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La paz es posible

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Verdaderamente está siendo pavoroso y amenazador el in crescendo de la violencia y de la muerte en Tierra Santa, durante esta primera Pascua del tercer milenio. El terror y el pánico vuelven a adueñarse de aquella neurálgica zona en la que la agresión, el enfrentamiento y la cerrazón deshacen en un día por desgracia se vuelve a hablar de guerra abierta años y años de una tarea de entendimiento, de reflexión y de compromiso. Los políticos sensatos de una y otra parte deberían darse cuenta de que el fanatismo no se acaba con sangre y venganza, sino que así se comparte y suscita nuevas oleadas de odio y de intolerancia en jóvenes sin futuro, dispuestos a convertirse en bombas humanas.
Las consecuencias las pagan siempre los más débiles, los que menos culpa tienen de nada: esas mujeres de las fotos, que son como Piedades vivas en este 2001, y esas criaturas, tan iguales pero por desgracia tan distintas a nuestros hijos. Sólo el amor del Resucitado es más fuerte que el odio y puede dar esperanza, paz y alegría verdaderas. Juan Pablo II ha sido tajante: La paz es posible, incluso en Oriente Medio. |