RetrocesoA&ONº 244/25-I-2001SumarioDesde la feContinuar
Punto de Vista
Compartir el amor
Me inclino a pensar que los niños de hoy no tienen demasiado en cuenta a los otros niños —los del tercer mundo, o los niños pobres en general— . Nuestros niños viven muy bien, no les falta de nada. Esto es el capítulo del tener, que no es ninguna broma, aunque ellos no lo entiendan; sí, en cambio, lo entienden muy bien los padres. Si nos fijamos en el otro aspecto, el del ser, quiero decir, el de la educación integral, con la proyección social correspondiente, llamemos valores humanos de compartir y solidaridad, apropiados a su edad y condición, aquí posiblemente habría mucho que comentar.

28 de enero. Jornada de la Infancia Misionera. Los títulos de los medios informativos de este día no pueden ser más sugestivos: Contigo el mundo sonreirá; ¡Nosotros somos el futuro de la misión! No es mi intención proponer un examen de conciencia. Sí, en cambio, quiero dirigirme a los niños, a nuestros hijos, que gozan todavía de esa sonrisa inocente y encantadora, y que son capaces de comprender su propia realidad de vida, el entorno en que se mueven, y la vida de tantos otros niños que ni sonríen, porque no tienen oportunidad de aprender a sonreír, y menos a vivir en elementales condiciones humanas.

Las catequesis en las parroquias y los colegios en su ámbito educativo pueden y deben contribuir a llevar felicidad a tantos otros niños que carecen de lo más elemental como el pan, la salud y la cultura. Ayudan a nuestros hijos a abrir la ventana de su habitación desde donde se ven los niños de la calle, los que duermen en las alcantarillas de la sociedad, los que no tienen padres, los que son soldados. Si, desde pequeños, los educamos en ese espíritu altruista y humano, es muy difícil, si no imposible, errar en el fin último de la solidaridad y la entrega al nosotros comunitario de todos los hombres.

Hace algún tiempo leí: No sabemos presentar a Dios con frescura. Parafraseando esta afirmación, me atrevo a decir que desde esas catequesis u homilías, a veces somnolientas y aburridas, desde las clases teóricas y cargadas de citas, no sabemos motivar a los niños. Les presentamos imágenes confusas y a un Jesús de Nazaret muy alejado de los niños del tercer mundo y del nuestro. Nuestros hijos no pueden reducir la Jornada de la Infancia Misionera a un solo día. Ellos, como los niños del tercer mundo, comen y visten y tienen que ir al colegio durante todo el año. Las tareas del colegio, el descanso y el tiempo de ocio van de la mano, como el alimentarse uno mismo y preocuparse de que los demás se alimenten también.

Nuestros niños de hoy tienen capacidades más que suficientes para entender su vida concreta, que en suerte les toca vivir, y la de otros niños que carecen de todo. Aquí es donde hay que incidir y hacerles ver que el Jesús de Nazaret, el Jesús Redentor y amigo de todos, nos enseña a compartir el amor y con el amor las cosas materiales.

Justo Sánchez Sánchez