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Lo primero que esta semana no es verdad y la cosa hasta tiene mucha gracia es, una vez más, la recurrente campaña de quienes se empeñan en que Juan Pablo II tiene que dimitir ya de una vez... Ya pasó el Jubileo, ya ha llevado a la Iglesia al tercer milenio. Ahora que descanse..., ¡pobrecillo! Releyendo lo que el Papa dijo desde la ventana de su estudio privado, a la hora del Ángelus del domingo pasado, cuando manifestó su alegría al anunciar que el 21 de febrero, fiesta de la Cátedra de San Pedro, celebrará el octavo Consistorio de su pontificado, en el que creará 37 nuevos cardenales, dijo cosas verdaderamente interesantes. Yo no sé por qué pero sospecho que alguna razón oculta debe de haber aquí ningún periódico las ha contado. Así, por ejemplo, dijo: Sé que hay otras personas (aparte de los 37 nombrados) que merecerían la dignidad cardenalicia. Espero tener en el futuro la oportunidad de testimoniarles, también de este modo, a ellos y a los países a los que pertenecen, mi estima y mi afecto. |
| También de este modo... ¿Qué quiere decir eso en román paladino? Pues quiere decir ¡vayan tomando nota, por favor, los que tanta prisa tienen en que descanse este Papa! que será lo que Dios quiera, naturalmente, pero que, hoy por hoy, por la mente de Juan Pablo II ni siquiera ha pasado la idea de que éste pudiera ser el último Consistorio que celebra para crear nuevos cardenales. Más bien, por el contrario, en su mente están los nombres de otros, y la idea de ser él quien pueda conferirles la dignidad cardenalicia.
Y ya, metidos en esta harina, tampoco es verdad que en este mundo actual nadie hace justicia ni reconoce méritos a quienes los tienen. Es fantástico pertenecer a una Iglesia en la que un Papa como Juan Pablo II eleva a la máxima dignidad eclesial, por igual, a un obispo de la Imperial Toledo, sede Primada de la vieja España, que a un obispo de Tegucigalpa; a un obispo de Washington o Nueva York, que a un obispo de Abdján, a un vietnamita, a un polaco, o a un siro-malabar. Ésa es la gozosa catolicidad, universalidad de la Iglesia. Si algo parece claro, tras el anuncio del próximo Consistorio, hecho por el Papa, es que cada vez el cardenalato es menos la culminación de una carrera eclesiástica y más un compromiso y un servicio. Menos diplomacia y más pastoralidad es otra de las claves de este Consistorio, en el que, por vez primera, ningún Nuncio ha sido nombrado. No faltan en la prensa, nacional y de provincias, irresponsables que, como un tal Pernau, escriben, tras el terremoto de El Salvador, que, si Dios fue el Creador del mundo, debería pedir perdón por haberlo hecho tan mal. ¡Hace falta desfachatez! Por lo visto quienes, para hacerse de oro, construyeron donde la Naturaleza exigía no construir, ésos son inocentes. La culpa es de Dios... Es bien sabido que Dios perdona siempre, y crea la Naturaleza, con sus leyes; que el hombre perdona a veces; pero que la Naturaleza, si el hombre la usa mal y ya se ve que bien no la usa no perdona jamás. Gonzalo de Berceo |