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Me llamo Lucía. Soy una niña sudanesa de la tribu nuba y tengo 7 años. A mi mamá la metieron en la cárcel porque se peleó con otra señora, que murió dos meses después. Yo sólo tenía unos meses, mis hermanos, que entonces tenían 3 y 4 años, se quedaron con unos parientes porque mi papá acababa de morir. Mi mamá me trajo con ella a la prisión.
Estoy contenta porque hace poco abrieron una escuela aquí en la cárcel, a la que asistimos 316 niñas. Esta cárcel es como una aldea grande, pero casi todas somos mujeres. Somos unas 3.000. La escuela no es para chicas de 13 y 14 años, sólo para más pequeñas. HAMBRE, SUCIEDAD Y ENFERMEDADES
Mi mamá tiene 35 años y es muy bonita. Le gusta andar limpia, pero a veces no hay jabón para lavar la ropa o para bañarnos. Además, debemos dormir todas juntas en el suelo, y cuando llueve y hay tormentas de arena, se ensucia todo porque sólo hay un cuartito con un techo de paja vieja y lata agujereada. |
| ME GUSTA EL DOMINGO
A mí me gusta que llegue el viernes y el domingo. En estos días viene gente de la Iglesia a visitarnos. Los viernes, por ejemplo, a las ocho de la mañana ya estoy lista, bien limpia y peinada, para ir a la zona de la prisión donde se reúne la gente para rezar. Como llegamos temprano siempre nos sentamos en el suelo, en frente de las religiosas y el catequista. Rezamos juntos el Rosario, después nos leen la Biblia y hablan sobre ella. Cuando contraemos una enfermedad infecciosa, se muere mucha gente. Una vez fallecieron 15 niños en una semana. Las señoras se quejan ante las policías y el director de la cárcel, pero no las escuchan. ¡Quién sabe si les gustaría que nos muriéramos todas! Mi mamá está preocupada por mí. Hoy le ha pedido a las religiosas que me lleven con ellas para que estudie en su escuela. Ella todavía tiene que quedarse en la cárcel otros cuatro años. Yo no conozco ni he visto nunca lo que hay fuera de la cárcel. Espero que la vida sea mejor, más bonita, porque en la cárcel sí que es dura y difícil. Lucía |
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