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El relato de este domingo nos describe simbólicamente la tarea evangelizadora de la Iglesia y la trasmisión de poderes a Pedro. El escenario es Tiberíades, donde se había desarrollado casi toda la vida pública del Maestro. Los protagonistas de la pesca milagrosa son, aparte de Jesús, Pedro y el discípulo amado. Todo comienza con una situación que revela desánimo por el fracaso del esfuerzo nocturno en sus faenas pesqueras. En esas circunstancias, la Iglesia, como alba de salvación (san Gregorio Magno), se ve representada en ese amanecer de los apóstoles que, sorprendidos por la voz del desconocido que está en la orilla, obedecen y colman sus redes en otro lugar. Juan es el primero en reconocer a Jesús, pero Pedro, una vez más, será el impetuoso que se arroje al agua para llegar nadando hasta el Señor y mantenerse a su lado. Más tarde será el mismo Pedro quien arrastre la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres, símbolo de la totalidad de las gentes que deben llegar a la fe. Y la red no se romperá porque todos están llamados a participar de este sacramento de salvación, sin exclusiones de ningún tipo.
En el contexto de esta pesca se nos narra una comida, que necesariamente nos lleva a pensar en la Eucaristía que celebran las comunidades cristianas, con la absoluta convicción de la presencia del Señor resucitado. De esta manera san Juan nos señala que el centro de la Iglesia es la fracción del pan, celebración que anuncia la muerte y resurrección de Cristo hasta su vuelta al final de los tiempos. Por último, la plena comunión eclesial requiere la aceptación del primado de Pedro. Será después de comer con el Resucitado cuando se sitúe la transmisión de poderes a aquel discípulo que le había negado tres veces, planteándosele entonces la cuestión decisiva: ¿Me amas más que éstos? El apóstol que se había colocado por delante de los demás en su celo por el Señor, ahora es invitado por Cristo a que se coloque por delante en el orden del amor. De esta forma la institución del Primado expresa el amor de Cristo hacia los hombres. Con razón dice Hans Urs von Balthasar: Desde entonces la cruz permanecerá ligada al papado, aun cuando habrá Papas indignos; pero cuanto más en serio se tome un Papa su ministerio, tanto más sentirá sobre sus espaldas el peso de la cruz. + Juan del Río Martín |