RetrocesoA&ONº 257/26-IV-2001SumarioRaícesContinuar
Estudio sobre las vidrieras de la catedral de León
Arquitectura de luz increada
Los 1800 metros cuadrados de vidrieras que visten los muros de la catedral de León son protagonistas
de un estudio de don Máximo Gómez Rascón, Catedral de León: las vidrieras. El simbolismo de la luz,
publicado por Edilesa, algunas de cuyas conclusiones y bellísimas fotografías traemos a estas páginas
Inma Álvarez

La catedral de León empezó a ser construida bajo el pontificado de Inocencio IV, cuando León dejó de ser diócesis sufragánea. Sus vidrieras, desde el siglo XIII al actual, constituyen hoy un patrimonio de excepcional importancia, y fueron restauradas el año pasado con el apoyo de la Junta de Castilla y León y el obispo monseñor Antonio Vilaplana Molina.

La luz es el elemento arquitectónico principal del estilo gótico, según era la teología de los siglos XIII y XIV: el templo era imagen de la nueva Jerusalén del Apocalipsis, sus muros de piedras preciosas, que una luz ilumina; un nuevo Tabor donde la realidad terrena se transfigura y deja entrever la celestial. La luz era, en palabras de san Buenaventura, la sustancia más pura, la forma más bella.

Por tanto, el templo, tanto en su forma como en su orientación, en la colocación de cada elemento, cada sillar, capilla o ventana, constituía un todo trabado mediante un armazón teológico. La simbología de los números está presente: el siete en los ventanales, el tres en las naves, el doce en las cruces de la consagración…

El orden arquitectónico es reflejo del orden instituido por Dios en el cosmos. Es también una gigantesca narración de la Historia de la Salvación, así como un reflejo del orden social y de la vida de la época.

Construida la catedral hacia oriente, la luz del alba hacía reverberar las vidrieras del ábside, con las escenas de la Natividad y el árbol de Jesé, profecía cristológica, mientras la luz del ocaso traspasaba el rosetón del lado opuesto, en el que doce ángeles con sus trompetas recuerdan el Juicio Final. Al lado norte, nunca tocado por la luz directa, los personajes del Antiguo Testamento; al lado sur, iluminados por la luz meridiana, los hombres y mujeres de la Iglesia triunfante.

Motivos florales, escenas de cacerías y vida cotidiana, emblemas nobiliarios y heráldicos completan la cosmogonía de estos muros que pretendieron simbolizar, con el reflejo del sol, la luz increada de la fe que traspasó el conocimiento, la ciencia y el arte de Europa durante más de un milenio.

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