RetrocesoA&ONº 256/19-IV-2001SumarioMundoContinuar
Habla el catedrático Fernando Pascual
Si hoy viviera Sócrates…
Dos mil cuatrocientos años después, Sócrates sigue siendo un personaje políticamente incorrecto. Su pensamiento, en esta época de consumismo y globalización, tiene una actualidad sorprendente y esa misma capacidad para fastidiar que le costó la vida, por incordiar a sus coetáneos de la antigua Atenas.

Para subrayar la importancia de su pensamiento, así como su aportación al diálogo fe y razón, lanzado a la grande por Juan Pablo II en su última encíclica, el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, de Roma, organizó el pasado 30 de marzo un congreso que llevaba por título Sócrates y su valencia filosófica.

Entre los ponentes, intervino el profesor Fernando Pascual, sacerdote español, catedrático de Filosofía en ese centro universitario, con sedes en Roma y Nueva York.

Sócrates fue condenado a muerte por impiedad (en realidad, creía en un solo Dios, o más bien, siendo algo más fieles a la traducción, en un dios) y por corromper a la juventud con sus ideas incómodas. Encarcelado, se negó a aceptar la ayuda de sus amigos para huir. Condenado a muerte, él mismo tomó la cicuta, mientras, serenamente, departía con sus incondicionales sobre la inmortalidad del alma.

El mensaje del filósofo griego hoy es evidente, ha explicado el padre Pascual en declaraciones a Alfa y Omega: Murió porque no podía dejar de predicar su mensaje incómodo, porque creía en su misión. Una postura contra corriente en tiempos de relativismo, en el que la verdad parece negociable.

Si hoy viviera Sócrates, plantearía una serie de preguntas muy interesantes a nuestra sociedad de inicios de milenio, continúa diciendo Pascual: ¿Cómo es posible que estés tan seguro del mercado global y tan poco seguro de lo que es la virtud, el deber? ¿Cómo es posible que todas las mañanas te levantes para ganar algo más de dinero, cuando todavía no sabes qué es la justicia y cómo es posible vivir en armonía contigo mismo y con los demás? ¿Cómo es posible que leas ansiosamente tantas noticias sobre lo que sucede fuera de ti, cuando no eres capaz de contener un momento de rabia, un rencor profundo, o condesciendes con el placer desleal.

El pensamiento de Sócrates tiene también una sorprendente actualidad para el debate sobre las relaciones entre la fe y la razón, entre la filosofía y la teología. Pascual recuerda, por ejemplo, un pasaje sorprendente por su actualidad del filósofo ateniense: Cuando no puedo encontrar la verdad, puedo hacer cuatro cosas: fiarme de la experiencia; fiarme de un maestro; encontrar un argumento cualquiera y ver si es coherente consigo mismo; o fiarme de la revelación divina.

Sócrates salió al encuentro de la muerte —concluye Pascual—. Murieron también, después, los jueces que le condenaron. En la otra vida sabremos cuál de las dos muertes ha sido más bella. Pero ya, desde ahora, estamos seguros de que es mejor morir pobre y justo que rico y deshonesto. Ésta podría ser la herencia que nos ha dejado Sócrates. Ésta tiene que ser una regla de vida para nosotros, hombres y mujeres, si queremos que el nuevo milenio sea algo más justo y feliz.