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J. F. Serrano Ocejapserrano@planalfa.es George Steiner, una vez más. En la conferencia que pronunció recientemente en Gerona, en el marco de la cátedra de Arte y Cultura contemporáneos, de la Universidad de Gerona, narró la siguiente historia, recogida en la información publicada el pasado domingo en El País, firmada por Inma Merino: Entonces Steiner explicó: "Quizá el logos murió cuando en Mathausen un vigilante nazi tiró el agua que pedía un prisionero que se moría de sed y, ante la pregunta del porqué, respondió el vigilante que en este mundo no hay porqués". La eutanasia activa es la conclusión de un método, de un mundo, que ha abdicado de los porqués. En el citado diario del grupo PRISA leíamos, el pasado miércoles día 11 de abril, en información de Sonia Robla, que Holanda se convirtió ayer en el primer país que aprueba una ley para regular la eutanasia activa. El Senado holandés, por 46 votos a favor y 28 en contra, confirmó el texto aprobado en noviembre por el Congreso y dejó la ley lista para su entrada en vigor en otoño. De esta manera recibe cobertura legal una práctica que durante dos décadas se ha ido abriendo paso en Holanda: 2.123 enfermos terminales solicitaron el año pasado morir y tuvieron ayuda médica para cumplir sus deseos. La eutanasia activa dejará de ser delito, pero estará sometida a fuertes controles. |
| La historia de esta sinrazón no concluye aquí. Según leemos en el diario La Vanguardia, en su edición del domingo 15 de abril, las personas mayores que se sientan cansadas de vivir deberían ser autorizadas a quitarse la vida con la denominada "píldora del suicidio". Ésta es la opinión que la ministra de Sanidad holandesa, Els Borst, ha expresado en una entrevista publicada por el diario NRCHadelsbald. "No estoy en contra, siempre y cuando esté cuidadosa y suficientemente regulada, de modo que sólo afecte a personas muy mayores que hayan vivido suficientemente", explicó la ministra. La píldora sólo sería autorizada si la persona interesada pasara un examen que demostrara que está cansada de vivir y desesperada por morir, añadió Borst. La ministra muerte, como pueden comprobar, o ha consumido una sobredosis de píldoras contra la razón y el pensamiento humano, o ha perdido el más mínimo sentido de la orientación en el tiempo y en el espacio, a tenor de la calidad de los argumentos esgrimidos. Es un signo de nuestro tiempo, por otra parte, que el nuevo caballo del Apocalipsis de la muerte venga cabalgando sobre píldoras, días antes y días después.
Nuestro habitual Ramón Pi, avanzadilla periodística de la defensa de la vida en los papeles periódicos, escribía el pasado jueves, día 12, una columna, en el diario ABC, en la que decía: El fenómeno de la eutanasia está plagado de eufemismos para que la sociedad pueda digerir esta salvajada: la degradación de las palabras siempre precede a la de los comportamientos. Pero la verdad es que la eutanasia no es sino el homicidio, supuestamente por compasión; el presunto fin altruista justifica unos medios absolutamente rechazables por cuestión de principio: nadie puede matar a nadie. Y sólo con mucho cinismo se puede pretender hacernos creer que no se va a pasar de la eutanasia pedida por la víctima a la decretada por sus familiares o por el personal sanitario. Eso ocurrirá inexorablemente, porque está ocurriendo ya en la propia Holanda. En unas declaraciones al diario italiano Avvenire, el cadenal Adrianus Simonis, arzobispo de Utrecht y Primado de Holanda, publicadas el pasado miércoles 11 de abril, señalaba que Holanda está yendo muy lejos, demasiado lejos, y ésta es la consecuencia de nuestro desmesurado individualismo. Pero la gente no puede permitirse ya ser individualista. Como cristianos sabemos que formamos parte de una sociedad en la que unos tienen necesidad de los otros. En cambio, en Holanda, el primero que quiere algo considera que todo se debe permitir. Así no nos damos cuenta de las consecuencias de nuestras acciones. Miren, por ejemplo, la legalización de la prostitución o los matrimonios entre homosexuales. Estamos ante una revolución sociológica negativa. Y esto es consecuencia de una, digamos, imagen reducida del hombre y de la mujer. El virus de la sinrazón se extiende más que la fiebre aftosa o el mal de las vacas locas. Pronto llegará a nuestra España, ¿cuántos se preguntarán el porqué y el para qué? |