RetrocesoA&ONº 242/11-I-2000SumarioEn portadaContinuar
Desde el respeto y la comprensión recíprocos
Cristianismo e Islam no deben competir
El Islam —en España su presencia aumenta de día en día— ha plantado sus raíces en Europa.
Un tiempo relegado a la incumbencia privada de los inmigrantes provenientes de los países
de cultura musulmana, ha adquirido a estas alturas una visibilidad social y política, reclama derechos
y se propone como un nuevo protagonista del Viejo Continente. Mientras asume connotaciones
europeas, influencia la sociedad en la cual se ha sedimentado. Una realidad difícil de fotografiar
con una sóla instantánea, que, como señala una y otra vez Juan Pablo II, supone todo un reto
a asumir a través de una educación en el diálogo, en el respeto, en el conocimiento y en la comprensión recíproca
Benjamín R. Manzanares

La acción concreta de caridad hacia cada ser humano que se encuentre en la necesidad y en la pena es un compromiso necesario. Pero, particularmente cuando se trata de musulmanes, pastoralmente esto no basta. Es necesario preocuparse también y adquirir preliminarmente un conocimiento no epidérmico del Islam, tanto de sus contenidos doctrinales como de sus intenciones y reglas de comportamiento. Son palabras de la Conferencia episcopal de la región italiana de Emilia Romaña, que presidida por el arzobispo de Bolonia, cardenal Giacomo Biffi, ha decidido publicar el cuaderno Islam y cristianismo, sin duda de gran interés también para España, elaborado por el Doctor Davide Righi, del Estudio Teológico de Bolonia, como pequeño instrumento de información que ofrecemos, antes de todo, a sacerdotes, diáconos y a quien desarrolla una función activa en la vida eclesial, pero también a todos los que están realmente interesados en los problemas de nuestro tiempo, y, de una forma señalada, a los responsables de la vida pública.

En la presentación hacen notar cómo una atención serena y lo más objetiva posible a la realidad islámica no se puede reducir a un mero cuidado operativo de asistencia y ayuda. En realidad, junto a nuestra necesidad de conocer las convicciones, los usos, la mentalidad de los recién llegados, ellos tienen también el deber moral de conocer las convicciones, los usos y la mentalidad de las poblaciones en las cuales piden integrarse. Se les pide que se aproximen con respeto y con ánimo abierto a nuestro mundo, como corresponde a quien llega no a una tierra desierta y salvaje, sino a una cultura milenaria y a una civilización de gran y universalmente reconocido prestigio. En caso contrario, podrían con razón ser acusados de aquella insensibilidad y arrogancia hacia el país que los hospeda que más de una vez le han reprochado a un cierto tipo de colonialismo en el pasado. El arzobispo de Bolonia recordaba recientemente cómo no llegan a un páramo semidesierto o deshabitado, sin historia, sin tradiciones vivas y vitales, sin una inconfundible fisonomía cultural y espiritual, que se pueda poblar indiscriminadamente, como si no hubiera un patrimonio típico de humanismo y de civilización que no se debe perder.

El cristianismo —han escrito los obispos italianos— no es comparable al Islam, por lo que no debería darse lugar a ningún tipo de ansiedad por una "competencia religiosa". Nuestra preocupación, sin embargo, va hacia aquellos que, entre nosotros, por desgracia, no conocen ya el don de Dios y, por lo tanto, están expuestos a todas las adversidades existenciales. No se teme, por lo tanto, un proselitismo islámico: Para quien es verdadermente cristiano, el hacerse musulmán es la más improbable de las tentaciones que se le puedan ocurrir. Y no porque el cristianismo sea una religión mejor que el islamismo: simplemente es incomparable. Porque no es simplemente una religión, sino un hecho que implica a toda la persona y la diviniza. Los pocos casos de conversiones al islamismo son comentados así: El vacío de verdad y de sentido, propio de la mentalidad escéptica difundida en Europa, es rellenado de un modo ventajoso por una religión que pide sólo un acto de fe en Dios y parece no poseer dogmas, misterios, estructuras jerárquicas, ritos sacramentales.

Los obispos consideran además insuficiente limitarse a un acercamiento puramente cultural con el Islam, e invitan a la comunidad cristiana a escuchar también a quien conoce y da testimonio, por experiencia directa, del comportamiento de los musulmanes (donde su voluntad es determinante) con respecto a los otros: su dureza en el exigir que los demás se adapten a sus normas de vida, su sustancial intolerancia religiosa ampliamente comprobada en muchos países, sus intenciones de conquista (que además no ocultan). La presentación del documento italiano concluye con un llamamiento a los políticos que no pueden dejar sin respuesta pertinente los interrogantes de sentido común que se hacen: ¿cómo se piensa hacer coexistir el derecho familiar islámico, su concepción de la mujer, la poligamia, la identificación de la religión con la política —todas estas cosas de las que los musulmanes no sólo no desisten, sino que, si tienen fuerza, las imponen— con los principios y las reglas que inspiran y gobiernan nuestra civilización?

