RetrocesoA&ONº 243/18-I-2001SumarioEn portadaContinuar
Así fue mi Jubileo
A lo largo del Jubileo han llegado hasta Roma más de 25 millones de peregrinos; muchos de ellos participaron en "su" Jubileo: el de su profesión, el de su edad, etc. "Alfa y Omega" ha pedido un breve testimonio a algunos representantes de cada uno de estos grupos. Los ofrecemos siguiendo el orden cronológico de su celebración:

NIÑOS


He vivido el Jubileo del año 2000, personalmente con Cristo, pero acompañada siempre de mis amigos y familia que me invitan a darme cuenta del gran amigo que es Jesús. No he podido ir a Roma, pero sí a un campamento donde, por medio de los testimonios de amigos de diferentes lugares y comunidades, me he dado cuenta de que el Jubileo no es sólo recordar algo que ocurrió hace 2.000 años, sino darse cuenta de que lo que Jesús empezó entonces, sigue hoy y ahora presente, por medio de la Iglesia y de nosotros.

Teresa Restán
14 años

CONSAGRADOS


Hubo una preparación con un triduo intenso. El 30 de enero, dábamos gracias por cuanto en el declinar del segundo milenio han escrito con sus historias de santidad sencilla tantos consagrados; era nuestro Magníficat por el don de la vocación. El 31 celebramos el perdón dentro del sacramento de la Penitencia, invocando la fidelidad del Dios rico en misericordia, haciendo así una comunión real, tejida de nuestra pequeñez abrazada por la misericordia de Dios y la caridad fraterna. El 1 de febrero, fue dedicado a un encuentro de oración adorando a Jesús Eucaristía, como en un cenáculo prolongado que representaba el espacio en donde resuenan incesantemente los gestos y palabras del Amor supremo del Señor.

Culminamos el Jubileo en la fiesta de la Presentación del Señor: Fueron presentadas las vidas de tantos hombres y mujeres consagrados como testimonio vivo de Cristo ayer, hoy y siempre, en una celebración junto al sucesor de Pedro en el corazón de la Iglesia. Desde cada comunidad del mundo se ofreció un donativo, cuya generosísima cuantía se puso a disposición del Santo Padre como gesto de comunión y solidaridad con los más necesitados.

Jesús Sanz Montes, ofm

ENFERMOS

Siempre han sido numerosas las celebraciones de El día del enfermo, pero este año era especial. Se invitaba a participar en el Gran Jubileo, y recibir de manos de nuestro cardenal el sacramento de la Unción, ¡sacramento de vivos, precisamente a quienes luchaban por conseguir un poco de salud, comprensión, una pequeña esperanza, ellos que tanto saben de angustias, de noches de insomnio porque les invadía el miedo...! En nuestro mundo que se mueve para el tener y poseer, nadie como el enfermo sabe valorar otras miras, por encima de lo material. El enfermo necesita creer, llevar el Espíritu de esperanza, iluminar su fe, apagada, vacilante para la lucha cotidiana. Necesita sentir su alma renovada por la Buena noticia, saber dejarse en las manos de Dios Padre y fiarse de Él como María; poner su pobre condición humana, enferma, bajo su protección. No puede extrañarnos que fuera tan desbordante la asistencia. Confiábamos todos en recibir la fuerza del Espíritu de Dios y encontrar la esperanza perdida. El Jubileo llevaba júbilo a sus almas acostumbradas al dolor.

Ana María Aparicio
Enferma y sanitaria

ARTISTAS


En el nacimiento de la idea que más tarde se convertirá en belleza se advierte sencillamente la mano misteriosa del Omnipotente, que se acerca al artista y le inspira claridad para concebir la obra de arte. Sentir la esencia de la idea supone percibir un temblor misterioso, sin posible definición. Es en este momento cuando el artista tiene la sensación de estar más próximo al Creador, un sentir especial que le infunde un estado de ánimo difícil de expresar. Es un gozo extraordinario que sirve de estímulo y provoca en el artífice la necesidad de transmitirlo a la materia.

