RetrocesoA&ONº 242/11-I-2000SumarioDesde la feContinuar
No es verdad
La libertad silenciada era el título de un artículo con el que el diario El Mundo obsequió a sus lectores nada más comenzar el año nuevo. Lo firmaba Fernando Torres Pérez, sacerdote y director de Publicaciones Claretianas, a quien el diario presentaba como uno de los más altos responsables de la orden claretiana en España. Comienza afirmando que la jerarquía de nuestra Iglesia está acallando a los teólogos. Ocho líneas más abajo, dándose cuenta de que lo que afirma no es verdad, reconoce: Tampoco es un ataque general contra los teólogos. Se dirige contra algunos; y dos líneas más abajo, todavía concreta más: Aquellos que han ido haciendo su teología. Efectivamente: en ese sutilísimo su está la madre del cordero, porque los teólogos ¿han de hacer simplemente su teología, la que a ellos les parezca, o, si son teólogos católicos, han de hacer la teología que un teólogo católico debe hacer?

De que no es verdad lo que denuncia el título del artículo, la libertad silenciada, es prueba incontrovertible la publicación de este artículo, y de tantos otros parecidos a éste, en diarios y revistas. El autor achaca a la jerarquía eclesiástica que se cree dueña en exclusiva del Espíritu, y toca a rebato: Es tiempo de rebelarse en nombre de la obediencia al Espíritu. ¡¿Obediencia?! A que va a resultar que elEspíritu es exclusiva suya... Más que de un artículo, se trata de una acumulación de contradicciones, que no resiste el menor análisis serio y objetivo. ¡Qué cierto es que los pájaros no saben de ornitología! ¿O don Fernando Torres Pérez es de los que creen que sólo existe la verdad de que la verdad no existe?

Miguel Ángel Rodríguez, que tiene muy buenas razones para conocer a fondo a don José María Aznar, publicó recientemente un artículo titulado Cálmese la Iglesia, que Aznar tiene mal genio. Contaba una anécdota, según él, por lo visto, muy elocuente: nada más llegar a la presidencia del PP, a una alta autoridad eclesial que le pedía claridad y coherencia sobre el aborto, Aznar le respondió: Yo, personalmente, soy contrario al aborto, pero el partido es laico. El diálogo siguió, y Aznar preguntó: El domingo, ¿pedirán en las homilías el voto para el PP? Respuesta: Nosotros no podemos ser partidistas. Y Aznar, según Miguel Ángel Rodríguez le remató: Y entonces, ¿con qué derecho la Iglesia me pide a mí nada? Miguel Ángel Rodríguez no cuenta si hubo respuesta por parte de la alta autoridad eclesial. Por si les sirve a Aznar y a Miguel Ángel Rodríguez, bien podía haber sido ésta: Porque —cálmense vuestras mercedes— la Iglesia nunca ha dicho que sea de Aznar, ni del PP, mientras que a la inversa sí. Ésa es la pequeña diferencia... Claro que igual de chungo, o peor, es lo de doña Leyre Pajín, diputada y nueva ideóloga del PSOE, que afirma: La afiliación de cristianos en un partido de izquierdas conlleva dejar la fe para la vida privada, y asumir los valores del partido. ¡Toma castaña! Ante esto, ¿quieren comprender algunos que lo del mal menor y el bien posible tiene validez permanente, por encima de las incoherencias de unos y de otros?

Gonzalo de Berceo