El informe presentado por don Davide Righi, del Estudio Teológico de Bolonia, se divide en tres capítulos: el primero está dedicado a las diferencias sustanciales que distinguen a las dos religiones: la unicidad de Dios en el Islam niega la Trinidad del catolicismo, y siDios no es comunión de personas que llama a la comunión consigo, el hombre no puede llamarle Padre, sino que ha sido creado para ser siervo; para el Islam Dios es inefable e incognoscible, en el cristianismo Dios se ha dado a conocer en Jesucristo; el Islam no conoce la palabra "persona", la fuente de los derechos es la comunidad islámica; en los países islámicos, los cristianos son considerados a menudo ciudadanos de segunda categoría; para los musulmanes la revelación, por obra de Mahoma, se concretó en el Libro Sagrado, por el contrario para los cristianos se ha ido manifestando desde el principio de la Historia y tiene en Cristo su culminación, asociar musulmanes, hebreos y cristianos como "religiones monoteístas" o "religiones del Libro" revela ya una mentalidad coránica; el Islam no tiene la idea de Estado laico, no olvidemos que, mientras la Biblia contiene un código religioso, el Corán no es sólo un código religioso, sino también político. No pensemos ingenuamente que en las mezquitas se recibe sólo una catequesis espiritual, puesto que el Islam es política, economía, cultura y sociedad. El diario italiano Libero acaba de dar la noticia de un documento secreto para los islámicos que viven en Occidente, titulado Entrenaos para matar, en el que se dan órdenes perentorias según las cuales todo buen musulmán tiene la obligación moral de participar en el esfuerzo militar para complacer a Alá.

Este lunes Radio Vaticano confirmaba la noticia de que en Afganistán se ha establecido la pena de muerte para los misioneros, así como para quien se convierta al cristianismo. Éste es un tristísimo ejemplo de la intolerancia que reina, en general, en muchos de los países islámicos.

El segundo capítulo del cuadernillo, editado por Ediciones Dehonianas, ofrece un análisis sobre la situación de la presencia del Islam en Italia. La tercera parte del texto está dedicada a la perspectivas.

LA SITUACIÓN ACTUAL


La presencia de inmigrantes de fe islámica en las diócesis y parroquias italianas, desde hace más de 15 años, es una realidad en continuo crecimiento. Esta presencia —observa don Righi— no se plantea como transitoria, visto que las reunificaciones familiares están acrecentándose en nuestro territorio. A pesar de que no se pueda atribuir este proceso a una estrategia conjunta realizada por Gobiernos, países u organizaciones de inspiración islámica claramente identificables, muchos se preguntan, sin embargo, si el Islam, sobre todo a través de la inmigración y de una natalidad superior al promedio, no está invadiendo poco a poco Europa para transformarla en "tierra de Islam". La situación es tal que que los musulmanes no hacen ningún misterio de sus intenciones de conquista.

Respecto a los inmigrantes clandestinos y a la explotación de mano de obra, desde ya hace bastantes años —señala el informe— las comunidades eclesiales católicas se han visto interpeladas para ayudar a estos inmigrantes a afrontar problemas como la lengua, el alojamiento, el hallar lo necesario para vivir, y otras exigencias varias. Sin embargo, hay que tener también en cuenta que hay grupos sociales que no tienen ninguna intención de "integrarse" en el sistema social al que llegan, en cuanto que no comparten la "cultura" entendida en sentido propio, sino que son portadores de otra cultura-religión: el Islam.

Al final del informe, hay una serie de indicaciones para la comunidad cristiana respecto a la catequesis, las Cáritas parroquiales y los matrimonios mixtos. En lo que respecta a la catequesis, considero oportuno —escribe el experto— explicar con toda claridad los rasgos característicos de una identidad católica, también en contraposición explícita a la fe islámica, en el caso de que se sienta tal necesidad. El encuentro con el Islam puede favorecer el descubrimiento, por parte de los cristianos, de algunas tradiciones que corren el riesgo de perderse. El llamamiento a los párrocos es también para que sepan iluminar a los propios fieles con el fin de evitar cualquier forma de integrismo cristiano que no sabe ver con serenidad los términos del problema y que cede a fáciles generalizaciones.