Venancio Blanco. Escultor

DIÁCONOS PERMANENTES


Más de 1.500 diáconos —que representábamos a los 25.000 que hay en la Iglesia—, muchos acompañados por nuestras familias, vivimos unos días intensos de comunión y gozo eclesial. Querría destacar la procesión penitencial y el ingreso en la basílica de San Pedro entrando por la Puerta Santa; la Eucaristía en el Aula Pablo VI —donde fueron trasladadas las reliquias del diácono mártir san Lorenzo—; y la ordenación en San Pedro de 18 nuevos diáconos —entre ellos un español—. Especialmente emotivo fue el encuentro con Juan Pablo II, que nos animó a ser activos apóstoles de la nueva evangelización. Fueron unos días que nos fortalecieron e iluminaron para ser, en el siglo que empieza, símbolos de Cristo servidor en la Iglesia y en el mundo.

Aurelio Ortín
Diácono (Barcelona)

SACERDOTES


Fue una alegría grande vivir en Roma el Jubileo de los sacerdotes. Fuimos unos cincuenta los de Madrid que participamos en el acontecimiento, de los que un número considerable celebraban sus Bodas de Oro sacerdotales. Con ellos viví la hondura íntima que puede expresar la frase sentirse Iglesia, la alegría indefinible del don recibido y de una vida entregada con fidelidad, envuelta siempre en fallos y debilidades, durante cincuenta años. Parecía que hasta las limitaciones adquirían luz. Otro momento particularmente intenso fue la concelebración de siete mil sacerdotes con el Papa en la Plaza de San Pedro. Compartíamos un poco la vida del Papa al celebrar juntos su ochenta cumpleaños, y sus sentimientos, preocupaciones, alegrías y sueños. Esto es expresión de la vida personal. Al mismo tiempo, todos unidos, abrimos un poco más la Iglesia a la riqueza de Dios que aspira siempre a entregarse del todo.

Justo Bermejo del Pozo
Vicario para el Clero (Madrid)

TRABAJADORES


El 1 de mayo es una fecha de gran tradición histórica de reivindicación y de lucha por la igualdad; que el Jubileo de los trabajadores coincidiera con esta fecha fue muy significativo: Dios se hace presente en el mundo del trabajo. El Papa nos dijo que el trabajo es un pilar básico de la sociedad y que jamás las nuevas realidades sociales, como la globalización económica, financiera y social, deben violar la dignidad de la persona, la dignidad del hombre y de la mujer. El Año Jubilar ha animado a redescubrir el sentido y el valor del trabajo y a afrontar los desequilibrios sociales; ha impulsado a sanear las situaciones injustas, salvaguardando las distintas culturas propias de cada pueblo y los distintos modelos de desarrollo. Sin duda, acercarnos a Roma fue una vivencia de la alegría y de la universalidad de la Iglesia. Nos sentimos unidos con el Papa.

Diego Márquez
Presidente de la HOAC

EMIGRANTES


Fue el 2 de junio. Hubo dos momentos grandes. Uno, la catequesis en la basílica tan española de Santa María la Mayor; y otro, la jornada propiamente jubilar con la misa papal en la Plaza de San Pedro. De la homilía del Papa, retengo su invitación a no olvidar la hospitalidad y la llamada a que cada país, cada Estado, acepte su responsabilidad en la acogida a los extranjeros. De la catequesis, me impresionó la clara llamada a eliminar las barreras entre los hombres como un signo de la presencia de Dios en medio de nosotros, y la llamada a estar orgullosos de nuestra identidad, vivida como una riqueza y no como una oposición al país que nos acoge.

Eduardo E. Moreno Álvarez
Emigrante

El 31 de mayo, ya en el tren especial París-Roma, empezó nuestro gran Jubileo..., la alegría del encuentro con italianos, portugueses, africanos, españoles, franceses, sin diferencias, todos hermanos y alegres hacia Roma. Éste fue el primer momento fuerte que yo viví... No llevábamos miedo a lo desconocido, ni al contrato. Íbamos alegres, felices, unidos, seguros... El Papa nos dijo: El pueblo que no acoge al emigrante, extranjero… no puede llamarse cristiano, no puede ser otro Cristo.

