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Su Majestad el Rey comenzó su discurso de Nochebuena así: Que mis primeras palabras de esta noche, en que nos reunimos para celebrar el Nacimiento del Hijo de Dios, sean para desearos de todo corazón, junto con toda mi Familia, una Navidad feliz, alegre y en paz. ¿Por qué estas palabras han desaparecido de la información que el religiosísimo El País da de este discurso? Misterio... Muchos otros medios de comunicación resaltaron la acusación de usura al cardenal arzobispo de Nápoles; ahora que la Justicia le ha absuelto plenamente de tan injustas acusaciones, esos medios se han callado la noticia. ¿Por qué? Otro misterio...El ya por pocos días, aún en funciones, Vicario General de San Sebastián ha mantenido una larga conversación con El Diario Vasco, de la que ABC ha ofrecido, en exclusiva, un amplio extracto. Afirma el señor Vicario: Yo sigo pensando que el terrorismo de ETA hunde sus raíces en unas causas, y a mí me parece un inmenso error abordar el problema del terrorismo de ETA como si no tuviera causas, o como si las únicas fuesen la maldad y el fanatismo de algunos. Esto es verdad, pero no toda la verdad. Lo que dice el señor Vicario es verdad, pero no toda la verdad. ETA, como todo lo demás, tiene unas causas. Y también unos causantes. Decir eso es una perogrullada; pero ciertamente, desde hace muchos años, y hoy, la maldad y el fanatismo de algunos son las únicas causas, que, desde luego, no pueden tener cobertura ideológica alguna. Señala el señor Vicario que la Iglesia tiene que estar abierta a todo tipo de contactos y de servicios que puedan favorecer la apertura de vías de diálogo. A todo tipo, no. Con el mal no cabe diálogo, ni hay componendas posibles. Para iniciar un diálogo verdadero es condición indispensable la renuncia previa al mal. Dice Jean Guitton que una cosa es ser razonador, y otra cosa es ser razonable: razonador es el que hace uso de la razón equivocadamente, y, por lo que sea, sustituye la verdad por la apariencia de la razón. El razonable, en cambio, somete su razón a la experiencia y, en el orden del comportamiento y de la moral, no busca tanto construir un sistema para justificarse a sí mismo, como encontrar la medida de la verdad, en proporción a la naturaleza humana. No es verdad que la banalidad, la trivialidad, el mal gusto, y la falta de educación elemental sean ingredientes indispensables de una aceptable programación navideña de televisión. La pasada Nochebuena lo demostró Emilio Aragón, que regaló a los telespectadores una inteligente programación humanísima, sugestiva, de buena música y del mejor humor. Si se quiere, se puede hacer; pero para eso, se necesita saber hacerlo. Y ser inteligente. Gonzalo de Berceo |