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Según el Papa Juan Pablo II, el Apostolado de la Oración, durante siglo y medio de vida, ha creado una profunda comunión de oración entre centenares de millones de creyentes. Éste es el secreto de su eficacia universal: la entrega total de Jesús: Aquí estoy... Lo mismo en los años tranquilos de Nazaret que, más tarde, en la contradicción; de modo especial en sus dolores, agonía y muerte en cruz. Decisión irrevocable de su voluntad humana abierta al amor... para que el mundo se salve. Ninguna circunstancia lo pudo impedir: ¡Todo está cumplido! Oblación por nosotros fue toda su vida, desde el corazón
¡Aquí estoy! , sigue diciendo con nuevo ardor hoy en el Apostolado de Oración. Su ofrecimiento no es arranque momentáneo de un sentimiento pasajero. Surge de una adhesión personal a Cristo Jesús y a su voluntad salvadora. Ofrecerán todas sus personas , dice san Ignacio en sus Ejercicios Espirituales. Ofrecer todas mis cosas y a mí mismo con ellas. Unidos a Cristo, nuestra entrega es una decisión consciente, elección, donde está presente la persona, el corazón en profundidad Respuesta del corazón humano al Corazón de Cristo, dice el padre Kolvenbach. Impresiona la imagen última que pudimos ver de su figura mortal: el pecho abierto por la lanza, su Corazón atravesado ; y sorprende el alcance profético de Juan vislumbrando el futuro: Mirarán al que traspasaron Ofrenda y requerimiento entrañable para todos los tiempos, para toda persona y en cualquier situación por dura que sea Entrega total y definitiva, perpetuada en el sacrificio eucarístico, a la espera de que el corazón humano responda y se asocie Nadie queda excluido. ¡Maravilla de solidaridad! |
| Corazón redentor de Jesús, Apostolado de la Oración y Eucaristía, inseparablemente vividos, confluyen en un caudal único de vida sobrenatural. Tanto estima el Papa la fuerza de este Apostolado que cada mes le propone dos intenciones de actualidad. El Apostolado de la Oración las acoge con cariño y las hace objeto de su ofrenda por el mundo entero. Esto es sentir con la Iglesia. Y, con motivo del 150 aniversario, Juan Pablo II pide al Apostolado de la Oración la propia entrega entusiasta a la nueva evangelización.
Así nació en 1844 el Apostolado de la Oración, con empuje misionero, evangelizador. Eran todavía estudiantes jesuitas y querían ir, como Francisco Javier, a tierras lejanas. SIN SALIR DE LA VIDA ORDINARIA
Formados en los Ejercicios Espirituales de san Ignacio, no tardaron mucho en conocer la voluntad de Dios: Ofrecer toda su persona en favor de las misiones en la oración y en el quehacer de cada día. Sin salir de la vida ordinaria podían ser santos y misioneros. En su situación concreta, éste sería el apostolado más fecundo y evangelizador. Desde el corazón, podrían llegar hasta los confines de la tierra. Así fue el apostolado fundamental y eficaz de la madre de Jesús. María, en su vivir oculto y sencillo, también saturado de dolor y de cruz, supo ofrecerse a sí misma, diciendo en todo momento: Aquí está la esclava del Señor Y esta sintonía total de su Corazón con el ofrecimiento de su Hijo, transformó la natural pequeñez de esta mujer en la más perfecta y fiel colaboración de una pura criatura en la obra universal de Redención. Su Corazón será ya el modelo para asemejarnos y asociarnos con Jesús. La voluntad que se abre al amor Ahí también hunde sus raíces el apostolado y acción exterior, exigencia amorosa de la oblación personal; desde dentro El Apostolado de la Oración por medio del ofrecimiento diario enciende en el fervor de la acción (Pío XII). Pero esto no siempre está en nuestra mano Circunstancias personales pueden condicionar la actividad exterior. El Apostolado de la Oración va más allá de cualquier situación Su eficacia reside en lo oculto del corazón, donde la gracia bautismal se desarrolla suscitando actitudes personales y amores profundos; en el centro y mitad, diría Teresa de Jesús, donde la secreta acción del Espíritu nos conforma y asocia con Jesús, Hijo de Dios. ¡Misterio de solidaridad redentora! Nosotros en Él y por Él (sea cual fuere la circunstancia de vida) vamos llenando lo que falta al desarrollo pleno de su Redención universal. Nada podrá ya impedir en nosotros (quizás también crucificados y con el corazón roto) los ríos de agua viva del Espíritu , apostólica fecundidad. Espiritualidad bautismal al alcance de cualquier cristiano. El Apostolado de la Oración es compatible con cualquier estado de vida. Deseable para todas las asociaciones. Así lo han repetido los Papas, con un gran deseo de que todos practiquemos este Apostolado, todos los cristianos, sin excepción (Pío XII). Hoy más precioso que nunca para la Iglesia (Juan Pablo II). Forma significativa de la nueva evangelización (padre Kolvenbach). José Ramón Bañares, S.J. |