RetrocesoA&ONº 257/26-IV-2001SumarioContraportadaContinuar
Un impagable regalo de primavera
Un ángel estrábico, o la sopa con tenedor
José María Cabodevilla tiene la buena costumbre de hacer un regalo a sus amigos cada primavera.
El de esta primera primavera del tercer milenio ya está en la calle en forma de libro,
editado por la BAC: Puntual y sin previo aviso, como las golondrinas, se titula La sopa con tenedor,
y su subtítulo dice, por sí solo, mucho más que toda una carpeta de prensa:
Tratado de las complicaciones humanas. Para deleite de nuestros lectores y, a guisa de aperitivo
de tan suculenta sopa, adelantamos estos retazos literarios al hilo de la lectura
de unas cuantas páginas del libro, elegidas al azar de entre sus trescientas noventa y seis
En una antigua versión copta de los evangelios recientemente exhumada, se cuenta cierto episodio que no registran los textos canónicos. Un día estaban jugando al póquer Jesús y sus discípulos. Pedro puso sobre la mesa los cuatro ases con visible satisfacción y dio por terminada la partida. A continuación Jesús, tras un momento de silencio, mostró cinco ases. Pedro no pudo contenerse: "Señor, como milagro no está mal, pero como jugada es una chapuza".

En términos generales un milagro no evitan necesariamente las chapuzas, ni una chapuza tiene por qué impedir el milagro... (de la Nota Preliminar).

Un ángel, ligeramente estrábico, es enviado a la Tierra para redactar un informe sobre los seres humanos. Un ser muy complicado, el hombre. De esta sugestivísima idea, le ha salido a Cabodevilla no una chapuza, sino el milagro de un maravilloso tratado, nada menos, que sobre las complicaciones humanas. Que son muchas que, en ocasiones, complican al propio complicador, y basta leer el índice: cuando dos negaciones equivalen a una afirmación, cuando el humanismo se convierte en el arte de complicar las complicaciones, cuando se quiere dar una de cal y otra de arena y es meterse en camisa de once varas, cuando se echa mano de un mechero para encender las cerillas sin necesidad de frotarlas, cuando a la pregunta ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? se responde con un capítulo titulado Un Dios vulnerable. Visto y comprobado que los psicoanalistas no profundizan mucho más que los dermatólogos, nada tiene de particular ni de extraño que a Cabodevilla le salgan las ganas de dibujar a un niño acompañado de su ángel custodio, ambos con un ojo amoratado, como el bueno de Mingote adivinó en la viñeta que ilustra esta página, de su libro Hombre solo.

Y así podíamos seguir, pero como aperitivo ya está bien, y que el autor nos perdone las ganas con que nos quedamos de seguir contando. Mejor, mucho mejor que no se lo pierdan ustedes. Ya decía Newman que hay ángeles a nuestro lado, y que casi es un pecado no verlos. Lo que nos ocurre es que muchas veces andamos buscando las gafas y resulta que las llevamos puestas. Alguien nos advierte: Pero si las tienes en la nariz. Y nunca falta alguien que sigue buscando afanosamente mientras pregunta: ¿Pero dónde he dejado la nariz?.

Una última, irresistible advertencia, que podría ser útil para los humanos más escépticos: Don Quijote existe, aunque no exista Don Alonso Quijano...

¡Gracias, Cabodevilla!

Miguel Ángel Velasco