RetrocesoA&ONº 242/11-I-2000SumarioLa fotoContinuar

Doce hermanos ecuatorianos

Eran hermanos nuestros, aunque hayan tenido que morir en brutal y absurdo accidente para que hayamos descubierto que no eran tratados precisamente como hermanos. Habían venido a ganarse el pan —su pan y el de sus familias, rotas ahora y deshechas: unos dejan esposa o marido, muchos han dejado hijos, todos amigos—. El obispo de Cartagena (Murcia), monseñor Ureña, en la foto, durante el funeral, dijo: Los caminos del Señor son insondables, y a veces sus designios no son fáciles de comprender; Él es el Señor de la vida y de la muerte. Creó al hombre para la vida eterna, no para la muerte. La muerte no tiene la última palabra. Cuando se muere con la misma muerte de Cristo, la muerte es el umbral de la vida. Las almas de estos doce hermanos ya están en la presencia de Dios. Pidamos también por sus familiares, necesitados de acompañamiento.

El Papa Juan Pablo II, vivamente apenado al conocer la dolorosa noticia de tan trágico accidente, ha hecho llegar su más sincera y sentida condolencia, así como el Presidente de la Conferencia Episcopal Española, cardenal Rouco, en nombre de toda la Iglesia en España, y también el Nuncio Apostólico, monseñor Monteiro