Por lo que respecta a las Cáritas parroquiales, la indicación es la de conjugar una solidaridad con las familias menos pudientes con un testimonio y anuncio de la propia fe —evitando así el proselitismo—.

Respecto a los matrimonios mixtos, don Righi indica dos deberes: nombrar en cada diócesis a una persona especializada en acompañar a estas parejas, y ofrecer una información completa y actualizada sobre las leyes y los estatutos familiares de los países de procedencia de la inmigración islámica.

El cristiano árabe Samir Khalil Samir, profesor en el Instituto islámico-cristiano de la Universidad de Saint-Joseph, de Beirut, recuerda algunas cosas que hay que saber al hablar del Islam: En la tradición musulmana, la mezquita es el lugar donde la comunidad se reúne para resolver todo lo que le concierne: cuestiones sociales, culturales, políticas, así como para rezar. Todas las decisiones de la comunidad se toman en la mezquita. Querer limitar la mezquita a "un lugar de oración" es hacer violencia a la tradición musulmana. El viernes a mediodía, la comunidad se reúne para la oración pública seguida por el discurso, no predicación, que afronta cuestiones del momento: políticas, sociales, morales, etc… Las decisiones políticas más importantes salen de la mezquita. En la historia musulmana, casi todas las revoluciones y levantamientos populares han partido de las mezquitas. La "jihad" o "guerra hacia el camino de Dios", obligación de todo musulmán para defender a la comunidad, viene proclamada siempre en la mezquita.

No se puede olvidar que el espacio dedicado a la oración de los viernes es considerado por los musulmanes sagrado —afirma este sacerdote jesuita nacido en Egipto—, y permanece para siempre como atributo de la comunidad, que decide quién tiene la facultad de ser admitido y quién lo profanaría. Por este motivo, no se puede dar un terreno, por ejemplo, por 50 años, para edificar una mezquita; este terreno no se podrá nunca más recuperar.

LA EUROPA DE LAS MIL MEZQUITAS


El sociólogo Stefano Allievi, docente en la Universidad de Padua, señala cómo sólo hace 40 años al Islam se le consideraba una realidad exótica, totalmente extraña a Europa. En la Unión Europea hoy viven entre 10 y 12 millones de musulmanes, algunos de cuarta generación, y aumenta el número de los que han adquirido la ciudadanía de los países en los que residen, y de los conversos. En Francia, donde los musulmanes son 4 millones, el número de mezquitas ha superado las mil, aunque sólo 8 se hayan edificado según los canones arquitectónicos tradicionales con cúpula y minarete, y la gran mayoría se trate de salas de oración y reunión localizadas en apartamentos, garajes y sótanos.

En Gran Bretaña su número es tan alto y en continua evolución, que ya no se hacen más censos: sólo en Birmingham se cuentan 100 salas de oración y 10 mezquitas tradicionales colocadas en posiciones bien visibles incluso desde fuera de la ciudad. En Suecia y Suiza las estimaciones hablan de un centenar de lugares de oración; en Portugal ya se han construido 4 mezquitas con cúpula y miranete, con financiación saudita, pero también de otra procedencia.

En España, el número de musulmanes reconocidos oficialmente —unos 250.000—, junto con los que están de una forma clandestina, ronda entre los 450.000 y el medio millón. Son datos del Centro para el Diálogo Islamo-Cristiano Darek-Nyumba. Su director, el padre Emilio Galindo, nos da algunos datos acerca del número de mezquitas en España: Grandes mezquitas propiamente dichas (aparte de otras menores) hay dos en Madrid (la de la M-30 y la del Barrio de Tetúan), una en Valencia, otra en Marbella, y una más en Fuengirola; la de Barcerlona está aún sin inaugurar; y la del Albaicín, de Granada —ya hay quien se pregunta ¿Granada, mora o cristiana?—, está todavía en construcción. En cuanto a salas de oración, hay más de un centenar.

Un ejemplo significativo es el de Córdoba, donde de una forma callada, desconocida o ignorada por muchos, hay tres focos importantes de divulgación del Islam: la Universidad Islámica Averroes, el Centro de Publicaciones y la Torre de Calahorra.

