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Si, a estas alturas de la película desde luego, una insoportable película de terror, a uno le pudiera quedar todavía alguna capacidad de asombro, la verdad es que uno se asombraría de que sesudos columnistas y editorialistas, comentaristas y tertulianos, salgan diciendo ahora que el Encuentro de Oración por la Paz, del pasado día 13 en Vitoria, es la primera reacción de la Iglesia en treinta años al cáncer del terrorismo etarra que corroe nuestra sociedad. O ellos han vivido en otro país que yo, o yo he vivido en otro país que ellos; y, o ellos están en Babia, o el que está en Babia y me parece que no soy yo... |
| Yo no sé mejor dicho, sí lo sé, pero me gustaría no saberlo, qué entienden por Iglesia. A lo mejor creen que Iglesia son sólo algunos obispos. A lo peor creen que es la primera vez que Juan Pablo II condena el terrorismo etarra. Y, sin embargo, a algunos yo recuerdo haberlos visto en Loyola, cuando el Papa les dijo allí a los terroristas lo que les dijo, en 1982. A otros, los recuerdo recibiendo en rueda de prensa documentos de la Conferencia Episcopal Española como Constructores de la paz, La verdad os hará libres, Iglesia y comunidad política... etc. ¿Acaso creen que los millones de españoles que, desde hace treinta años, se han echado a las calles a protestar contra ETA, no son Iglesia? Muchos de ellos mismos, ¿no son Iglesia? Al menos dicen serlo. Quienes escriben que lo de Vitoria ha sido una pica en Flandes que llega con un cuarto de siglo de retraso, ¿por qué no miran a su propia conciencia y me cuentan dónde estaban y qué hacían cuando el Papa dijo lo que dijo en Loyola? Los otros, que ironizan y dan lecciones de ética desde sus columnas, ¿quieren que tiremos de hemeroteca y releamos lo que escribían por entonces? Porque aquí nos conocemos todos hace mucho tiempo...
¡Un poco de seriedad y de coherente sensatez, por favor! Los que van con un cuarto de siglo de retraso ¿no serán los partidos que, por fin, hacen un pacto contra el terrorismo, que la Iglesia venía exigiendo desde que ETA cometió el primer asesinato? ¿O piensan que Iglesia son sólo el puñado (centenares) de obcecados nacionalistas fanáticos de dentro y de fuera del País Vasco, que tienen la desfachatez de decirse católicos, y no la inmensa mayoría del pueblo sensato, e indignado, con sus obispos y el Papa a la cabeza? ¿Pero a quién pretenden engañar: a su propia conciencia? O sea, que ahora va a resultar que, cuando a mí me interesa, la Iglesia tiene que firmar un pacto político, es decir, mojarse en política, y cuando a mí no me interesa, la Iglesia no tiene que mojarse en política. ¿En qué quedamos? Una última palabra para quienes se sienten molestos porque en la oración de Vitoria se ha pedido también por los asesinos y sus inductores y cómplices. Quienes hipócritamente se rasgan esas vestiduras, desde su confortable cristianismo de columna eticista, ¿han olvidado el precepto distintivo del cristianismo que es amar a los enemigos? ¿Acaso creen que amar al enemigo es darle besos y abrazos, en vez de decirle la verdad y exigirle la justicia? Gonzalo de Berceo |