RetrocesoA&ONº 241/4-I-2001SumarioAqui y ahoraContinuar
Alegría desbordante en la Ciudad Condal
80.000 jóvenes oran en el Encuentro
europeo de Taizé
¡Sí, Dios nos quiere felices!, ha sido el clamor de los 80.000 jóvenes reunidos en Barcelona durante el Encuentro
europeo de Taizé, desde el 28 de diciembre al 1 de enero de este año recién estrenado.
Las calles y las parroquias de la Ciudad Condal han contemplado la alegría desbordante de miles de jóvenes católicos,
evangélicos y ortodoxos, de toda Europa, unidos gracias a un mismo amor, que brota de Jesucristo
Si pudiéramos darnos cuenta de que una vida feliz es posible, incluso en las horas de oscuridad! Lo que hace feliz una existencia es avanzar hacia la sencillez: la sencillez de nuestro corazón, y la de nuestra vida, ha sido el mensaje del hermano Roger, fundador de la comunidad ecuménica de Taizé, para estos chicos y chicas europeos reunidos en Barcelona. 30.000 españoles, 19.000 polacos, 7.000 italianos, 3.000 franceses, 2.900 rumanos, 2.800 croatas, 2.000 lituanos, 1.000 ucranianos, 1.000 yugoslavos, y otros muchos más, han recibido estas palabras de alegría y esperanza como inicio del Año Nuevo.

No sin motivo, el tercer milenio es el milenio de la esperanza. Alegría, viva y auténtica, en los rostros de estos jóvenes durante la Vigilia de oración por la paz en el último día del año 2000. Para que una vida sea hermosa, no es indispensable tener capacidades extraordinarias o grandes facilidades —continúa el hermano Roger en su mensaje—, hay una felicidad en el humilde don de la persona. Nuestra vida no está sometida al azar de una fatalidad o de un destino. ¡Lejos de eso! Nuestra vida adquiere sentido cuando es, ante todo, respuesta viva a una llamada de Dios.

Hoy, como siempre, las grandes preguntas de la vida requieren grandes respuestas. Sin duda, Jesucristo es el único que puede darlas. ¿Cómo reconocer esta llamada y descubrir lo que Él espera de nosotros? Dios espera que seamos reflejo de su presencia, portadores de una esperanza de Evangelio. Quien responde a una llamada así no ignora sus propias debilidades, pero también guarda en su corazón estas palabras de Cristo. "¡No temas, confía!" El miedo al futuro es propio de la juventud. ¡Qué consolador escuchar estas palabras en el silencio de la oración! Palabras que permanecen desde hace 2000 años, y que, ahora, estos jóvenes llevan consigo a sus países, ambientes y hogares.

El corazón del encuentro ha sido la oración, en más de veinte idiomas, en las parroquias y en los pabellones de la Feria de Muestras de Barcelona. Dios nos quiere felices —afirma el fundador de Taizé—; ¿pero dónde está la fuente de esta esperanza? Está en una comunión con Dios, que vive en el centro del alma de cada persona. Recordemos que Dios jamás retira su presencia. Nuestra oración es una realidad sencilla. ¿Y si es un pobre suspiro? Dios sabe escucharnos. Y no olvidemos nunca que, en el corazón de cada persona, es el Espíritu Santo quien ora.

Oración abierta al mundo y por el mundo, por la paz y la unidad de los cristianos. El segundo milenio ha sido el tiempo en que muchos cristianos se han separado unos de otros. Los asistentes al Encuentro europeo de Taizé se han comprometido a hacer todo lo necesario para vivir en comunión y construir la paz en el mundo.

Estar en comunión unos con otros supone amar y ser amados, perdonar y ser perdonados. ¿Entraremos por fin en una primavera de la Iglesia? —ha preguntado el hermano Roger a estos jóvenes—. Cristo nos llama a nosotros, pobres del Evangelio, a vivir la esperanza de una comunión en nuestro entorno. Incluso el más sencillo puede llegar a hacerlo. ¿Presientes una felicidad? ¡Sí, Dios nos quiere felices!… Y hay una felicidad en el humilde don de uno mismo.

Alfa y Omega