RetrocesoA&ONº 241/4-I-2001SumarioMundoContinuar
Habla el arzobispo de Jartum, Sudán, monseñor Gabriel Zubeir Waco
 Sudán: fe martirial
Las palabras de monseñor Gabriel Zubeir Waco, arzobispo de Jartum, en Sudán, abren las puertas
a una realidad apartada y desconocida. Sudán es hoy un país africano del que recibimos
poca información, y muchas veces equivocada o manipulada. La realidad de los cristianos
católicos en ese país es dura; casi ilegal, a los ojos de su Gobierno, que pretende islamizar la sociedad
Sudán es un país de muchas razas, religiones y lenguas. Éste es un hecho que debe tenerse en cuenta, porque muchas veces se califica a Sudán como un país árabe o musulmán, cuando en realidad la población árabe, según las estadísticas que maneja la Iglesia católica, suma solamente el 39% de la población. El resto está compuesto por unas cuantas tribus africanas, algunas de las cuales luchan por mantener su identidad. Son precisamente éstas las que se encuentran involucradas en una guerra civil, enfrentándose al Gobierno central, dirigido por musulmanes.

Monseñor Gabriel Zubeir Waco, arzobispo de Jartum, afirmó, en la Conferencia de apertura del II Congreso Trinitario de Granada, que el problema proviene de los Gobiernos que han gobernado en Sudán hasta ahora. Para comprender nuestra situación actual, debemos comenzar a analizar al país desde la época colonial. Ya en aquellos tiempos, los británicos, debido a un cierto temor de que los musulmanes se les opusieran, cayeron fácilmente en sus manos y promovieron el desarrollo del norte de Sudán mucho más que el del sur. Si hoy aún existen algunas personas de mi edad más o menos con cierto nivel de educación, se lo debemos a los misioneros… Después de la independencia, las cosas no cambiaron. Teníamos la esperanza de que todo sería mejor cuando los sudaneses del sur manifestaron su acuerdo, antes de la independencia, de que preferían vivir en un país unido con los sudaneses del norte, con los árabes. Pero no conocían lo que eran los árabes, y ahora estamos aprendiendo la lección.

PROPAGANDA ANTI-CRISTIANA


Después de la independencia, Sudán ha sido gobernado por Gobiernos civiles y militares alternadamente, durante 40 años. Pero tanto unos como otros tenían el mismo propósito de que Sudán llegase a ser un país musulmán y árabe, y todo aquel que no fuese ambas cosas debía llegar a serlo. La situación para los católicos en Sudán ha sido dramática desde el primer Gobierno militar que tuvo el país después de emanciparse del Reino Unido. El Gobierno actual es, en palabras de monseñor Zubeir, otro Gobierno militar, aunque el adjetivo militar es mera fachada. El verdadero golpe de Estado fue preparado por los Hermanos Musulmanes, que consiguieron algunos oficiales para que los apoyaran. La Ley islámica en este caso llega más lejos que nunca y se impone a todos. Hay una fuerza policial especial para supervisar el cumplimiento de dicha ley. Este Gobierno ha introducido en las escuelas un programa educativo totalmente islámico, de manera que, cuando alguien va a una escuela de Sudán para aprender árabe, aprende, de hecho, el Islam… En el sistema actual, aún el funcionariado público está reservado para los musulmanes; hemos llegado al convencimiento de que, incluso nuestros oficiales, aquellos que son llamados ministros o que ostentan cargos públicos, son prácticamente árabes o musulmanes, aunque conserven sus nombres cristianos.

Existe una muy dura propaganda anticristiana —comentaba monseñor Gabriel Zubeir en el Congreso de Trinitarios—; con frecuencia en la radio y la televisión se nos trata casi como infieles y personas que trabajamos en contra del Gobierno; éste no se cansa de repetir: "El Islam es más africano que el cristianismo". El acoso a la gente sencilla, a los misioneros, a los sacerdotes y a toda la Iglesia continúa. Muchos de nuestros sacerdotes y de nuestros fieles son encarcelados. Yo mismo tuve dicha experiencia durante cinco horas.

Desde el año 1969, como explica el arzobispo de Jartum, los católicos sudaneses no han conseguido el permiso necesario para construir una iglesia en el norte de Sudán. Consecuentemente, todos los templos y lugares de oración, en estos momentos, son ilegales, y la policía puede presentarse y destruirlos con total impunidad.

El arzobispo de Jartum afirma contundentemente que, sin duda alguna, lo que ha causado y está causando los peores problemas y hace la vida casi insostenible para todos son las guerras que estamos padeciendo. Las rebeliones en contra del Gobierno han comenzado siempre en el sur del país, y han sido, generalmente, conducidas por cristianos. En consecuencia, el Gobierno y las fuerzas políticas continuamente repiten que los cristianos actúan en contra del país. Ahora el Gobierno afirma que la guerra existente va dirigida contra el Islam, y ,por ello, las autoridades obligan a la gente a levantarse en armas para defender el Islam y el país en contra de los enemigos. Estoy seguro de que vosotros, los occidentales, no oís nada de la situación en Sudán en los términos que acabo de presentar, pero esto se dice por activa y por pasiva en la radio y en la televisión de nuestro país. Posiblemente los ciudadanos del primer mundo oyen que nuestra guerra no reviste un carácter religioso, sino que se trata de la rebelión de un grupo de desgraciados políticos del sur que quieren tomar el poder. Pero, en Sudán, la guerra es una llamada para defender el Islam.

EL DIÁLOGO ES LA ESPERANZA


El diálogo entre cristianos y musulmanes se plantea como una esperanza futura, pero el arzobispo de Jartum lo califica como extremadamente difícil En 1994 hubo un grupo organizado destinado a encontrar una solución y un hueco para la libertad de confesión. Pero el resultado fue negativo. La explicación la da monseñor Gabriel Zubeir: En realidad, no existe ningún problema entre la gente sencilla; surge cuando el Gobierno quiere representar a todos los musulmanes en general, y piensa que el diálogo debe realizarse a través de las estructuras gubernamentales… No se trata de que los cristianos de Sudán no queramos dialogar con los musulmanes, o viceversa; se trata de que se ha querido y se quiere politizar el diálogo. Deben estar presentes también los líderes religiosos musulmanes .

El arzobispo de Jartum clausuraba la conferencia de apertura con unas palabras que podrían resumir el estado de mucha gente en un país que carece de muchos derechos fundamentales: La mayoría de los habitantes del sur del Sudán son esclavos. Algunos, cautivos, porque fueron cogidos por sus amos y tratados a su antojo. Otros, como nosotros mismos, nos consideramos esclavos porque no tenemos libertad para ir donde queremos, no somos libres para pensar y no podemos practicar nuestra fe como deseamos. Ésa es, sin duda, una horrible forma de esclavitud.

Alfa y Omega