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Inma ÁlvarezEl tema escogido este año por el Papa Juan Pablo II en la reflexión que dirige tradicionalmente a los sacerdotes en el día de Jueves Santo es la importancia del Sacramento de la Penitencia para la vida del sacerdote, de la comunidad y de la Iglesia entera. El Santo Padre, incluso, reconoce en el gran número de confesiones que han tenido lugar durante el Jubileo como el signo de un tiempo nuevo: Estoy seguro de que en las Iglesias locales habéis tenido también una experiencia importante de ello. Aquí, en Roma, uno de los fenómenos más llamativos del Jubileo ha sido ciertamente el gran número de personas que han acudido al sacramento de la Misericordia. Incluso los observadores laicos han quedado impresionados por ello. Los confesionarios de San Pedro, así como los de otras basílicas, han sido como por los peregrinos, a menudo obligados a soportar largas filas, en paciente espera del propio turno. También ha sido particularmente significativo el interés manifestado en los jóvenes por este sacramento durante la espléndida semana de su Jubileo. Ciertamente, matiza el Papa, sería ingenuo pensar que la intensificación de la práctica del sacramento del Perdón durante el Año Jubilar, por sí sola, demuestre un cambio de tendencia ya consolidada. No obstante, se ha tratado de una señal alentadora, afirma, después de décadas de crisis de este sacramento, como fue puesto de manifiesto durante el Sínodo de 1984, cuyos frutos se recogen en la exhortación apostólica Reconciliatio et paenitentia. |
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El Papa dirige su reflexión hacia el sacramento del Orden, al que considera un misterio de la misericordia. Misterio grande, queridos sacerdotes afirma:Cristo no ha tenido miedo de elegir a sus ministros de entre los pecadores. ¿No es ésta nuestra experiencia? Pedro exclama: . Pero, apenas ha terminado su confesión, la misericordia del Maestro se convierte para él en comienzo de una vida nueva: . El pecador se convierte en ministro de la misericordia. ¿Acaso la vocación de Pablo no surge también en el marco de una experiencia de misericordia? Nadie como él ha sentido la gratuidad de la elección de Cristo. Siempre tendrá en su corazón la rémora de su pasado de perseguidor encarnizado de la Iglesia: . Sin embargo, este recuerdo, en vez de frenar su entusiasmo, le dará alas.
El Papa invita al redescubrimiento del sacramento de la Penitencia, empezando por los mismos sacerdotes: Es importante que redescubramos el sacramento de la Reconciliación como instrumento fndamental de nuestra santificación. Acercarnos a un hermano sacerdote, para pedirle esa absolución que tantas veces nosotros mismos damos a nuestros fieles, nos hace vivir la grande y consoladora verdad de ser, antes aún que ministros, miembros de un único pueblo, un pueblo de . El sacramento de la Reconciliación, irrenunciable para toda existencia cristiana, es también ayuda, orientación y medicina de la vida sacerdotal. Seguidamente, llama a los sacerdotes a presentar este sacramento al pueblo de Dios en fidelidad a la tradición de la Iglesia: Hay que celebrar el sacramento del mejor modo posible, en las formas litúrgicamente previstas, para que conserve su plena fisonomía de celebración de la divina Misericordia. No se ha de confundir la confesión sacramental con una práctica de apoyo humano o de terapia psicológica. Además continúa, es necesario dar su importancia a la configuración litúrgica del sacramento, el cual entra en la lógica de comunión que caracteriza a la Iglesia. El pecado mismo no se comprende del todo si es considerado sólo de una manera privada, olvidando que afecta inevitablemente a toda la comunidad. Pero esta realidad no debe confundirse: las celebraciones penitenciales comunitarias concluyen siempre con la confesión y la absolución individual. Para vivir bien el sacramento, en suma, es necesaria una catequesis sobre el sentido moral y sobre el pecado. Desafortunadamente, hay una tendencia minimalista, que impide al sacramento producir todos los frutos deseables. El Papa concluye mencionando su anterior Carta a los sacerdotes, escrita desde el Cenáculo: Nuestra cita espiritual sigue siendo allí, mientras en torno a los obispos, en las catedrales de todo el mundo, vivimos el misterio del Cuerpo y de la Sangre de Cristo. |