Soledad del Río
Emigrante

GITANOS

Difícilmente mi capacidad me permite explicar, con todo el sabor que desearía, algunos momentos vitales para uno, para seguir viviendo cristianamente. Uno de esos momentos que recordaré hasta el final de mi vida fue en junio. El Jubileo, en principio, me lo plantee un poco teórico, pero también es verdad que abierto al Espíritu Santo, atento a entender y a escuchar. El 2 de junio en la Plaza de San Pedro tuve el mensaje claro, mensaje inequívoco de dónde estaba mi sitio, de quién era Jesucristo. De la mano de Dios me vi conducido, me encontré conviviendo con aquellas personas, gitanas, en las afueras de Roma, con carencias impensables hoy, pero con esa paz y amor que sólo Cristo da.

Enrique Giménez
Asociación Gitana de Castellón

PERIODISTAS


Dicen las malas lenguas que reunión de periodistas, catástrofe segura. Y, sin embargo, el 4 de junio, más de siete mil comunicadores —muchos italianos, muchos polacos, muchísimos españoles— nos reunimos en Roma para celebrar nuestro Jubileo. Resultó francamente esperanzador contemplar cómo miembros de grupos mediáticos enfrentados, sentados codo con codo en el Aula Pablo VI, escuchaban las palabras de uno de los grandes comunicadores de este siglo, el Papa Juan Pablo II (¡qué buen periodista hubiera sido!) Más esperanzadoras todavía sus palabras de gratitud a quienes se han esforzado por dar a conocer las palabras y los hechos de mi servicio ministerial. El Papa dándonos las gracias, simplemente por hacer —bien o regular, siempre cristianamente— nuestro trabajo. ¿Reunión de periodistas, catástrofe segura? Puede; pero también puede ser información sin tener que recurrir a la mentira, al desencuentro o a la trinchera, denuncia de las injusticias o construcción de la libertad y de la paz —tan amenazada en estos días—. Eso significa ser cristiano y periodista, y supone el deber de anunciar a diario la noticia. Y siempre que se pueda —si nos despojamos de absurdos prejuicios— la Buena Noticia.

Jesús Bastante Liébana
Periodista

JÓVENES


La primera gran cita en Roma fue el acto de acogida del Papa en la Plaza de San Pedro; para ello tuvimos que permanecer a la espera durante seis horas, bajo un sol de justicia. Gracias al apoyo de la gente y a la ayuda de los bomberos, que con las mangueras nos refrescaban, se hizo más llevadero. Los días siguientes estuvieron repletos: Eucaristías, Vigilias, catequesis, visitas a catacumbas, un gran Vía Crucis...; una Eucaristía, de marcado carácter penitencial, en el Circo Máximo; la peregrinación a la tumba de san Pedro, tras atravesar la Puerta Santa. Todavía nos quedaba la emocionante aventura de Tor Vergata, donde se puso a prueba toda nuestra paciencia, aguante físico, comprensión y compañerismo. Fue una caminata realmente dura, aunque llevada, entre todos, con el mejor humor posible. Mereció la pena. Allí vivimos una intensa Vigilia, presidida por un Juan Pablo II visiblemente emocionado ante más de dos millones de jóvenes —también emocionados—, que lo aclamábamos. Pasamos la noche a la intemperie y a las 8.30 h. daba comienzo la Santa Misa, con la que el sucesor de Pedro puso fin a la Jornada, no sin antes recordarnos nuestra responsabilidad como los cristianos del 2.000. Juan Pablo II se quedó con nuestro corazón, por lo que ya estamos esperando la siguiente gran cita en Canadá: Toronto, año 2002.

