RetrocesoA&ONº 256/19-IV-2001SumarioDesde la feContinuar
Instituto Dolores Sopeña: 100 años
Una vida por y para el necesitado
Este año se cumple un siglo desde la fundación del Instituto Dolores Sopeña.
Una vida dedicada a la formación del trabajador y a la atención del pobre
A. Llamas Palacios

A veces, al leer la biografía de una persona, uno puede percibir entre líneas (a veces incluso las mismas líneas muestran claramente coincidencias que no lo son tanto) un camino trazado por un pincel sabio. Suele tratarse de caminos peculiares, no frecuentes… ni frecuentados.

La vida de María Dolores R. Sopeña es un ejemplo claro de camino marcado tras los pasos de Dios, buscando al pobre, al marginado, al que no le encuentra sentido a su vida. Sobre todo, los obreros y su formación fueron el centro de su trabajo. Dignificar más y más al trabajador ha sido la más vehemente aspiración de toda mi vida, decía María Dolores R. Sopeña.

Y el camino trazado la llevó a vivir, primero, en Andalucía. Ya desde joven, Dolores acudía con una amiga al actual barrio de La Chanca, de Almería, donde residía la población más marginada de la zona, en cuevas, a atender enfermos de tifus, de lepra; también visitaban a presos en sus cárceles, los escuchaban, los acogían y les hablaban del Dios que los amaba como hijos suyos. Después la llevó a Madrid; y a trasladarse con su familia, cuando todavía era muy joven, a Puerto Rico y a Cuba. En todos esos lugares María Dolores plantó una semilla de esperanza en los más necesitados, y en su corazón germinaba a la vez una idea que, en la madurez de su vida, tomaría el aspecto de una Asociación apostólica (El movimiento Sopeña), de un Instituto (el Instituto Sopeña), y de una familia (la Familia Sopeña), que hoy intenta prolongar el proyecto de vida que Dios inspiró a Dolores Sopeña: la construcción de un mundo digno y fraterno, como instrumento para que toda la Humanidad llegue a conocer y amar a Dios.

Este año se cumple un siglo desde que, en 1901, Dolores Sopeña fundase el actualmente llamado Instituto Dolores Sopeña, que nació en Toledo, el 31 de octubre de 1901. Abrieron allí su primera casa, y después de ésa vinieron muchas más. Su labor no era sencilla. A principios de siglo se vivían momentos anticlericales. Manifestaciones obreras, protestas contra los centros obreros de instrucción que se fundaban y las labores que se llevaban a cabo en ellos…, pero Dolores R. Sopeña no descansaba.

Hoy su obra se extiende en 39 nuevos lugares, repartidos por toda España y en parte del mundo, como Argentina, Italia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, Méjico y República Dominicana.

La diabetes postró en la cama a María Dolores Sopeña, y murió en Madrid, el 10 de enero de 1918. Su fama de santidad hizo que el obispo de Madrid iniciara a la Causa de canonización con la celebración del proceso ordinario informativo, que terminó en 1956. El proceso apostólico se celebró en la misma curia de Madrid, desde 1981-1982, y su validez jurídica fue reconocida el 18 de febrero de 1983. Los obispos reunidos en Congregación Ordinaria, el 19 de mayo de 1992, reconocieron que la Sierva de Dios había practicado en grado heroico las virtudes teologales, cardinales y anejas.

El Instituto Dolores Sopeña se define como una fórmula original de presencia en medio del mundo, que integra la total consagración a Dios y la dedicación exclusiva a los ideales de promoción humana, evangelización que movieron a su fundadora. Las que pertenecen al Instituto son las responsables de animar, impulsar, sostener y dar continuidad a toda la Familia Sopeña. De esta manera, la familia Sopeña se hace presente en la sociedad en Centros familiares, Academias técnico-artesanales, Escuelas profesionales, Centros de alfabetización, de Educación permanente de adultos, Colegios de EGB, Dispensarios médicos, Guarderías laborales, Residencias universitarias… etc., promoviendo la dignidad del trabajador, favoreciendo lazos de amistad más allá de las ideologías o condiciones sociales, acercándose a diversos sectores sociales…, procurando hacer, en palabras de Dolores R. Sopeña, una sola familia de todos en Cristo.