RetrocesoA&ONº 241/4-I-2001SumarioRaícesContinuar
Exposición antológica sobre el Patrimonio artístico de la Iglesia en Albacete
Antorcha de un legado
En el 50 aniversario de la creación de la diócesis, y en plena recta final de este gran Año Jubilar, el Obispado de Albacete,
la Junta de Comunidades, el Ayuntamiento de la capital, la Diputación y la Caja Castilla-La Mancha,
entre otras muchas instituciones, han reunido las más importantes obras del patrimonio histórico-artístico que recrean
las huellas del cristianismo a lo largo y ancho de estas tierras manchegas y que hoy enriquecen esta joven diócesis.
Los caminos de la luz consta de más de 225 piezas: esculturas, pinturas, filigranas y orfebrería, retablos...,
datados desde la antigüedad (siglos I-XII) a la Edad Contemporánea
La exposición Los caminos de la luz pretende ser un libro donde se lea visualmente una parte fundamental de la historia de esas tierras albacetenses, definidas desde la época romana por el cristianismo. A estos dos milenios, añadimos también la celebración del 50 aniversario de la creación canónica de la diócesis de Albacete. Volvemos nuestra vista en el tiempo y buscamos en las obras, legadas de nuestros mayores, tanto huellas del cristianismo como los valores estéticos y estilísticos de un lenguaje visual, estrictamente humano, como es el arte, con un contenido intencionadamente religioso.

Como si de un libro histórico y artístico se tratase, esta exposición se ha desarrollado a lo largo de una línea cronológica, con su prólogo y epílogo. Comienza con lo que sería el inicio de la conmemoración: la Encarnación y Natividad, representadas por dos tablas del Maestro de Albacete (siglo XVI), y una imagen del Niño Jesús triunfante, según la estética barroca. El prólogo nos conduce desde la antigüedad tardorromana y paleocristiana (sarcófago de Hellín), por el mundo visigodo y altomedieval, hasta culminar con el Islam (El Tolmo, Alcaraz y Liétor). La Baja Edad Media es el momento de la reorganización cristiana de las tierras albacetenses, reconquistadas por Alfonso VII y Fernando III. El gótico hace su aparición, si bien las manifestaciones artísticas no son demasiado abundantes, y ciertamente tardías (Llanto sobre Cristo muerto, de Alcaraz; y Virgen de la Esperanza, de Peñas de San Pedro).

La Edad Moderna nos ofrece el Renacimiento y el Barroco hasta el Neoclasicismo, con dos momentos brillantes, uno en el siglo XVI y otro en el XVIII; en el primero de ellos, la pintura nos trae obras tales como el Noli me tangere, de Chinchilla, que muestra el tránsito del gótico a los nuevos tiempos; las obras del Maestro de Albacete, de equilibrado sosiego renacentista, continúan para alcanzar su culminación en el Cristo abrazado a la Cruz, de El Greco (El Bonillo), con el que se rompe el clasicismo. El siglo XVII quizá aparezca menos brillante, pero los fulgores del barroco son perceptibles desde el primer momento en obras de Orrente (como su gran retablo de Yeste), junto a otras pinturas tenebristas, flamencas o italianas (Lucas Jordán, La Roda). El siglo XVIII se nos presenta lleno de riqueza, fundamentalmente por el peso de la escuela escultórica murciana (Salzillo y Roque López), más la delicadeza llena de movimiento del mundo barroco napolitano, representado por el exquisito San Miguel Arcángel, de Giuseppe Sarno (Hellín). La pintura nos trae un bellísimo ejemplo de aire cortesano, ya neoclasizante, con el taller de San José, de las Clarisas de Villarrobledo.

Estos tres siglos también se complementan con importantes obras de platería de los más variados talleres y estilos (Francisco Becerril, Juan de Orea, Antonio de Santa Cruz…) y del bordado (ternos de Chinchilla). En la exposición se plasma también el establecimiento de otras órdenes religiosas (Carmelitas, Agustinos, Trinitarios, Justinianas…), que aquí se les representa con algunas obras procedentes de sus conventos de origen. Un tema importante fue la cuestión inmaculista, en la que Albacete tuvo también su protagonismo, al votar su Ayuntamiento, en 1624, la defensa dogmática de la Inmaculada Concepción de María. Así se muestra en el Libro de Actas municipales de aquella fecha y en una serie de obras artísticas de distintas escuelas, en donde se pueden apreciar los variados tratamientos plásticos a una misma iconografía (Castilla, Andalucía, Murcia).

Tampoco podía quedar ajena la presencia de las Indias, que se llena con la figura del arzobispo-virrey don Diego Morcillo, que envió a su pueblo de origen,Villarrobledo, importantes obras artísticas, y con cuadros de Chinchilla de la Virgen de Guadalupe, o un lienzo del pintor mexicano Miguel Cabrera.

En la Edad Contemporánea, en los siglos XIX y XX, el arte religioso pierde en parte el protagonismo que había tenido en épocas anteriores, dando paso así a un eclecticismo y sentimentalismo de menor calado social y artístico. Aquí se incluyen obras de Vicente López, Benjamín Palencia o José Luis Sánchez.

En el ámbito del siglo XX se incardina el establecimiento de la nueva diócesis de Albacete con una serie de piezas simbólicas: un cuadro que representa el interior de la catedral, los retratos de los tres primeros obispos, obra del pintor Miguel Cano, con documentos pontificios y elementos propios del episcopado, para culminar en la imagen de Nuestra Señora de los Llanos, Patrona de la ciudad y de la diócesis, con las mejores galas de aquella coronación que el pueblo de Albacete ofreció en la primavera de 1956.

En el epílogo, aparece un mensaje de permanencia en el tiempo, que nos abre hacia el tercer milenio con una serie de piezas simbólicas: la Virgen ofreciendo a Cristo, junto a los tetramorfos evangélicos (siglo XVI, Tobarra), un misal abierto de hermosos grabados (siglo XVIII, Peñas de San Pedro) y un candelero contemporáneo, con un cirio para iluminar en paz a los hombres hacia el futuro.

Todo esto es nuestro legado, que dejamos como antorcha de Luz recogida de nuestros antepasados.

Luis G. García-Saúco Beléndez
Comisario de la Exposición

¡Qué Cristo viva en Ti, Iglesia en Albacete!

La encarnación de Dios en Jesucristo, el motivo del Año Jubilar, es la nueva y definitiva oportunidad que Dios da al hombre, una oportunidad de gracia permanentemente abierta para todos los hombres a ver si dan fruto. La Buena Noticia que Jesús proclama y que Jesús encarna es que Dios nos ama; pero lo es también que este amor se convierte en nosotros en fuente de vida y amor, y en frutos de bien para nosotros mismos y para todos. Jesús despierta en nosotros, en todos, la esperanza: tenemos remedio, podemos dar fruto. Nuestra Iglesia lleva 50 años peregrinando, por sus caminos ha pasado Dios. Nosotros hoy, al celebrarlo en la acción de gracias, queremos advertir las huellas de ese paso de Dios por nuestra historia, para seguir siendo fieles a sus caminos y a su presencia.

+ Franciso Cases Andreu obispo de Albacete

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