Patricia García y Sofía Vicente
Pastoral Universitaria de Teruel

Mi experiencia en el Encuentro Mundial de los jóvenes se resumiría en una palabra: inolvidable. Nuestro lema como franciscanos: Abriendo caminos de Paz y Bien. Quería ser la preparación al gran acontecimiento. Peregrinamos a los lugares fundantes de nuestra espiritualidad franciscana. Nunca nos podríamos imaginar lo vivido, sobre todo en Roma en el encuentro con los millones de jóvenes de todo el mundo unidos en una misma fe, queriendo encarnar al mismo Dios hecho vida en nuestro mundo. No me olvidaré de Tor Vergata: el calor, la amistad, la caja de comida, las vallas, la Vigilia con el Papa, los fuegos artificiales, el recogimiento de millones de jóvenes, el frío de la noche, la acción de gracias en Asís…Tantas palabras que no son sólo eso, sino memoria del corazón.

Sofía Quintáns Bouzada
Novicia franciscana
(
Santiago de Compostela)

Rescatando hoy lo vivido en la XV Jornada Mundial de la Juventud cumplo con lo prometido al Santo Padre de dar testimonio y de anunciar el Evangelio. El Papa, accesible y fuerte interiormente, a la vez que frágil y débil. En Tor Vergata, más de dos millones de jóvenes apóstoles de distintas lenguas y culturas, lo que te animaba a confirmar la fe en Cristo. Estuvo orando con nosotros y se emocionó y vaciló de alegría. En la homilía abrió nuestros corazones y lanzó a cada uno la pregunta de Simón Pedro: ¿A dónde vamos a acudir si sólo Tú tienes palabras de vida eterna?

Samuel Ruiz Fernández. 23 años
(Mérida, Badajoz)

DOCENTES UNIVERSITARIOS


La convocatoria del Jubileo de las Universidades, que congregó en Roma a miles de Rectores, administradores, profesores, capellanes y estudiantes universitarios de todo el mundo, fue una muestra viva de la preocupación de la Iglesia por la Universidad, y su presencia en el mundo del pensamiento, de la ciencia y de la educación superior. El lema del encuentro La Universidad por un nuevo humanismo marca el rumbo a seguir por esta institución, en la sociedad del conocimiento y en el nuevo milenio: una Universidad centrada en el hombre y para el hombre, una Universidad comprometida con la búsqueda de la verdad, la creación del saber y el desarrollo de la ciencia puestos al servicio del hombre y de la Humanidad, una Universidad conformadora de una cultura que ayude al hombre a vivir con mayor libertad, dignidad y solidaridad.

Manuel Gallego Díaz, SJ
Rector de la Universidad Comillas

Como la Roma de Fellini, la Universidad también es città aperta..., o al menos debiera serlo. Con su Jubileo, la Santa Sede ha contribuido al debate —aún inagotado, todavía necesario— respecto al papel que ha de desempeñar la institución universitaria en nuestro tiempo. No es empeño mediano, no es capricho gratuito, plantearse el compromiso que cabe demandar a la Universidad, amenazada siempre de peligros. Cada época esconde los suyos, y la nuestra encierra sus riesgos: el integrismo de lo utilitario, la especialización mal entendida o el fundamentalismo tecnológico... son sólo algunos abismos. A la Universidad no se le debiera subir el birrete a la cabeza. Quizá no fuera malo que recuerde ciertas señas de identidad: enseñar a pensar, a preguntarse, a aprender, en definitiva, enseñar a ser —que va más allá del parecer— y enseñar a vivir —que va más allá del pasar—.

Óscar Sánchez Alonso
Profesor en la Universidad
Pontificia de Salamanca

Ha sido importante que, como profesores universitarios, nos hayamos unido para vivir juntos esta experiencia religiosa del Jubileo. Desde el campus complutense de Somosaguas, fuimos un pequeño grupo con nuestro capellán, el padre Rafael Hernando de Larramendi. Algunos no nos conocíamos personalmente, pero creo que logramos formar una verdadera comunidad de peregrinos. Fuimos beneficiarios también de una seria preparación que creó un clima en el que, personal y grupalmente, te sentías partícipe en el encuentro con Jesucristo. La oración común, la expresión conjunta de nuestra fe, todo contribuyó a una experiencia viva, cálida, profunda, cuya culminación fue el encuentro con el Papa. A través de su testimonio pudimos ser confortados y confirmados en nuestra misión: buscar honradamente la verdad y ofrecerla en humildad. Es posible. Jesucristo es la Verdad.

