RetrocesoA&ONº 244/25-I-2001SumarioDesde la feContinuar
Alfa y Omega entrevista a don Manuel Fraga
Para mí, vivir sin fe sería algo terrible
Se trata de uno de los artífices de la transición democrática, cuyo 25 aniversario acabamos de celebrar.
Con una vida dedicada al servicio público, don Manuel Fraga ha ocupado cargos relevantes en la política, antes,
durante y después de la transición. Desde su ejemplar amor a España, siente un especial cariño a su terriña gallega
rompeolas de laEuropa Atlántica y meta del camino de Santiago— que le vió nacer y cuyo
Gobierno autonómico preside eficazmente.Hablamos de varios temas de actualidad:
Benjamín R. Manzanares

Como protagonista y testigo excepcional que fue, ¿como vivió aquellos días de la transición democrática?

Con una gran sentido de la responsabilidad, puesto que estaba en puestos políticos que fueron cambiando. Ya incluso antes de la transición estuve preparando ideas y grupos, como fue el Gabinete de Orientación Democrática, una sociedad anónima; formalicé Acción Democrática; promoví lo que llegó a ser Alianza Popular, base del actual Partido Popular, que es un grupo político que ha tenido una gran responsabilidad en todos estos hechos. Por otra parte, ocupé el Ministerio de la Gobernación en momentos críticos, fui miembro de la ponencia constitucional, fui jefe de la Oposición, es decir, que me ha tocado vivirlo desde puestos de gran responsabilidad. Responsabilidad que para mí no era un problema simplemente de éxito o de fracaso, sino —y estoy hablando para un semanario de orientación moral religiosa— un problema de conciencia. Siempre he estado en la primera fila con distinta fortuna, con diferente acierto supongo, pero, desde luego, implicado plenamente, y creo sinceramente que el resultado final, al que ha contribuido mucha gente y muchos grupos y personas, fue el menos malo de los que eran posibles para España. Estos 25 años parecen justificarlo.

¿Qué opina del Congreso Católicos y vida pública —recientemente celebrado—, que ha abordado el problema de la educación?

Creo que, efectivamente, la Iglesia tiene que promover por todos los medios los grandes temas que afectan a la vida social como tal, a la formación de los grandes valores éticos, pues ha elegido bien los temas relacionados con la familia, los temas relacionados con la educación. No puedo enjuiciar, ni debo, las actitudes que otros hayan mantenido; pero si hoy hay un problema en la enseñanza de las Humanidades, en la enseñanza de la Historia, también en la enseñanza religiosa, es evidente que la Iglesia ha hecho bien en plantearlo. Y además, tiene de su parte no sólo una larga convicción histórica, que está de su parte, sino que está en documentos internacionales firmados por el Gobierno español, que están vigentes.

¿A qué achaca usted el hecho de que actualmente se tiende a desligar la fe de la vida pública, como si la fe no tuviera una esencial dimensión social?

Yo no digo que se tienda; hay quien siempre ha deseado hacerlo, quien ha deseado siempre secularizar totalmente la vida social, y, desde luego, es evidente que hoy vivimos en sociedades pluralistas y hay quien puede defender ese principio. Pero yo creo que en la definición constitucional de la relación Iglesia-Estado con separación plena entre ambos, con libertad en creencias religiosas y de ideologías en general, hay un reconocimiento básico de la tradición cristiana en España que corresponde a la realidad sociológica, y que, por lo mismo, la Iglesia tiene base en él para defender sus puntos de vista y pedir apoyo para sus obras sociales y educativas.

¿Qué opina sobre la legalización de la llamada píldora del día después?

En esos temas, que son esencialmente de disciplina moral-religiosa y se dirigen, por tanto, a la conciencia de los ciudadanos, creo que la Iglesia hace bien en defender los puntos de vista que mantiene, hablando en términos generales. Es decir, dentro de lo que es la libertad personal de conciencia de cada uno, hace bien en defender los puntos de vista que son propios de la visión de la Iglesia en cuestiones tan trascendentales como son la paternidad, la familia, la valoración ética de las relaciones sexuales, etc... Y, por lo tanto, yo como soy creyente, me conformo con la doctrina de la Iglesia. Me conformo, y procuro actuar con arreglo a ella.

CONTRA EL TERRORISMO, LEYES MÁS SEVERAS


¿Cómo cree que se puede llegar a solucionar el terrible problema del terrorismo?

Lo que está claro es que el terrorismo es contrario a toda visión religiosa, porque, si hay un principio claro en los mandamientos, es el de no matarás. Por lo tanto, cualquier actitud ambigüa al respecto es incompatible con una visión religiosa de la vida, y es increíble que algunas personas lo hayan olvidado. No hay nada que pueda justificar el terrorismo. Dicho esto, los procedimientos políticos, administrativos, judiciales son otra cuestión. Entiendo que, efectivamente, como hay gente capaz de asesinar y de celebrar las muertes terroristas, tiene que haber leyes severas y, en mi opinión, más severas que las actuales, para los que cometen esos delitos.

Para usted como político, ¿qué significa la fe?

La fe no es un problema político. La fe es un problema personal, es una gracia, es un carisma que se tiene o no se tiene. La mayor parte admitimos que no siendo la fe algo que pueda afirmarse racionalmente, lo que sí aseguro es que no hay nada en una concepción racional de la vida, en lo que sabemos por la filosofía, que sea contrario a ella. Un político que tenga lo que para mí es una gracia, lo que para mí, repito, es un carisma, debe agradecer mucho el tenerlo; vivir sin fe, para mí, sería algo terrible. Comprendo perfectamente que haya otros que tengan otros puntos de vista, pues tener fe compromete y exige; es una obligación más. Pero eso de una obligación más es lo que ocurre con muchas concepciones del deber, que, al mismo tiempo que le vinculan a uno, le sostienen. Y, en ese sentido, creo que el que tiene una visión trascendental, que no ve el ser humano como mera materia, sino dotado de trascendencia, creo que lleva alguna ventaja, llena de obligaciones, para influir en la vida, con ideas y caminos mejores, más justos, más solidarios; ése es el mensaje evangélico.