Esta última, una de las torres más bellas de Córdoba, ha sido cedida por el Gobierno municipal de Izquierda Unida a la Fundación Roger Garaudy, durante cuarenta y nueve años. En ella, se ha instalado un museo en el que se presenta una visión idealizada del mundo islámico. Además del respeto del Corán por la naturaleza y la belleza de sus creaciones artísticas, por los auriculares durante la visita se nos insiste en la separación absoluta de lo material y espiritual e informan de la tolerancia del Gobierno califal frente a la sociedad teocrática cristiana con los religiosos cómplices de los tiranos; de la serenidad de la arquitectura de la Mezquita frente a la angustia insalvable del gótico.

El Centro de Documentación y Publicaciones edita una revista y varios libros, algunos de ellos subvencionados por entidades municipales, como hizo el Ayuntamiento de Córdoba con Islam y Arte Contemporáneo, de Hashim Cabrera. Al comentar la invasión musulmana en el siglo VIII, el autor considera que no hubo tal invasión, sino que la sociedad visigoda de finales del siglo VII fue evolucionando espontáneamente hacia la mentalidad islámica. Se trata de una de tantas tergiversaciones de la Historia que hoy tanto proliferan.

Con cerca de cien alumnos, la Universidad islámica Averroes, en plena judería cordobesa, tiene como Rector a Alí Ketani, considerado descendiente del Profeta. La Universidad, que ofrece becas subvencionadas por particulares de todo el mundo islámico, está respaldada por una Fundación compuesta por personalidades como Ben Bella, viejo león de la política argelina, un ex Presidente de la UNESCO o un Príncipe jordano.

EDUCACIÓN EN EL DIÁLOGO


En Francia, donde la minoría musulmana alcanza ya los cuatro millones de habitantes —la mitad de ellos con pasaporte francés—, ha surgido un nuevo fenómeno educativo: algunos padres de religión musulmana prefieren enviar a sus hijos a las escuelas católicas. Según un informe publicado por Simona Serafini, en Francia se está dando un movimiento de los alumnos de religión musulmana hacia las escuelas católicas por ser más tolerantes que las instituciones estatales.

Los valores espirituales, el respeto a Dios y a los demás, son cosas que no encontramos en las escuelas públicas, comenta un padre musulmán que lleva a sus hijos a una escuela católica de Marsella. Prefiero que mis hijos vayan a una escuela católica que a una escuela coránica. En una escuela católica, los chicos tienen una posibilidad mayor de integrarse. Además —afirma este padre—, ¿no es verdad que musulmanes y cristianos creen en un único Dios "que ha creado el mundo y conduce a sus criaturas a la perfección"?

El Papa ha invitado recientemente a aceptar el reto de la multietnia, a no cerrar las puertas del corazón, y buscar una integración respetuosa, en la legalidad, pero también en la acogida. El pasado septiembre, Juan Pablo II enviaba al nuevo embajador de la República Árabe de Egipto una misiva en la que expresa su deseo de una nueva era de verdadero diálogo religioso y cultural entre el Islam y el cristianismo: En un mundo tan marcado por la violencia es amargamente irónico que incluso ahora algunos de los peores conflictos sean entre creyentes que adoran al mismo Dios, que miran a Abraham como un santo Patriarca y que buscan seguir la ley de Sinaí. Cada acto de violencia hace cada vez más urgente que los musulmanes y cristianos de todo el mundo reconozcan las cosas que tenemos en común, den testimonio de que todos somos criaturas del único Dios misericordioso, y se pongan de acuerdo, de una vez por todas, sobre el hecho de que recurrir a la violencia en nombre de la religión es completamente inaceptable. Especialmente cuando la identidad religiosa coincide con la identidad cultural y étnica, es un deber solemne para los creyentes asegurar que el sentimiento religioso no sea usado como una excusa para el odio y para el conflicto.

Con motivo del reciente final del Ramadán, la Santa Sede envió un mensaje a los creyentes en el profeta Mahoma, en el que se señala cómo educar en el diálogo es un deber de los cristianos y los musulmanes. Las Naciones Unidas han proclamado el 2001 como Año Internacional del Diálogo entre las Civilizaciones. Cada uno de nosotros está llamado a favorecer este diálogo en sus diferentes aspectos, de modo que se puedan apreciar los valores de las otras culturas y de las otras religiones, afirma el cardenal Francis Arinzé, Presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso.

El hombre a quien Juan Pablo II ha encomendado el diálogo oficial con las religiones (a excepción de las cristianas y del judaísmo) propone a los musulmanes insistir en la educación en el diálogo de los jóvenes: El acompañamiento que se da a lo largo de los caminos de la vida deberá tomar en consideración esa preparación necesaria para vivir en una sociedad de pluralismo étnico, cultural y religioso. Es una educación en los valores fundamentales de la dignidad humana, de la paz, de la libertad y de la solidaridad.