RetrocesoA&ONº 257/26-IV-2001SumarioTestimonioContinuar
Cartas del obispo de Orense a los niños
Como Cristo, con los más pequeños...
El obispo de Orense, monseñor Carlos Osoro, está impregnando su episcopado en tierras gallegas
con una especial dedicación a niños y jóvenes. Fruto de este cuidado son las cartas mensuales que,
al hilo de la actualidad, se distribuyen en parroquias y en colegios, así como la abundantísima
correspondencia que mantiene con sus fieles más pequeños. Muestra de esta catequesis episcopal
son estas dos cartas sobre el Día del Seminario y sobre la enfermedad y los niños
Querido amigo/a: El mes pasado te proponía emprender un ruta extraordinaria. Se trataba de emprender con todas nuestras fuerzas el mismo camino de Jesús. Sé que algunos de vosotros ya lo habéis comenzado. El mes de marzo celebramos el Día del Seminario. Ya sabes que, en nuestra diócesis, tenemos dos Seminarios: el Menor, para chicos de primero de la ESO hasta Bachillerato, que quieren prestar unos años de su vida para escuchar al Señor y ver si los llama para ser sacerdotes, y el Seminario Mayor, donde los que han decidido ser sacerdotes, después de haber realizado los estudios de Bachillerato, el acceso a la Universidad y otros estudios, se preparan para ser ordenados sacerdotes. Entre vosotros estoy seguro que hay alguien a quien el Señor llama de un modo especial.

Le presentaban los niños pequeños para que los tocara; y al verlo los discípulos, les reñían. Mas Jesús llamó a los niños, diciendo: "Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis; porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os lo aseguro: el que nos reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él". Uno le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?" —"Aún te falta una cosa. Todo cuánto tienes véndelo y repártelo entre los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego, ven y sígueme".

¿Cómo escuchar las llamadas que hace el Señor? Después de leer el texto del evangelio, el Señor mismo nos lo dice: primero, estando a su lado, acercándonos a Él; y segundo, poniendo nuestra riqueza, que es nuestra vida, en sus manos.

- Ir al lado de Jesús, estar cerca de Él: esto es lo que desea el Señor de los niños. Nos lo dice Él mismo con sus propias palabras: Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis. Ir al lado de Jesús, estar junto a Él, cerca de Él, podemos lograrlo de modos diversos: escuchando su Palabra y oyendo del propio Jesús lo que quiere de nosotros; visitándolo en el Sagrario donde está realmente presente en el misterio de la Eucaristía y teniendo una conversación con Él; celebrando los domingos la Santa Misa; ayudando siempre a los demás, prestando nuestra vida a los otros; estando muy cerca siempre de su Madre María, ya que ella se encarga de llevarnos junto a Jesús.

- Poner nuestra riqueza en manos de Jesús: ¿sabes a qué riqueza me refiero? Tus años, los que tengas. Porque la gran riqueza del ser humano está en su propia vida. Y ofrecer lo que uno tiene al Señor, eso es lo que Él quiere. Cuanto más regale uno, mejor. Me dirás: ¡Pero si yo no tengo nada! Mira: cuantos menos años tienes, más rico eres, ya que tienes más posibilidades en la vida, tienes todas, puedes ser lo que quieras. Y ofrecer esa riqueza al Señor es lo más grande que un ser humano puede hacer. Los niños de Fátima dieron a Dios todo, regalaron al Señor su riqueza que eran sus años, y por ello sus vidas.

