RetrocesoA&ONº 242/11-I-2000SumarioDesde la feContinuar
Con ojos ...de mujer
Me ha tocado la lotería
Qué bien!, afirma mi marido, escéptico al leer este encabezamiento, pues nunca me ha tocado ni un globo en una rifa. Lo peor es que tengo la absoluta certeza de que jamás me tocará, porque no lo necesito. A fin de cuentas, si lo pienso bien, puedo afirmar que me han tocado muchos premios importantes a lo largo de la vida. Por supuesto que mi mundo no es perfecto. En él existe el dolor, el sufrimiento, la angustia, la soledad, la incomprensión... En él tienen cabida los problemas, las incertidumbres y las chinas en el zapato. Por él campan personas que dan la lata, que te meten el dedo en el ojo, o que simplemente no te dejan vivir tranquilo. Pero si cada uno de nosotros rebusca un poco en su bolsillo, encontrará algún premio más o menos importante —o simplemente una pedrea— por el que dar gracias a Dios.

Y aunque ante los ojos humanos hay personas que tendrían que rebuscar mucho para encontrar su premio, es cierto que a todos nos ha tocado un gordo indiscutible: el Niño Dios ha nacido en nuestras casas, en nuestros corazones. Este Premio de Navidad se hace especialmente presente en los enfermos, en los abandonados, en los que sufren... E igual que hacemos un regalo al que nos ha vendido el décimo agraciado, deberíamos ir a dar las gracias al pequeño Dios, visitándolo en el que sufre, en el que está solo, o acordándonos al menos de llamarle por teléfono.

No quiero quitar todavía el Nacimiento. Hoy es tiempo de gracias, hoy —pasadas las luces, las compras y el turrón— es tiempo de compartir ese bien tan preciado que es nuestro propio tiempo.

Carla Díez de Rivera