RetrocesoA&ONº 243/18-I-2001SumarioUsted tiene la palabraContinuar
CARTAS
MÁS RESPETO

¿Se imaginan al Rey Baltasar masticando chicle, hablando e incordiando a Gaspar mientras Melchor hablaba a los niños de Madrid? Pues eso pudimos ver el día 5, gracias al Concejal don Fernando Sánchez (del Grupo socialista del Ayuntamiento de Madrid). No creo que nadie obligara al Concejal a salir en la Cabalgata. Lo hizo, supongo, libremente.

Sepa que ha faltado al respeto a mucha gente y que una Cabalgata de Reyes conlleva tantas ilusiones a las que usted no ha sabido responder. ¡Por favor, no vuelva a hacerlo y pida perdón! Atentamente.

Aníbal Cuevas.
Madrid

MÓNICA


Ecuador está de moda a raíz de la reciente tragedia de Lorca. Pero Ecuador ya existía en España hace años, hasta llegar a 50.000 inmigrantes ecuatorianos, gran parte de ellos ilegales y esclavizados.

Personalmente, he conocido y tratado a cientos de ellos, y sobre todo de ellas, llegadas a España después de vender allí hasta su camisa y de endeudarse con las mafias para pagar su viaje y otros gastos. Gran parte de estas chavalas ecuatorianas, o de otros países limítrofes, dejan allí uno o varios hijos, casi siempre con los abuelos. Éste es el caso de una de estas ecuatorianas llamada Mónica. Dejó con sus abuelos a su hijo de 4 años. Como no me gusta hacer preguntas delicadas, ignoro si es madre soltera, divorciada, viuda… Tiene 24 años. Así vienen cientos de chavalas ecuatorianas.

Ella traía mis señas imperfectas porque se las había dado una amistad de mi sobrino, misionero en Ecuador más de 20 años. A ella le costó encontrarme. Cuando vino a verme, la invité a comer una y varias veces. Es difícil comprender el gozo que sienten estas niñas cuando se encuentran en Madrid con alguien que las acoge, las tranquiliza, las invita y las orienta en los primeros meses dramáticos del aterrizaje. Pasado algún tiempo, encontró un trabajo por horas en el servicio doméstico. Poco después conoció a mi hermana, madre del misionero mencionado, que vino a verme desde Vitoria, y simpatizó con ella. Después de pasar por varios paros y trabajos eventuales, pudo encontrar uno por horas más fijo y mejor.

Pero como sus padres, abuelos del niño, enfermaron y no podían atenderlo, Mónica pasó las penas del purgatorio para tramitar y para pagar la venida de su hijo, sin saber dónde lo va a alojar, cuidar y en qué colegio lo admitirán. Como la señora con la que trabaja le pareció comprensiva y buena persona, por indicación mía se atrevió a hacerle la proposición del millón: si les podía admitir a vivir en su casa a ella y a su hijo. La señora tomó dos días para consultar el caso con su marido y con sus tres hijos, el mayor abogado y los otros estudiantes. A los dos días decidieron admitir a vivir con ellos a Mónica y a su hijo. Esperan todos con inquietud y con ilusión la llegada del niño en los próximos días. Vendrá con una amistad de su familia. Incluso la señora de la casa y toda la familia está pensando en buscar una casa mayor donde puedan vivir todos cómodamente, también Mónica y su hijo de 4 años.

Esto no se cuenta en televisión, ni en las revistas del corazón. Ni esto, ni otras noticias positivas tan humanas que suceden todos los días entre gente sencilla de Madrid y del resto del mundo.

¿Por qué cuentan y se vuelven a contar cien veces tantos hechos trágicos o morbosos, éstos casi siempre de famosas y famosos, y tan pocos hechos sencillos y humanos de personas no famosas que hacen de samaritanos o samaritanas con personas tiradas y malheridas en el camino de Jerusalén a Jericó, en los caminos de nuestro mundo tan injusto y tan inhumano?

Bonifacio Borobia.
Madrid

PERDER EL TIEMPO CON LOS HIJOS


Hace algunos días, contemplando la portada de algún dominical de conocido nombre, observé el rostro de un niño. Estaba bien maquillado, extraordinariamente vestido, con tejidos orgánicos, diseños anatómicos y línea deportiva. Pero, aunque en su infantil rostro esbozaba una sonrisa, me pareció intuir cierta tristeza en sus brillantes ojos. Pensé que, tal vez, detrás de esa camiseta rayada tan bien confeccionada, tras esos tejanos tan inteligentemente comercializados, se ocultaba un ser solitario, al que se le habían sustituído sus necesarias raciones de amor por buenas dosis de marcas de ropas.

Esos ojos que brillaban por el efecto de los polvos compactos parecían albergar la esperanza de que algún adulto quisiera perder su preciado tiempo con ellos y estarían encantados de cambiar alguna extra-escolar por otra de tipo familiar, que a buen seguro le llenarían de satisfacción.

Puede que padres e hijos aún estemos a tiempo de no perdernos mutuamente. Que encontremos juntos lenguajes de cariño que no han sido televisados, ni escritos, ni publicados, porque aún no han sido descubiertos. Perdamos todo el tiempo que podamos con nuestros hijos; ellos ganarán alegría y nosotros esperanza.

Elena Gámiz Díaz.
Sevilla

EN LA DEBILIDAD


La Escritura nos recuerda, una y otra vez, que a Dios le gusta manifestarse en la debilidad. Sin duda, la visión de un Papa anciano, al que se le cae la baba cuando lee su homilía en esos folios que, a duras penas, sostiene en sus temblorosas manos, debería hacernos reflexionar, en especial a los que nos llamamos católicos. Es normal que el Papa sea atacado desde fuera de la Iglesia. Pero los ataques internos de los llamados católicos progresistas no son de recibo. Se desea, e incluso se llega a pedir, la dimisión del Papa. ¡Dios mío, cuánta ceguera! Si no somos capaces de ver a Dios en este Papa santo y anciano —cuya cabeza funciona muchísimo mejor que la de todos los gobernantes del mundo— es imposible que podamos verle en un niño recién nacido o en el fracaso de una cruz. Si lo que nos pasa es que las palabras del Papa nos queman, ahí tenemos una prueba más de que es Dios quien nos habla. Para poder ver esto, no son necesarias horas y horas de estudio de teología; basta sólo el don de la fe. Si no lo tenemos, ya sabemos lo que tenemos que hacer: pedirlo.

Miquel Estellés Barat.
Valencia