|
Muchos tienen ya la mirada y la esperanza fija en el prometedor, aunque nada fácil, próximo viaje del Papa a Ucrania. No pocos sueñan con que pueda ser el que abra la puerta a la presencia del Papa en Moscú. La felicitación navideña del Patriarca Alexis, con quien recientemente se ha encontrado el cardenal Etchegaray, enviado por el Papa, ha sido especialmente significativa, aunque todavía persisten graves incomprensiones y dificultades. La antigua URSS está dividida para la Iglesia católica en 4 zonas: la Rusia europea septentrional (Moscú), la meridional (Saratov), la Siberia occidental (Novossibirk) y la Siberia oriental (Irkutsk), cuya catedral nueva fue inaugurada hace poco. La mayor parte de los religiosos y sacerdotes católicos son de origen extranjero. El obispo de Saratov es alemán, y el de Irkutsk, polaco, como polaco es el Secretario de la Conferencia Episcopal, que sigue esperando en Varsovia el visado para poder volver a su misión evangelizadora. Siberia es la diócesis más extensa del mundo: 10 millones de kilómetros cuadrados. Su obispo, monseñor Mazur, está convencido de que el futuro de la Iglesia allí depende de los laicos: tan sólo en la capital, Irkutsk, hay 50.000 bautizados católicos, en una población de más de 1 millón de habitantes. En las dos Siberias (25 millones de habitantes, en 12 millones de kilómetros cuadrados), los católicos son 1 millón, la mayoría deportados o hijos de deportados. Por otra parte, la Iglesia y las autoridades estatales de Kazajistán han pedido a Juan Pablo II que visite a esta República ex soviética de Asia Central, al concluir su visita pastoral a Ucrania. La Iglesia católica en este país de 16 millones y medio de habitantes, ha pervivido durante el régimen comunista prácticamente en situación de catacumbas.
|