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Un grupo de curas de Bizkaia, ciudadanos como otros, ante la situación que vive nuestra sociedad, queremos añadir nuestra palabra a tantas otras como se han dicho y se siguen diciendo: Estamos viviendo el tiempo de Navidad. Queremos inaugurar con esperanza un nuevo siglo y un nuevo milenio. Deseamos, en este momento más que nunca, la paz. Las circunstancias actuales exigen dar pasos hacia la paz. Este momento crítico se convierte en un grito que se puede concretar en retos para diversos destinatarios:
- ETA: Dejad de matar por siempre jamás. No extorsionéis a nadie, ni amenacéis ni amedrentéis. No digáis que lo hacéis en nombre del pueblo. No lo representáis. ¿No sentís el hartazgo de esta sociedad, que no quiere más muertes? No existe idea ni proyecto ni patria alguna que pueda exigir un solo atentado contra la vida y la dignidad de las personas; Jesús, el Hijo de Dios que nace en Belén, vino a dar la vida, y darla en abundancia. - Políticos: Habéis sido elegidos para posibilitar la convivencia en paz y libertad. ¡Buscad entre todos caminos de paz! ¡Hablad, dialogad, y no paréis hasta que se vislumbre la paz en el horizonte, aun cuando la persistencia de la actividad de ETA y la violencia callejera dificulte extraordinariamente un posible entendimiento! Excluir opciones políticas democráticamente defendidas, despreciar las instituciones de las que se ha dotado esta sociedad, subordinar la consecución de la paz a una estrategia electoral crispa la convivencia y alienta el riesgo de fractura social. Hermosos los pies del mensajero que anuncia la paz. - Hombres y mujeres, jóvenes y adultos, educadores, madres y padres, de cualquier ideología: Haced cada día afirmaciones por la defensa de la vida y de la libertad en los diversos ambientes en que os movéis. Nunca, ni por estrategia ni por cobardía, mutiléis vuestra libertad con el silencio. La vida humana es el valor absoluto, el primero. Una voz grita en el desierto: preparad el camino al Señor, allanad sus senderos, elevense los valles, desciendan los montes y colinas, que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. - Empresas y trabajadores de los medios de comunicación: servid a la verdad y a la convivencia en paz de este pueblo. Ayudad a que se abran caminos de entendimiento, a que se acerquen posturas enfrentadas. No alimentéis fuegos de discordia. Ejerced vuestra profesión poniendo en práctica vuestro código deontológico. Tenéis mucha fuerza. Usadla al servicio de la paz. La verdad os hará libres. - Responsables y miembros de las comunidades cristianas, de las que formamos parte los firmantes: lo que pedimos a otros es tambien un reto para nosotros. Asumámoslo: * La situación que vivimos ha generado y sigue generando mucho dolor y sufrimiento. Acerquémonos y solidaricémonos con cuantos lo sufren. Ellos son también rostro sufriente de Cristo: quienes han perdido un ser querido por pura estrategia terrorista; quienes son extorsionados, atacados, denigrados pese a desarrollar actividades o defender posturas ideológicas democráticas; quienes por esta misma situación sufren con una creciente desesperanza la ausencia y lejanía de unos familiares presos. * Finalmente, los firmantes reconocemos que a menudo no hemos sabido estar cerca de quienes más injustamente han sido golpeados por acciones violentas, no hemos alzado nuestra voz o realizado gestos de denuncia de conductas vejatorias. Pedimos perdón y renovamos nuestra apuesta por la paz. Bienaventurados los que trabajan por la paz Bilbao, 5 de enero de 2001 |