RetrocesoA&ONº 244/25-I-2001SumarioDesde la feContinuar
La sonrisa de los pobres
Estoy esta tarde con Javi, con Fernando, con el Yoni, con Laura y Yanira. Es ya atardecido y, aunque empieza a oscurecer, sus sonrisas hacen que se ilumine el barrio. Saben que su futuro es muy incierto, pero sonríen. Saben que sus ropas no son de especial marca, pero sonríen. Saben que no hay dinero en casa para los gastos del mes, pero sonríen. Saben que la furgoneta del padre no está bien, es ya muy vieja y, aun así, inician la aventura diaria y la búsqueda de la chatarra necesaria para un día más de alimento, pero sonríen.

Saben que el agente de turno les puede quitar las tres o cuatro cajas de fruta o los calcetines que tienen para vender ese día, pero sonríen. Saben que sobre ellos pesa una fama de malos estudiantes, de poco trabajadores, de amigos de lo ajeno, pero sonríen. Saben que su presencia en centros de enseñanza, oficiales o no, genera incomodidad, pero sonríen. Saben que su falta de cultura les crea una barrera en algunas ocasiones infranqueable u optan por decir: Los Papeles: Mejor Guardarlos Sin Ser Leídos, pero sonríen.

Pienso que, además de sonreír, yo les digo que no dejen de soñar, pues soñar limpios de alma ya es realizar el sueño. Y, charlando en un corro alrededor de un fuego, sentí que sus jóvenes corazones decían: He soñado que un día las circunstancias nos permitan asistir a las escuelas con ilusión y alegría, siendo comprendida nuestra situación e historia.

He soñado que un día mis hermanos gitanos no tendrán que dejar la escuela por tener que ir a chatarrear. He soñado que un día no se les estará negando el trabajo por ser gitanos. He soñado que un día a sus profesores, al sacerdote de la que dicen es mi parroquia, vengan a vernos a mi barrio, a mi piso, porque nos quieren y les importamos mucho. He soñado que un día las familias gitanas no tengan que trasladarse de un lugar a otro por razón de contrarios y que, en seguida, nos perdonemos y olvidemos.

He pensado mucho en el futuro de estos jóvenes, y doy gracias a Dios, y a tanta gente que, después de conocerlos, no pueden menos que quererlos.

Recuerdo la frase Sonreír, aunque llore el corazón; yo creo que en esto son maestros. Cinco años con ellos y he aprendido tanto... He visto tantas veces la sonrisa de Dios, cómo y con qué mimo Dios los protege y los quiere...

Pueblo nómada. El apóstol Santiago lo sabe, pues a él y como buenos cristianos llegaron en el siglo XV.

Que las sonrisas de los niños y jóvenes gitanos nos animen a conocerlos mejor y, así, el frescor de las mismas nos hagan sentir que el Año Jubilar que termina nos ha acercado más a todos, de la mano de la Majarí Calí (la Virgen Gitana), a nuestro Padre y Señor.

Ramón López Merino
Delegado diocesano
de Pastoral Gitana