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Los ciudadanos y ciudadanas de la Comunidad Autónoma Vasca hemos sido convocados a emitir nuestro voto el próximo 13 de mayo. Por eso indican los obispos en la introducción del documento, nos parece necesario ofrecer a nuestras comunidades diocesanas, y a todos aquellos que quieran escucharnos, una palabra extraída de la doctrina social católica, exenta de toda pretensión de partidismo e inspirada únicamente en el deseo de contribuir al bien común.A partir de los resultados electorales añaden se constituirá el nuevo Parlamento y se formará el nuevo Gobierno autonómico. Su cometido y su razón de ser consiste únicamente en procurar el bien común. Porque el bien común se extiende a todas y cada una de las personas, el Gobierno a su servicio habrá de velar no sólo por los intereses de la mayoría que lo apoya, sino también por las justas aspiraciones de las minorías. Habrá de respetar y hacer respetar, por tanto, la legítima pluralidad de la sociedad a la que sirve. En el epígrafe sobre La situación, los obispos recuerdan que los requisitos del bien común necesitan ser releídos y actualizados en cada situación diferente. Los obispos evocan escuetamente los rasgos más salientes de nuestra actual coyuntura. Primero, el deseo de una paz justa y estable es un anhelo compartido por la inmensa mayoría de este pueblo. Pero los desencuentros a la hora de concebirla y de procurarla son profundos y preocupantes. Segundo, la renovada violencia terrorista tras catorce meses de ilusión ha recrudecido notablemente este enfrentamiento. La cadena larga de asesinatos vulnera algo intangible que es el quicio de toda convivencia digna de este nombre: el respeto absoluto a la vida humana. Sigue sembrando el miedo en muchos ciudadanos que viven amenazados simplemente por expresar sus convicciones políticas o por cumplir sus deberes cívicos. Lesiona el criterio básico de la democracia: la libertad para exponer y promover pacíficamente las propias ideas. Tercero. Aunque, según la opinión de los obispos de las tres diócesis, la cohesión de nuestra sociedad es, por fortuna, más sólida de lo que parece, el clima de ruda y persistente confrontación política puede acabar produciendo una notable fractura social cuyos primeros atisbos comienzan a despuntar en algunos momentos tensos de nuestra vida cívica. Cuarto. El dolor producido por la crudeza del momento presente y la preocupación por su suerte futura afectan a una mayoría notable de nuestra sociedad, hasta el punto de alcanzar el volumen de un clamor popular que aboga enérgicamente por el final de tanto sufrimiento y enfrentamiento. Quienes acudamos a la cita electoral del 13 de mayo señalan los autores de la Carta pastoral habremos de emitir nuestro voto con el propósito de contribuir a atajar estos males y obtener los bienes deseados. |
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LA CLAVE ES LA PAZ
Inspirándose en el concepto cristiano de paz, los obispos proponen a los cristianos, como criterio moral clave, el lema elegido para el Encuentro oracional por la paz celebrado en Armentia en el mes de enero de este mismo año: "Entre todos PAZ para todos". Dicho lema es una clave utópica en el sentido riguroso y positivo de esta palabra: no marca una meta que pueda alcanzarse plenamente; pero señala una dirección en la que es preciso avanzar constantemente. La paz verdadera supone como premisa básica e irrenunciable la defensa absoluta de la vida y el respeto a todos los derechos humanos. Se va asegurando en la medida en que las legítimas aspiraciones y sensibilidades políticas existentes en la comunidad van aproximándose a una concertación. Las elecciones de mayo deben ser, en su preparación, en su realización y en sus consecuencias un paso decidido hacia esta paz. Paz entre todos: Todos los ciudadanos estamos invitados y moralmente obligados a ser artífices de la paz. Nadie debe ni excluirse, ni excluir, ni ser excluido de la edificación de la casa común, mientras de veras busque construir, no destruir. Tenemos ahora en nuestras manos una herramienta constructiva: el voto. Utilicémosla. Paz para todos: Todos los ciudadanos somos también, en principio, beneficiarios de la paz. En la casa común hemos de caber, apretándonos, todos aquellos que por la palabra o los hechos no se autoexcluyan de un proyecto compartido. Este país necesita, sea cual sea la fórmula de gobierno por la que opte tras las elecciones, un proyecto integrador. |
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LA CAMPAÑA ELECTORAL
Al referirse a la campaña electoral, los obispos recuerdan que su finalidad consiste, en principio, en ofrecer a los electores la información y reflexión que les ayude a una elección responsable. En la práctica toda campaña es tiempo de confrontación de proyectos. Por esta razón, se carga muy frecuentemente de pasionalidad y genera o acentúa un grado de animosidad entre las diversas opciones políticas. Los obispos se fijan en los partidos y en los medios de comunicación social. Los electores convocados a las urnas necesitamos escuchar de los partidos programas realistas que ofrezcan vías de solución a cada uno de los principales problemas de esta sociedad. Tenemos derecho a oir de los políticos mensajes veraces, respetuosos con las instituciones nacidas de la voluntad popular. Los ecos de la precampaña afirman los obispos más adelante nos hacen temer que esta campaña vaya a ser especialmente virulenta. El apasionamiento puesto al servicio de los intereses electorales puede conducir a las diversas formaciones políticas a ofrecer mensajes engañosos, a utilizar el miedo como arma electoral, a envolver en la misma valoración condenatoria lo legítimo con lo inaceptable, a descalificar y calumniar a los adversarios, a utilizar de manera partidista los medios de comunicación social públicos. Una campaña diseñada o realizada en estos parámetros sería éticamente censurable, no sólo porque se asentaría en la mentira y en la manipulación, sino porque ahondaría más la brecha social, haciendo así más difícil el objetivo de una paz construida entre todos y destinada para todos. Sobre los medios de comunicación, los obispos indican que pueden contribuir en grado notable a la limpieza y serenidad de la campaña. Pueden también atizar los ánimos subrayando desmedidamente los episodios agresivos, anteponiendo las propias opciones ideológicas y ventajas económicas a la verdad, la justicia y la concordia. El trabajo de los medios ha de orientarse desde la campaña a preparar el "día después" de las elecciones, en el que sean menos difíciles y más viables aquellas fórmulas políticas que mejor preparen la paz. En el epígrafe de Participar, señalan que, muchos electores se sienten motivados para participar en estas elecciones. Algunos pueden todavía sentirse tentados a abstenerse por la decepción, la indiferencia, la pasividad, la comodidad, la perplejidad, el temor a complicaciones, la presión social. Los obispos los alientan a ejercer su derecho al voto. |