Una propuesta de trabajo: el día 19 de marzo, San José, fue, como sabéis, el Día del Seminario. Este año con el lema El Seminario corazón de la diócesis Como sé que vosotros queréis llevar en vuestro corazón el Seminario y preocuparos por él, os hago esta propuesta: Haced un mural entre todos los de la clase o parroquia, en el que describís con dibujos y fotografías cómo buscáis estar al lado de Jesús cada uno de vosotros, y este mes, ese tiempo de estar junto a Jesús, lo ofrecéis por el Seminario. También haced una oración a vuestro estilo en la que pongáis vuestra riqueza, que es vuestra vida, en manos de Jesús. Me mandáis el mural y la oración. Hacéis también una carta entre todos los de clase o parroquia a los niños y jóvenes del Seminario Menor, animando a regalar la riqueza de su vida al Señor. Me mandáis el mural, la oración y la carta; la entregaré a los seminaristas.

SER BUEN SAMARITANO


Este mes ha habido un suceso en Galicia muy importante: un grupo numeroso de los que se dedican a cuidar a los enfermos, o tienen contacto con ellos, se ha reunido en nuestra diócesis para, en nombre de la Iglesia que, como Jesús, tiene que cuidar y curar a los enfermos, reflexionar sobre los niños enfermos. ¡Qué tema más precioso! Quiero que vosotros también aportéis lo que pensáis y, sobre todo, que ayudéis y acompañéis a niños enfermos.

Te voy a decir una cosa, que a lo mejor te asusta, pero estoy seguro de que tú me entiendes: la enfermedad y el sufrimiento es una verdadera escuela para descubrir a los otros y quererlos de verdad. ¿Por qué se me ocurre decir esto? Porque quien está enfermo y quien está a su lado, aprenden una lección: que somos como esos pobres que piden por las calles. Somos como los mendigos, necesitados siempre de la presencia de los otros para recibir su ayuda.

Te voy a contar algo que me sucedió siendo niño. Era amigo de un niño que enfermó. Viví mucho tiempo a su lado. Lo acompañé en su enfermedad. Aprendí tres cosas de él: primero, a servir a los demás. Nunca se entregó al dolor haciendo que todos lo sirvieran y viviesen en función de él solamente; pero aprendí que tampoco yo, que estaba sano, podía desentenderme de él ni de nadie. Segundo, a tener coraje. Aquel niño enfermo se enfrentó a la enfermedad con coraje y sirvió de ejemplo a quienes lo rodeábamos, de tal manera que sus palabras y sus modos de actuar y de estar ayudaron siempre a los demás a vivir con coraje; yo, sano, descubrí la necesidad del coraje junto a alguien que estaba peor que yo y sin embargo vivía la vida con coraje, quitando mucha importancia, por no decir toda, a cosas a las que yo se las daba y después descubrí que valían poco. Y, tercero, aprendí a madurar. Viendo al amigo, pequeño, frágil, necesitado de todos, observaba cómo se abría cada día más a un misterio más ancho que su propia vida, que eran los otros y Dios.

Para ser samaritano, si conoces o vas a conocer a un niño enfermo de tu edad te propongo que vivas así junto a él: infórmale de lo que sucede en el colegio, la lección que estudias, las actividades que haces; dedica tiempo a jugar con él, pues hay que entusiasmarle haciendo un ambiente festivo y alegre, si se aburre, se entristece, se concentra sobre sí y pierde esperanza. Y hazle compañía y dialoga con él sobre las cosas que a ambos os interesen, del colegio, del deporte que os guste más, de la familia, de los amigos. Estoy seguro de que así eres como el buen samaritano.

Una propuesta de trabajo: haz un comentario escrito o a través de un dibujo de este suceso de la Madre Teresa de Calcuta: La Madre Teresa un día tomó a un recién nacido en sus brazos y lo presentó con su rostro resplandeciente, orgullosa como si fuera su madre, y dijo: "Mirad, hay vida en él". Ella dice: "Los niños son vida de Dios, que ha creado el mundo lo suficientemente rico como para alimentar a todos. Nunca podrá haber demasiados niños. Si es que no quieren tenerlos, no los maten, dádmelos a mí". Todos los comentarios grapados, como si fueran un libro, me lo mandáis para enviarlos a hospitales de Galicia para los niños.

Carlos Osoro