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Jesús Colina. RomaUna mezcla de alegría y tristeza se apoderó en ese momento del Pontífice. Por una parte veía finalmente cumplido el sueño con el que había comenzado el pontificado de conducir a la Iglesia al tercer milenio. Por otra parte, cerraba este año de gracia, que se ha convertido, sin duda, en el Jubileo más concurrido de todos los tiempos: El Centro Italiano de Estadística (CENSIS) considera que han venido a Roma 32 millones de personas en este año 2000. El Vaticano han podido contar la participación de casi 9 millones de personas únicamente en los actos presididos este año por el Papa. Tan sólo en el 5 de enero, último día del Jubileo, cruzaron la Puerta Santa 200.000 peregrinos. Pero, para que este acontecimiento histórico no se quede en una especie de autoexaltación triunfalista es la palabra que utilizó el mismo Pontífice, poco después firmaba en la misma Plaza de San Pedro, ante los más de cien mil fieles presentes en esa ceremonia de clausura del Año Santo, una Carta apostólica en la que señala los desafíos que tiene que afrontar la Iglesia en estos inicios de milenio. El título es significativo: Novo millennio ineunte (Al comenzar el nuevo milenio): sus páginas constituyen una auténtica brújula para el testimonio de los cristianos en la era de la aldea global. |
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El documento, como había explicado minutos antes el Papa durante la homilía, se podría reducir a una sola palabra: "¡Jesucristo!" Jesucristo no sólo es necesario; es inevitable. Y aclaró: si bien con la Puerta Santa, se cierra un "símbolo" de Cristo, queda más que nunca abierto el corazón de Cristo. Él sigue diciendo a la Humanidad necesitada de esperanza y de sentido: "Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os aliviaré".
De hecho explicó el Santo Padre, más allá de las numerosas celebraciones e iniciativas que lo han distinguido, la gran herencia que nos deja el Jubileo es la experiencia viva y consoladora del "encuentro con Cristo". Terminado el Jubileo, ahora es el momento de mirar hacia delante, concluyó. La Puerta Santa ya ha sido sellada. Se volverá a abrir en el Año Jubilar 2025, a no ser que un Sumo Pontífice convoque otro Año Santo extraordinario cuando lo considere oportuno. Bien pudiera ocurrir, de todos modos, para conmemorar los 2000 años de la Resurrección de Cristo. |