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A raíz de una noticia que apareció hace unos días en todos los medios de comunicación, nuestro olvidado y desconocido país salió por unos días al triste estrellato. Recibí mails y llamadas telefónicas preguntándome por esos pobres niños del barco casi fantasma, que eran llevados a otros lugares para ser supuestamente vendidos; horrible repetición de la trata de esclavos que tan dolorosamente se vivió en Benin y en otros países de la costa occidental de África.
Hasta el momento nadie pudo probar la realidad; hay un cruce de informaciones contradictorias y sin fundamento, y como siempre los pobres son el entretenimiento mediático de miles de personas que ven y escuchan las noticias, pero poco hacen para ayudar. Algunos insisten en la esclavitud, otros en la venta de niños por sus mismas familias; hablan de ilegales que escaparon buscando mejores rumbos; en fin, rumores Todos quieren saber los detalles pero nadie se pregunta por las causas de estos problemas Mientras esto seguía su curso, nuestra vida también, y me tocó celebrar la Semana Santa en una aldea bastante alejada, con una comunidad que está naciendo a la fe con timidez y fidelidad. Después de celebrar el Lavatorio de los pies el Jueves Santo y recordar la Última Cena, sin cena , el catequista me dice que había un pequeño problema en una familia: el domingo anterior había desaparecido de la casa el hijo más pequeño, dos años y medio aproximadamente; alguien lo había robado y nadie sabía dónde podía estar. El niño en cuestión era del grupo que atiendo en la clínica; hoy con gran pena encontré su ficha para darme cuenta de que está en la zona de peligro de desnutrición grave. |
| Comencé la investigación y pregunté por los padres. Ya no estaban en la aldea, habían regresado a su aldea de origen en el norte del país, sin duda desconcertados ante su dolor y sin grandes esperanzas de encontrarlo. Averiguo si la gente de la aldea había buscado suficientemente en la semi selva en la que viven, a orillas del río, y en todos los lugares donde un niño puede caer o extraviarse: me dicen que sí, y pregunto si dieron aviso a la policía o a alguna autoridad, y aquí se crea el desconcierto. Algunos dicen que sí, otros que no saben, otros que no, y no me queda más remedio que partir a la gendarmería por la que paso todos los días y averiguar
Otra vez el desconcierto; no encuentro al oficial de guardia, todos estaban en una aldea donde se celebraba una fiesta de inauguración de la escuela, donada por los japoneses, ¡hasta el ministro de Educación estaba presente! Al día siguiente intento nuevamente, y nadie sabe decirme nada. Hasta hoy sigo insistiendo, y hasta el momento ningún policía o gendarme fue a la aldea para averiguar. Ya pasaron diez días del hecho ¿El niño, en precario estado de salud y desnutrido, habrá sobrevivido? Sinceramente creo que no. ¿Quién sabe de estos dramas diarios? ¿Por qué no se habla de la pobreza extrema que lleva a muchas familias a vender sus propios hijos para salvar a los otros? Miles se mueren de meningitis, polio, rubeola, tétanos; y no hay vacunas porque los muertos no justifican el gasto. ¿Por qué no escriben alguna vez sobre la cantidad de chicos que van a la escuela después de caminar kilómetros y comen a la noche y una vez al día? ¿Informan, o sólo dicen lo que los demás quieren escuchar? No hagan del África un pozo de desgracias sin solución; no digan sólo lo feo, lo malo, lo sórdido; tómense el trabajo de ver y descubrir las causas de los males que nos aquejan desde hace siglos. Si somos sinceros, veremos que todos y cada uno de ustedes y nosotros tenemos un poquito de responsabilidad. La injusticia y la desigualdad de oportunidades es tan grande que causa verdaderas catástrofes diarias, como la del pequeño Tawéma Daposka. No es un niño anónimo; yo lo conocía, la gente de su aldea también, sus padres, aunque pobres y a lo mejor ignorantes, lo cuidaban como mejor podían, pero nunca será noticia, ni él ni los miles y millones de niños, de pobres, de mujeres que son víctimas de la vida dura y sacrificada de la cual nada sabemos. |