RetrocesoA&ONº 245/1-II-2001SumarioUsted tiene la palabraContinuar
CARTAS
PERIODISMO VERDADERO... Y FALSO

El periodismo es, a mi entender, una profesión nobilísma, que en su ejercicio puede hacer una labor informativa y formativa verdaderamente admirable. Cada noche en los informativos veo a una periodista, Angela Rodicio, corresponsal de guerra, que en medio de los lugares más peligrosos nos tiene al corriente de los temas realmente importantes. A su lado pasan piedras, balas y unos personajes enardecidos por una horrible lucha, cuyo aspecto no tiene nada de tranquilizador. La nombro a ella como muestra, por ser mujer como yo, y porque siempre está al pie del cañón, jugándosela, pero hay incluso muchos que han perdido la vida en semejante trabajo, muchos de los que no conocemos ni el nombre y que honran a su profesión. Últimamente, y de una forma alarmante, han proliferado otro tipo de periodistas o pseudoperiodistas (cuesta llamarles por aquel nombre) que, alrededor de una mesa y durante horas, nos cuentan las aventuras de unos personajes insignificantes a quienes ellos mismos han encumbrado, a pesar de que los ridiculizan, insultan y degradan, a fuerza de perseguirlos con el micrófono, y les obligan a inventar historias y mentiras por mantenerse en el candelero de un pingüe negocio y conservar el chollo que les ha llovido no se sabe de dónde. Así nos han hecho entrar en una comuna y conocer sus miserias, seguir a un autobús que no lleva a ninguna parte, o poner en batería a una serie de personas sentadas en una silla contando lo peor de sí mismas en una confesión inútil, que, desde luego, no va a descubrirnos nada que no sepamos, pero que siempre se ha callado, por vergüenza o pudor y, en el mejor de los casos, por respeto.

¿Qué está pasando? No echemos la culpa al público que ve estas cosas. ¿Acaso les ofrecen las revistas y las cadenas de televisión algo diferente? ¿Qué es más fácil, dar cultura o embrutecer? Tristemente, hay que reconocer que lo segundo, y que la calidad parece estar reñida con la audiencia.

Josefa Maestre Guiseris
Madrid

DIOS, PADRE DE TODA JUSTICIA

Madrid. Plaza Villa de París. Enfrente, el Tribunal Supremo. Entro por la puerta que da a la calle Marqués de la Ensenada. El paso es firme, pero mezclado con los nervios propios de un primerizo en estas lides. Sala Segunda de lo penal. Estoy en la cima de la Justicia española, y antes de entrar en el examen oral me santiguo. Amablemente, el Presidente del Tribunal de Oposiciones me explica los pasos a seguir, pero no ha habido suerte con el primer tema y me pierdo entre la espesa niebla de lo que se ha olvidado. El Presidente me da ánimos, que agradezco sinceramente. Otra vez será, pienso. Al salir, y ya más tranquilo, me fijo en la majestad del edificio, pero, de repente, echo de menos algo, y toda su grandeza se derrumba: ningún crucifijo, ninguna inscripción que aluda a Dios, Padre de toda Justicia. Entonces recuerdo algunas de las palabras con las que un nada sospechoso Fernando Arrabal responde a la pregunta ¿Cree usted en Dios?, formulada por José María Gironella, en el libro de éste Nuevos cien españoles y Dios: Cuando la altanería, extraviada por entre la maleza de la ordinariez solidaria, apeó a Dios de la tarima del "buen gusto", los justos, en general, hubieran querido imitar a Unamuno. La leyenda cuenta que al día siguiente de que el Parlamento español prohibiera la presencia de crucifijos en las paredes de las escuelas públicas, el escritor apareció en la asamblea con un enorme crucifijo en el pecho.

A pesar de todo, sigo queriendo ser juez, pero antes soy cristiano y sé que, al atardecer de la vida, me examinarán en el amor. Ése será el examen más importante para todos, y allí no habrá próximas veces.

Sólo en el amor a Dios he escrito esta carta, espero que nadie se ofenda. Gracias si la publican; gracias por leerla.

Juan Luis Bermejo Gutiérrez
Ávila

NEW AGE Y CONTAMINACIÓN


La preocupación de los políticos y de la sociedad ante los problemas que plantea la contaminación de la atmósfera está muy presente en todos los medios de comunicación. Alabamos esta actitud porque nuestro cuerpo y su salud, así como la naturaleza, deben conservarse en el mejor estado posible. Ahora bien, ¿la sociedad adopta medidas que aclaren y disipen la contaminación de las mentes y de las almas humanas? En mi opinión no ocurre así. Se viene observando que esta última contaminación penetra sinuosamente por todos los intersicios de las personas.

La desorientación del pensamiento humano es evidente. Se sufre por toda la población a escala global, pero, con mayor intensidad, por los jóvenes y los niños.Desgraciadamente, son muchísimos los que no saben a qué atenerse. Les falta un punto de referencia y de apoyo claro y positivo. Pocos instrumentos mediáticos exponen criterios firmes de conducta. Más bien, los poderosos medios de comunicación de masas están empeñados en campañas cuya pretensión es oscurecer o relativizar nuestras creencias vigentes, hasta hace una o dos décadas. Ejemplo claro al respecto lo hayamos en la religión o filosofía de la new age. Se nos va introduciendo suave e inteligentemente por medio de la televisión y el cine. Nos está contaminando con una peligrosidad gravísima.

Agustín Losada Borja
Madrid

VACAS LOCAS: LA NATURALEZA SE REBELA


En todo esto de las vacas locas, ¿no han echado ustedes en falta el que ningún diputado en el Parlamento, o autoridad en sus declaraciones, haya hecho referencia al ataque frontal a la Naturaleza que supone la alimentación de unos animales hervíboros con piensos compuestos de harinas cárnicas? Porque se trata, en definitiva, de subvertir el orden natural y convertir a esos plácidos animales nada menos que en antropófagos (en términos humanos). Y, claro, las vacas se tenían que volver locas, aunque no tengan conciencia de su perversión. Pues, nada, ni palabra del tema ecológico en tan cacareado debate. ¿A qué científico se le habrá ocurrido tamaño dislate, tan bien acogido, por otra parte, por los que están haciendo de los alimentos un desmedido y rápido negocio? Mucho me temo que los dichos piensos continúen, aunque les cambien algún ingrediente, porque poderoso es don Dinero. ¿A dónde llegaremos, si Dios no lo remedia, y los que tienen voz se callan?

María Dolores del Amo
Madrid