Ningún obispo achaca a Rouco el tropiezo de la excomunión. Pero la fineza diplomática del cardenal, como líder de la Iglesia española, queda en entredicho. Nadie explica a quién favorecerá la situación, pero sí que la Iglesia y Rouco son hoy más vulnerables: Así concluye una página de
El País del domingo pasado, que firma Juan G. Bedoya. ¡Acabáramos! Todo es cuestión de paciencia y de saber esperar; pero, antes o después, se acaban quitando la careta y descubriendo sus cartas: si alguien se preguntaba a qué venía toda la cadena sistemática de ataques a la Iglesia, a base de manipulaciones y medias verdades, y de abiertas mentiras, durante las últimas semanas, Juan G. Bedoya se lo explica con toda claridad. De lo que se trataba, y de lo que se trata, es de que la Iglesia y Rouco sean más vulnerables. Para lograr tan codiciado objetivo vale todo; aquí y en Alemania, ¿verdad, ustedes? Bueno, pues muchos ya lo sabíamos antes, pero ahora ya todo el mundo sabe a qué atenerse. Gracias a la
fineza diplomática de
El País, que ésa sí que queda en entredicho, por si acaso no había quedado ya suficientemente.
Los prelados, perplejos, titula
El País: un recuadro cuyo texto comienza así:
Varios obispos reconocen estar viviendo una experiencia que les tiene sumidos en la perplejidad... Así que no es verdad que son
los prelados, sino
varios obispos; naturalmente, ni un solo nombre en la
información. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Como mucho, una levísima referencia a
un sacerdote cercano a Rouco. Y naturalmente, tampoco es verdad lo del
tropiezo de la excomunión, porque, por mucho que
El País quiera insistir, ni hubo ni hay tal excomunión más que en algunas que otras mentes calenturientas ocupadas en la nobilísima tarea de que
la Iglesia y Rouco sean más vulnerables.