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Dejar atrás el período colonial portugués y adaptarse a una nueva y difícil situación política, es la tarea que el ejecutivo de Macao, liderado por el moderado y pragmático Edmund Ho, ha tenido delante de sí. No ha sido fácil la transición y la recuperación de la economía, como el mismo Edmund Ho ha admitido. No cabe duda de que éste es el campo donde el Gobierno ha encontrado más problemas. Durante este año hubo tres manifestaciones violentas en las calles de Macao, desempleados que criticaban al Gobierno de dar puestos de trabajo a gente venida del continente y de otros lugares, en detrimento de la población local. Las imágenes de trabajadores y desempleados luchando contra la policía, usando medios violentos, no se recordaban en Macao desde los años infernales de la revolución cultural en los sesenta. ¿Cómo era posible que, a menos de un año del cambio de soberanía, semejantes manifestaciones violentas tuvieran lugar? El Gobierno apaciguó los ánimos prometiendo ciertos subsidios a los desempleados y creando nuevas estructuras que dieran trabajo a los mismos. Pero esto, ¿por cuánto tiempo? |
| Otro de los puntos que durante este año han tenido pendientes a los periodistas y a la población en general han sido las relaciones del Gobierno de la Región Autónoma Especial de Macao con el Gobierno central chino y las posibles interferencias del mismo. Edmund Ho ha manifestado que, en este campo, las relaciones con el Gobierno central chino son excelentes, ya que siempre el Gobierno comunista respetó la autonomía de Macao, sin interferir en los asuntos internos. Hasta qué punto esto es cierto es difícil de delimitar. Con este panorama se presentaba Macao para recibir al Presidente chino, Jiang Zemin, el pasado 19 de diciembre. Cinco días antes de su llegada, Macao ya tenía los síntomas de una ciudad sitiada por la policía. Calles cortadas a la población, que ha de mostrar carnet de identidad para tener acceso, vías desiertas de coches, hoteles vaciados, como es el caso del hotel al lado del aeropuerto
¿Por qué tanto miedo? ¿De quién tienen miedo?
¿De Falungong? Este radical movimiento cuenta con no más tres docenas de miembros en Macao. Ellos habían pedido permiso para hacer una manifestación el día 20 de diciembre, en tres lugares diferentes, que les fue denegado. Para entonces decían esperaban algunas centenas de miembros del vecino Hong Kong o del extranjero. La policía enseguida enseñó sus modales al detener a dos jóvenes. Resultado: uno detenido y el otro apaleado por la policía, según el diario de Hong Kong, por distribuir panfletos de la secta Falungong. Una razón más que da una idea del sistema de seguridad que ha alarmado a la población de Macao. ¿De la Iglesia católica? La Iglesia católica durante este año ha seguido su actividad sin grandes problemas, al menos aparentemente. El día 19 de diciembre se celebró a las seis de la tarde, hora local, una liturgia de acción de gracias de veinte minutos por el primer aniversario del cambio de soberanía. A ella asistió muy poca gente y una docena de sacerdotes. Se cantó el Te Deum en latín y fue oficiada por el obispo monseñor Lam. Durante este año, las libertades religiosas han sido respetadas. El culto y las manifestaciones externas, como procesiones, han sido, en todo momento, permitidas, como sucedía con el Gobierno anterior. Queda una duda: saber el impacto y la influencia en las autoridades chinas de la canonización de los santos chinos que tuvo lugar, en Macao, el día uno de octubre. Al menos, nada se ha dicho si hubo interferencia por parte de alguna autoridad sobre el calibre que las celebraciones debieran tener, como sucedió en el vecino Hong Kong. ¿De las mafias del casino? Las mafias están demasiado ocupadas en sus negocios y luchas internas como para concentrarse en poner en peligro la figura del Presidente chino. En un mundo donde el turismo y el juego son la salvación de la economía china, las mafias aprovechan este rico pastel para conseguir lo que pueden y a costa de lo que sea. ¿De la población de Macao? Sin duda, no. Una población más bien apolítica e indiferente a los avatares del Gobierno, ya durante el Gobierno portugués, y más interesada en sus propios intereses, no parece ser, ni debiera ser, el destinatario de esta opresión policial en las calles. Quizás sea un dato más que demuestra la falta de confianza del Gobierno central hacia la población de Macao. Agencia Fides |