RetrocesoA&ONº 242/11-I-2000SumarioDesde la feContinuar
Oración por la Paz
La idea nació de un político catalán (Josep Miró i Ardevol), y junto con otros amigos laicos la hemos puesto en marcha en Barcelona. Es muy sencilla: reconocer que Dios lo puede todo y que nosotros, los hombres, no somos capaces de construir la paz en Euskadi (es interesante notar que hasta los no creyentes reconocen la impotencia de los políticos para resolver este problema). Por eso, celebramos una Misa todos los terceros miércoles de mes en la parroquia de San Agustín de Barcelona, desde el pasado 15 de noviembre, para pedir a Dios la Paz para el País Vasco y para toda España. Deseamos vivamente que la iniciativa se extienda al resto de Cataluña y de toda España. Creemos firmemente que sólo mirando a Cristo, verdad del hombre, podemos encontrar una actitud verdadera para afrontar un problema tan complejo, superando los proyectos humanos —más o menos ideológicos— de cada uno y de cada partido. Pedir por la paz significa también pedir por nuestra conversión, recuperar un nivel de humanidad capaz de abrazar las diferencias, capaz de perdón.

Expresamos una condena clara y firme de la violencia como método político —y en particular los abominables asesinatos de gente inocente—, pero reconocemos también que la Paz de Cristo es mucho más que la ausencia de violencia: es la capacidad donada a los hombres de vivir una unidad más grande y más fuerte de todas nuestras diferencias. No nos basta que se deje de matar: queremos que se pueda vivir una unidad lo más grande posible con todos los hombres, sabedores de que culturas diferentes no significan la imposibilidad de la unidad; al contrario, la enriquecen. En los días pasados del aniversario de la Constitución y del reinado de Juan Carlos I, tenemos ejemplos muy bonitos de convivencia y tolerancia, que nacen de la aceptación de las diferencias.

Justamente la experiencia vivida de trabajar juntos para esta iniciativa de la Oración por la Paz, que hemos compartido gente de ámbito político, o eclesial, diferente, nos lo confirma, porque creo que hemos sido capaces de no poner delante nuestras posibles diferencias de opción política, sino el amor a la verdad y el respeto a la persona humana y a todas las sensibilidades. Hemos invitado a esta iniciativa a los políticos de Barcelona, y en particular a los que sabemos que son creyentes, con la esperanza de que pueda servir también como momento de encuentro y para fomentar un diálogo a partir de la verdad del hombre (y no del proyecto de cada uno). A título de ejemplo, ha participado también el Alcalde de San Adrián de Besós —ciudad castigada recientemente con la muerte de uno de sus concejales—, con el que nos sentimos profundamente unidos, independientemente de compartir o no su proyecto político. Queremos que quede claro que lo nuestro es un gesto religioso y no político (aunque inevitablemente tenga un significado político; pero no es el gesto de ningún partido). Ojalá esta iniciativa se extienda y ayude a crear esa civilización de la verdad y del amor, como nos pide el Santo Padre.

Giorgio Chevallard