador de la vida del creyente. Así se evita la doble vida.

Alfa y Omega