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| Como no hay nada más clerical que el progresismo comecuras, ahora media España se está enterando de qué es eso de la excomunión, desde que el diario El Mundo anunciara que la Iglesia española podía excomulgar a los etarras. Y es que en todo anticlerical anida un canonista y un vaticanólogo. Los creyentes rezan a Dios y aprenden catecismo; es decir, cuestiones plebeyas. Pero el progre va mucho más allá: es un auténtico especialista en canonizaciones, liturgias y costumbres clericales. También dominan la intrincada administración del Colegio cardenalicio, los sistemas de gobierno de la Iglesia y su labor diplomática, las regiones eclesiásticas y las bulas. En el fondo, todo progre aspira a ser obispo.
Verbigracia: los progres no creen en la excomunión, pero la utilizan cuando se trata de excomulgar a unos etarras, porque la moral progre ha dictaminado que en España sólo existe una categoría de maldad: la violencia etarra (bueno, el segundo tipo de maldad, esta vez de carácter hipócrita, son los curas; pero en la lucha contra ETA hasta los curas son utilizables, oiga usted). Para elevar la excomunión de los asesinos etarras a noticia de primera página, hay que creer en la excomunión, y tampoco viene mal saber en qué consiste. Para un creyente, la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, dado que los que están en comunión con ella forman un solo cuerpo. Excomulgar a alguien significa desterrarle de ese cuerpo místico, un destierro espiritual que le impide participar de la gracia que vierte ese cuerpo místico, cuya cabeza es el hombre-Dios, Jesucristo. Por esa razón, lo habitual no es que la Iglesia excomulgue a alguien, sino que ese alguien incurra en pena de excomunión. Sólo en determinados casos, la Iglesia visible, generalmente para evitar el escándalo, ejemplifica la excomunión en una persona concreta. Como administradora de gracia y depositaria de la Revelación, tiene el derecho y el deber de hacerlo; pero lo normal es que alguien cometa un acto repudiable (por ejemplo, un aborto) y que incurra en pena de excomunión sin que nadie dictamine su excomunión. |
| Ahora bien, los progres del mundo no creen en el Cuerpo Místico de Cristo, ni en la gracia divina, ni en el fin del mundo. Se burlan de todo aquello que da sentido a la pena de excomunión, pero les interesa muchísimo la excomunión de etarras.
Por cierto, lo más profundo que puede hacer la Iglesia no es excomulgar a los etarras, sino recordar el viejísimo principio de que nadie puede asesinar en nombre de una idea política, porque eso atenta contra la ley divina y contra la ley natural. Lo que ocurre es que lo de excomunión suena mucho mejor en un titular. Dicho esto, no tengo ni la menor idea de quién puede excomulgar, a quién se puede excomulgar, y de cómo se levanta la pena de excomunión. Eso pregúntenlo en el diario El Mundo y a sus comecuras. Son auténticos eruditos en la materia: saben latín. Los anticlericales se acuerdan de la Iglesia y de la doctrina cristiana cuando truena en Euskadi. Eulogio López |