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Érase una vez, en un país lejano, una guerra interminable por la posesión de esa tierra. Mientras, en otro lugar, se sucedían las matanzas por disputarse el poder. El espectador veía las noticias a diario sin poder hacer nada. Sólo lamentos. La ola de terrorismo iba en aumento. El dominio por la fuerza parece ser la única clave. El diálogo entre los grandes nos llega generalizado y depende de qué lado se dé la información. ¿Cuál es el protagonista del cuento de nuestro tiempo? ¡Ponte tú mismo!: político, escritor, ama de casa, niño, futbolista... ¿Qué puedes hacer tú para variar el rumbo nefasto de los acontecimientos que están destruyendo al hombre? No hace falta ser un genio para comprobar que el rumbo de un país está en las manos de cada ciudadano. ¡Ésta es la clave de la esperanza, el punto de partida, aunque tan sólo seas político, escritor, ama de casa, niño, futbolista...
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| Érase una vez, en un país lejano, un encuentro entre dos Jefes de Estado. Esta historia se repetía muchas veces en la misma época: diálogo entre dos, que llevaban las riendas, para intercambiar ayuda, firmar acuerdos, establecer lazos, asegurar la defensa, iniciar una política amistosa... Todo ello en un clima cordial: sonrisas, centros de flores, apretón de manos. La historia de este cuento siempre acaba bien, al menos según los portavoces. ¿Y entonces? ¿Por qué este descontento reinante? Narrador: Los días se sucedían cada vez con más escepticismo, hasta que llegaron a ese país un filósofo, un poeta y un santo. Las cumbres se sucedieron y el diálogo entre los grandes con flores, sonrisas y estrecharse las manos iba precedido de un nuevo concepto de: el hombre, la vida y el amor.
Marisa Díaz-Pinés |