María Luisa Rodríguez Aisa
Profesora en la Universidad
Complutense de Madrid

OBISPOS

Ha sido este encuentro una experiencia profunda de gracia. Sentí la necesidad de renovar, junto al sucesor de Pedro, el Papa Juan Pablo II, y a los hermanos obispos procedentes de todos los lugares de la tierra: primero, una llamada más fuerte, que el Señor me hacía, a vivir y promover la comunión y la misión en la Iglesia; segundo, un compromiso de comunión con el Señor que me haga experimentar el oxígeno renovador que engendra el dedicar todas las energías de la vida a la confesión de Dios que nos da la vida; tercero, una decisión clara por vivir con tales convicciones y por ayudar a leer los signos de los tiempos, que resulte fácil hacer ver a todos los cristianos cómo el primer deber, en este momento histórico, es anunciar el Evangelio de Cristo, ya que el Evangelio es fuente verdadera de libertad y humanidad. Doy gracias a Dios por haber experimentado la vida en este Año de Gracia y en este Jubileo de los obispos, en la fraternidad de la Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo, viviendo bajo la mirada de Dios, descubriendo que Dios es la prioridad de nuestra vida, de nuestro pensamiento y de nuestro testimonio. Esto ha sido una gracia excepcional. Junto a Juan Pablo II se siente con más fuerza ese doble mensaje que él siempre desea transmitir: el sentido de Dios, que es también el sentido del hombre, y el de la solidaridad humana.

Carlos Osoro Sierra
Obispo de Orense

JUBILEO DE LAS CÁRCELES


En el contexto de la celebración del Jubileo, como Año de Gracia y de libertad de los cautivos, la Iglesia de Málaga celebró un momento privilegiado el 17 de septiembre, el Jubileo de los presos. Pastoral Penitenciaria preparó con esmero el gran evento para que unos 60 presos salieran de la cárcel de Alhaurín de la Torre para celebrar, en la catedral malagueña, el Jubileo de la Redención en unión con los familiares, voluntarios de Pastoral Penitenciaria y cristianos en general. Fue una experiencia inolvidable. Se palpaba que la gracia del Señor inundaba a los más desgraciados. Hubo emoción, lágrimas, reconciliación, libertad y júbilo. El ambiente de celebración y fiesta, de gozo y esperanza, se reflejaba en el rostro de los presos y sus familiares. Se compartió la fe, también la mesa. La alegría marcó el ritmo de una jornada en libertad. No fueron necesarios controles ni vigilancia. Libertad responsable. Al atardecer, de vuelta a la prisión, no había tristeza, sólo buen humor, cantos y risas. Libertad y júbilo, dos componentes esenciales que hacen posible la felicidad.

Pedro Fernández Alejo,
trinitario. Capellán de la prisión
de Alhaurín de la Torre
(Málaga)

FAMILIAS


Tres de nuestros hijos, de 14, 17 y 20 años, mi esposa y yo tuvimos la suerte de participar en el Jubileo de las Familias bajo el lema Los hijos, primavera de la familia y de la sociedad. Damos gracias a Dios por habernos dado la oportunidad de peregrinar al centro de la cristiandad, compartir con más de 100.000 familias de todo el mundo la fe en Jesucristo, la fidelidad inquebrantable al Papa y la alegría de sentirnos hijos de la Iglesia. Esta peregrinación, que como tal ha tenido momentos de dificultad, esfuerzo y cansancio, ha sido una experiencia inolvidable; sobre todo por estar junto con nuestros hijos y sentir cercanas a tantas otras familias con un mismo corazón y una misma ilusión, esperanza y alegría. La cercanía del Santo Padre, sus palabras valientes, su aliento para defender a la familia y a la vida, el ejemplo de su coraje y su espíritu combativo, sin temor a dificultades, cansancios o penalidades, supone para nosotros un estímulo para seguir adelante, tratando de ser fieles a Jesucristo, el mismo ayer, hoy y siempre.

