RetrocesoA&ONº 243/18-I-2001SumarioMundoContinuar

HABLA EL PAPA

Defender al hombre

Una pregunta viene enseguida a la mente: ¿Qué es un año feliz para un diplomático? El espectáculo que ofrece el mundo en este mes de enero de 2001 podría hacer dudar de la capacidad de la diplomacia para hacer reinar el orden, la equidad y la paz entre los pueblos. Sin embargo, no debemos resignarnos a la fatalidad de la enfermedad, de la pobreza, de la injusticia o de la guerra. Es cierto que, sin la solidaridad social o el recurso al Derecho y a los instrumentos de la diplomacia, estas terribles situaciones serían aún más dramáticas y podrían incluso llegar a ser insolubles.

El amor de Dios será siempre más fuerte que el mal y la muerte. Esta misma luz llega a todas las demás regiones de nuestro planeta donde hombres han elegido la violencia armada para hacer valer sus derechos o sus ambiciones.

Será siempre tarea de las comunidades de creyentes proclamar públicamente que ninguna autoridad, ningún programa político, ninguna ideología, puede reducir al hombre a lo que es capaz de hacer o de producir. Los creyentes tienen el deber imperioso de recordar a todos y en todas las circunstancias el misterio personal inalienable de cada ser humano, creado a imagen de Dios, capaz de amar a la manera de Jesús.

Desearía ahora reiterarles, y reiterar por su medio a los gobernantes que les han acreditado ante la Santa Sede, la determinación de la Iglesia católica a defender al hombre, su dignidad, sus derechos y su dimensión trascendente.

Juan Pablo II
(13-I-2001)