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José Francisco Serranopserrano@planalfa.es El mugido político y mediático sobre el mal de las vacas locas ha olvidado la raíz ética de la pandemia social, cargada de alarma en clave de desolación. La imagen de los mostradores en las carnicerías de nuestras calles y plazas es síntoma de una nueva rebelión en la granja contra el granjero que no ha respetado la naturaleza de los seres vivientes, antes denominados inferiores. El hombre ha dejado de ser pastor del ser, para convertirse en oveja en el rebaño del tener. En un artículo titulado Vacas económicas y ecológicas, el periódico electrónico Hispanidad, http:: //hispanidad.com/, señala: Las vacas locas son una violación del orden natural: ese orden promulga que el ganado vacuno es herbívoro. Lo de menos es que hace 10.000 años no lo fuera y dentro de otros 10.000 tampoco, a través de no sé cuantas mutaciones en que el instinto, la especie, se acomoda a la necesidad. Las variaciones en la ley natural, en el tiempo, no restan un ápice al valor de la ley. Con la naturaleza, con el orden natural, el que la hace la paga, especialmente porque la naturaleza es ciega y no tiene vuelta atrás: no posee capacidad de arrepentimiento. (...) El caso es que la vaca actual come hierba y no se le puede alimentar con desechos cárnicos. Para ser exactos, se puede, pero la consecuencia se llama patología. Ahora que estamos todos impresionados por la encefalopatía espongiforme bovina (¡joé con el nombrecito de marras!) parece mentira que no nos asustemos de las manipulaciones que, en nombre de la vanguardia científica, muchos pretenden realizar en la condición natural del ser humano, el único animal racional, esto es, libre. El comisario de Agricultura de la Unión Europea, Frank Fischler, quiere volver a la granja ecológica. La denominación es engañosa, porque no se trata de despreciar los adelantos tecnológicos agrarios, sino de respetar el preciado orden natural. |
| No es necesario cargar las tintas sobre los efectos de un mal que, según cuenta José Manuel Vidal, en un ejercicio de rancia teología escolástica publicado en el diario El Mundo, el pasado domingo, es denominado por el representante de Medio Ambiente de la Conferencia Episcopal alemana, Markus Vogt, de Holocausto bovino, refiriéndose al anuncio del Gobierno germano de sacrificar 400.000 reses mayores de 30 meses. Lo que no podemos es olvidar esta historia que comenzó públicamente hace diez años, como nos recuerda Marc Bassets, en La Vanguardia del pasado día 21: Cuando a principios de los años 90 comenzaron a multiplicarse en el Reino Unido los casos de "vaca loca" y se verificó su vínculo con la nueva variante de la enfermedad de Creutzfeld-Jacokb, los Quince impusieron un bloqueo a todas las reses de las islas. En 1994, la UE prohibió alimentar a las reses con harinas animales, principal vía de transmisión de la enfermedad. Y en 1997 decidieron retirar de las vacas mayores de un año los llamados materiales específicos de riesgo (MER) sesos, ojos, amígdalas y médula espinal, los tejidos nerviosos que transmiten el mal. Aquí llegan los problemas. La Comisión constató que las harinas animales se seguían usando para alimentar a los bovinos. Y los Estados miembros no se pusieron de acuerdo hasta julio del año pasado para eliminar los MER, decisión que entró en vigor el 1 de octubre.
Quizá sea conveniente recordar lo que Juan Pablo II dijo en la catequesis del pasado miércoles 17 del presente mes, que nos ofreció la agencia Vatican Information Service: Por desgracia, al recorrer con la mirada las regiones de nuestro planeta, nos podemos dar cuenta inmediatamente de que la Humanidad ha decepcionado la expectativa divina. Especialmente en nuestro tiempo, el hombre ha devastado sin dudarlo llanuras y valles boscosos, ha contaminado aguas, ha deformado el habitat de la tierra, ha hecho irrespirable el aire, ha trastornado los sistemas hidro-geológicos y atmosféricos, ha desertizado espacios verdes, ha establecido la industrialización salvaje, humillado por usar una imagen de Dante Alighieri (Paraíso, XXII, 151) ese "huerto" que es la tierra, nuestra morada. Por eso es necesario estimular y apoyar la "conversión ecológica", que en estas últimas décadas ha hecho a la Humanidad más sensible con respecto a la catástrofe hacia la que se estaba encaminando. El hombre, al dejar de ser "ministro" del Creador para convertirse en déspota autónomo, está comprendiendo finalmente que tiene que detenerse ante la catástrofe. (...) Por tanto, no está sólo en juego una ecología "física", atenta a tutelar el habitat de los diferentes seres vivientes, sino también una ecología "humana" que haga más digna la existencia de las criaturas, protegiendo el bien radical de la vida en todas sus manifestaciones, y preparando a las generaciones futuras un ambiente que se acerque más al proyecto del Creador. Por cierto, que el Papa aprovechó la festividad de San Antonio Abad, Patrono de los ganaderos, para señalar que, actualmente, se está viviendo un momento de gran dificultad con motivo de la alarma social causada por la difusión de un reciente síndrome. En esta situación de malestar, dirijo la expresión de mi cercanía espiritual a todos los honrados ganaderos. Y dijo honrados, no otra palabra. Y para colmo de males, como todo se pega, menos la hermosura, nos sale una preclara teóloga belga, Marie Hendrickx, nada menos que en la edición francesa de L´Osservatore Romano, del día 6 de enero, página 10, según nos informa la agencia Zenit, //http::/zenit.org/, y nos pone en solfa las corridas de toros y los espectáculos con animales, en una curiosa concatenación de argumentos teológicos cargados de verónicas lógicas y paseíllos estéticos. Por si no tuviéramos poco con las vacas locas, nos quieren matar a los cada vez menos cuerdos toros ibéricos. |