RetrocesoA&ONº 242/11-I-2000SumarioEspañaContinuar
Cardenal Carles : Se acaba el Jubileo ,pero nos queda lo principal: Cristo
5.000 fieles en la Eucaristía
de la Sagrada Familia, de Gaudí
Por primera vez, el pasado 31 de diciembre, el templo expiatorio de la Sagrada Familia, obra genial del arquitecto
catalán Antoni Gaudí, acogió a 5.000 fieles en la solemne Eucaristía presidida por el arzobispo de Barcelona,
cardenal Ricard María Carles, con motivo de la fiesta de la Sagrada Familia y de la clausura del Año Jubilar
Demos gracias a Dios por los frutos del gran Jubileo ha sido el mensaje del cardenal Carles a los 5.000 fieles reunidos bajo la bóveda central del templo expiatorio de la Sagrada Familia. La altura y la belleza de las torres de este singular templo inacabado, visibles desde muchos lugares de la ciudad de Barcelona, son un signo y un testimonio de nuestra comunidad cristiana que quiere alabar a Dios, en reparación de los pecados del mundo, y vivir el amor a Dios y a los hermanos, recordó el cardenal durante la homilía. Hacía mucho frío, ya que el viento entraba por las ventanas aún sin vidrieras, pero los asistentes eran conscientes del privilegio de participar en esta primera Eucaristía. La elevación material de las torres de la Sagrada Familia —continuó el arzobispo de Barcelona— es una invitación a elevar los niveles de espiritualidad, de vida moral y de solidaridad hacia los más pobres y necesitados. Gaudí quería esto: que viendo el "Sanctus, Sanctus, Sanctus" escrito en las torres, los ciudadanos alabasen a Nuestro Señor, fuesen buenos hijos de la Iglesia y buenos ciudadanos.
A continuación, en unión con la Iglesia universal, el cardenal Carles invitó a los fieles a dar gracias a Dios por los frutos del gran Jubileo y a ser mensajeros del Evangelio. Ante el nuevo siglo y el nuevo milenio —dijo también el cardenal—, este templo todavía inacabado nos recuerda que hemos de seguir caminando como Iglesia, hemos de ir construyendo día tras día el templo espiritual de la Iglesia, formada por las piedras vivas que son los cristianos y las cristianas. Dispongámonos a hacerlo con humildad, con alegría y con valentía. Si somos conscientes de nuestras limitaciones, también hemos de serlo de la promesa de Jesús que hoy actualiza con tanta fe y tanta fuerza el Santo Padre Juan Pablo II: "¡No tengáis miedo!" Jesús nos ha prometido que estará siempre entre nosotros, a lo largo de los siglos y de los milenios, hasta el fin del mundo.

También, el arzobispo de Barcelona animó a los asistentes a ser testigos valientes de la fe con obras y palabras, dando razón de nuestra esperanza a todos los que nos lo pidan. Anunciando a Jesucristo y proponiendo su Evangelio, no como una imposición pesada sino como una liberación. Y recordó que, aunque termina el Jubileo, queda lo principal: Cristo esta con nosotros. Nos queda la cruz, que Gaudí puso en la parte más alta de este templo, como la ponía en todas sus obras. La cruz signo de la solidaridad de Cristo con los hombres y signo de la dramática caída de los hombres. Nos queda la Eucaristía que quiere ser el motor de nuestra vivencia cristiana a lo largo de toda la semana y nos alimenta con la Palabra y el Sacramento.

I. V.