Dori Nuñez y Evaristo Quílez
Hogares de Santa María

POLÍTICOS


He tenido la oportunidad de asistir al Jubileo que la opinión pública denominó, con asombro, el Parlamento del mundo. Destacaría tres conclusiones: la primera es la reflexión que hizo el Papa sobre la naturaleza y la responsabilidad que conlleva la vocación a la acción política, a la que Dios nos llama. La segunda, que el servicio político pasa a través de un diligente y cotidiano compromiso, que exige una gran competencia en el desarrollo del propio deber y una moralidad a toda prueba en la gestión desinteresada y transparente del poder. Esto se refleja en el estilo de vida que lleve cada uno. Y, por último, me llamó la atención el protagonista del Jubileo, santo Tomás Moro, nombrado Patrono de los políticos, quien con su vida nos da ejemplo de hombre de Estado, de padre de familia, de humanista, de nobleza y virtud, de amigo... y de sentido del humor.

Gabriel Cortina de la Concha
Nuevas Generaciones
del Partido Popular

MILITARES - POLICÍA


Desde que un compañero me habló de esta convocatoria, decidí apuntarme. Fue fantástico. Se nos contagió la alegría del Jubileo desde el primer momento y no la perdimos en toda la peregrinación. La solidaridad que representa el Jubileo fue vivida en todo momento, así como la esperanza, la justicia y el empeño de servir con gozo a los hermanos. Casi 80.000 personas de todo el mundo nos encontramos durante el Vía Crucis en el Circo Máximo, y durante los actos en la Plaza de San Pedro, por cierto, bajo un diluvio. El Papa nos invitó, a los militares, a cumplir nuestros deberes y a velar por la justicia, la paz y la igualdad. El Ejército no es sólo una fuerza para imponer determinadas formas y maneras de actuar, sino para favorecer la paz allí donde es necesaria.

Fulgencio Marín Carrasco
Coronel del Ejército del Aire

Me siento realmente orgulloso de haber podido participar en tan insigne acontecimiento. La peregrinación jubilar de los militares supuso el encuentro en Roma de una multitud de personas de distinta procedencia, que se encontraban unidas bajo un mismo credo; fue un intercambio de experiencias culturales y de creencias, que me hicieron sentir miembro de la Iglesia, y reconfortado espiritualmente. En definitiva, esta peregrinación ha supuesto para todos un aumento de fe, ya que nos sentimos respaldados por muchas personas que sienten y viven lo mismo. ¡Ah! Lo del aguacero que nos cayó en la misa final no es más que una divertida anécdota que nos hizo reír y que para nada ensombreció el acontecimiento.

Francisco L
Marinero Militar, 25 años

LAICOS


Participar en el Jubileo de los Laicos y en el Congreso Mundial del Laicado Católico ha supuesto para mí una experiencia muy positiva que me ha permitido experimentar en vivo y en directo la dimensión universal de la Iglesia y descubrir el amplio panorama, rico y diverso, del apostolado seglar asociado. Ambas celebraciones han puesto de manifiesto la grandeza y dignidad de la vocación laical y cómo el apostolado de los laicos es indispensable para que el Evangelio sea luz, sal y levadura de una nueva Humanidad. Quisiera destacar la invitación que nos ha hecho Juan Pablo II a retomar el Concilio Vaticano II para encontrar en sus enseñanzas, que son de plena actualidad, luz y fuerza para ser testigos de Jesucristo en toda circunstancia y situación, en cualquier contexto social, cultural y político. A los laicos hoy se nos llama a ser profetas de la esperanza, hombres y mujeres santos en el corazón del mundo.

