La libertad silenciada era el título de un artículo con el que el diario
El Mundo obsequió a sus lectores nada más comenzar el año nuevo. Lo firmaba Fernando Torres Pérez, sacerdote y director de
Publicaciones Claretianas, a quien el diario presentaba como
uno de los más altos responsables de la orden claretiana en España. Comienza afirmando que
la jerarquía de nuestra Iglesia está acallando a los teólogos. Ocho líneas más abajo, dándose cuenta de que lo que afirma no es verdad, reconoce:
Tampoco es un ataque general contra los teólogos. Se dirige contra algunos; y dos líneas más abajo, todavía concreta más:
Aquellos que han ido haciendo su teología. Efectivamente: en ese sutilísimo
su está la madre del cordero, porque los teólogos ¿han de hacer simplemente
su teología, la que a ellos les parezca, o, si son teólogos católicos, han de hacer la teología que un teólogo católico debe hacer?
De que no es verdad lo que denuncia el título del artículo, la libertad silenciada, es prueba incontrovertible la publicación de este artículo, y de tantos otros parecidos a éste, en diarios y revistas. El autor achaca a la jerarquía eclesiástica que se cree dueña en exclusiva del Espíritu, y toca a rebato: Es tiempo de rebelarse en nombre de la obediencia al Espíritu. ¡¿Obediencia?! A que va a resultar que elEspíritu es exclusiva suya... Más que de un artículo, se trata de una acumulación de contradicciones, que no resiste el menor análisis serio y objetivo. ¡Qué cierto es que los pájaros no saben de ornitología! ¿O don Fernando Torres Pérez es de los que creen que sólo existe la verdad de que la verdad no existe?