Beatriz Pascual Guijarro
Secretaria General
de la Acción Católica Española

MINUSVÁLIDOS


No pude estar en Roma durante el Jubileo de los discapacitados. Mis dificultades físicas hicieron imposible el desplazamiento, como el de tantos otros en mi situación. Casi todos debimos conformarnos con seguir las palabras del Santo Padre a través de los medios de comunicación.

Internet ha supuesto, por su rapidez y fidelidad, una eficaz ayuda para bastantes de nosotros. En nombre de Cristo, la Iglesia se compromete a ser para vosotros cada vez más "casa acogedora". Sabemos que el discapacitado —persona única e irrepetible en su dignidad igual e inviolable— no sólo requiere atención, sino ante todo amor que se transforme en reconocimiento, respeto e integración. Las palabras de Juan Pablo II leídas en pantalla hacían casi que las lágrimas saltaran delante del ordenador. No sólo no somos una carga indeseable, sino que nuestra discapacidad puede ser —debe ser— ocasión para que muchos, de modo individual o corporativo, alcancen su mayor perfección en la vida. Juan Pablo II además cuenta con nosotros: Os aseguro que la Iglesia os acoge, os quiere y necesita. Trabajad desde ella para la proclamación del amor de Dios.

Luis de Moya
Sacerdote tetrapléjico

CATEQUISTAS

Del Jubileo de los catequistas en Roma, destacaría el espíritu festivo. Supone un ánimo y un aliciente compartir las inquietudes y deseos con catequistas de todo el mundo y reforzar ese camino por el que nos lleva la Iglesia. Recuerdo el testimonio de una religiosa de Kajadstan, una experiencia de catequesis ante la adversidad y la persecución. Hay catequistas que, hoy en día, se están jugando la vida en estos países y son amenazados por transmitir la fe. También me llamó la atención el testimonio de un directivo de IBM que habló de la importancia de las nuevas tecnologías para difundir el Evangelio a nivel planetario. Quizá por estos medios hay más libertad para conocer a Jesús. El Evangelio no es de una zona, sino de todo el mundo; estas experiencias refuerzan los vínculos con la Madre Iglesia de Cristo, con la Iglesia universal.

Ricardo Mena Gómez
Subdelegado diocesano
de Catequesis
(Toledo)

MUNDO DEL ESPECTÁCULO


Las familias de feriantes y circenses viven su dimensión religiosa en distinto tiempo que la sociedad estable. Como grupo humano creyente, también hemos participado y vivido el tiempo de Gracia que la Iglesia nos ha preparado en la celebración del Jubileo del Espectáculo. Las palabras de reconocimiento de la dimensión humana y religiosa que viven las gentes del Circo, en situaciones difíciles por su tipo de vida ambulante, pronunciadas por Juan Pablo II, y la invitación a vivir el mensaje de salvación de Jesús a través de acciones tan sencillas como llevar la alegría y la sonrisa a todos los hombres, con esa forma tan humana y directa de hacer fiesta, resonaron con fuerza en la Plaza de San Pedro.

María Eugenia Alegre
Coordinadora del Apostolado
de Ferias y Circos

Roma era una fiesta. En el Jubileo del Espectáculo se reunieron artistas del cine, del teatro, de la televisión; guionistas, directores, había grupos musicales, coros de polifonía, bailarines; también payasos del circo, acróbatas, equilibristas, bandas de música y gentes de las ferias que van de pueblo en pueblo. Roma, de verdad, era una fiesta en cada esquina, por dentro y por fuera. ¡Qué hermosos algunos testimonios de fe! Venían de estrellas en las que solemos admirar el glamour, y no la luz interior. Allí resplandecían. Cuando están creando como artistas, expresando belleza, no son ellos solos quienes lo hacen —eso aseguró un actor—: es Dios, que les ha dado ese don, quien está creando a través de sus personas. Y allí lo compartieron todo, la fe y el arte.

Ninfa Watt
Directora del Departamento
de Cine de la Comisión Episcopal
de Medios de Comunicación